Al contemplar tantas situaciones violentas en el mundo del deporte nos damos cuenta que es más necesario que nunca transmitir el valor del respeto, desde que los niños son muy pequeños, para conseguir cambiar la tendencia actual en nuestros jóvenes y también en los adultos. 

El hombre del futuro es el niño de hoy y seguro que podemos hacer una muy buena labor si todas las personas que se dedican a la formación deportiva, junto con padres y profesores, enfocamos bien este aspecto.

  1. Ser ejemplares en las normas de educación. Dar las gracias, pedir perdón, solicitar las cosas por favor, pedir permiso, dejar hablar…, son aspectos elementales de educación y de respeto. Si nuestros jugadores no lo hacen, es bueno empezar cuanto antes, sin imponerlo. Hemos de convencer y explicar por qué lo hacemos y, cuando lo aplican en el día a día, felicitarles porque son los pequeños detalles los que consolidan el habito.
  2. Ser muy exigente con las groserías de los niños. Nos encontramos, en el deporte diario, muchos niños que hablan mal, dicen palabrotas e insultan. Desde el momento que lo detectas, debes cortarlo de raíz, dejando claro que esto no se puede permitir. Enséñale a responder con educación. Cuando surge una pelea o una discusión, déjales claro que aunque existe una razón para enfadarse, no hay que gritar , pegar o decir palabrotas. Es fundamental enseñarles a pedir perdón cuando ocurra algo de esto. Da ejemplo cuando te equivoques y pídeles perdón. Es la mejor manera de enseñarles.
  3. En casa y en el equipo siempre debe haber reglas. Las necesitan para sentirse más seguros. Así saben lo que pueden hacer y lo que no. Los límites ayudan a los niños a darse cuenta que hay otras personas en el mundo y que hemos de respetarlas. Si hay reglas en casa y aprenden a cumplirlas, luego, fuera de casa, estarán entrenados para cumplirlas. El deporte es una herramienta muy interesante para desarrollar la idea del respeto a las normas. Aprovéchalo.
  4. Los deportes de equipo son muy favorables para enseñarles que todas las personas tienen la misma dignidad por ser humanas y que deben ser tratadas como tales. Deben aprender a respetar al jugador más talentoso y al más débil del equipo, al presidente del club y al utillero. Son diferentes posiciones pero con igual dignidad.
  5. Entre los jugadores de un equipo existe la posibilidad de mostrar ideas diferentes, gustos variados, más o menos talento. Eso no significa que no tengamos que respetarnos entre todos y saber ver las cualidades de cada uno en lugar de los defectos, que todos tenemos. Es fundamental evitar críticas entre los jugadores o entre los entrenadores. Lo mismo en casa, donde los padres deben ser ejemplares en el respeto que se tienen entre ellos y con los demás.
  6. En muchas ocasiones, el respeto se queda en puros formalismos: darse la mano después del partido, llevar un cartel de respeto antes de iniciar el encuentro, etc. Pero el respeto debe demostrarse en todo momento, cuidando los pequeños detalles del día a día: no burlarse de nadie, escuchar lo que dice el entrenador, aceptar opiniones contrarias a las tuyas, disculparse por una falta fortuita, dar las gracias por algún pequeño servicio que te han hecho…
  7. El respeto es una condición sin la que es imposible educar. Cuando los educadores, padres, madres, profesores, viven en un clima de respeto entre sí y de éstos hacia los educandos, se van formando como personas, y por ser personas, van creciendo en respeto al otro.
  8. El respeto viene dado por el interés e implicación que nuestros hijos o alumnos perciben en nosotros. Sólo por esta vía lograremos llegar a ellos y establecer un vínculo de confianza.
  9. Procurar hablar siempre con equilibrio, moderación, valorando y apreciando las cualidades de los demás. La excesiva locuacidad, el deseo de opinar de todo es reflejo de una personalidad inmadura y que vive pendiente de sí mismo. 
  10. La pluralidad permite que todas las personas expresen sus opiniones libremente pero esto no implica que todas las opiniones sean acertadas o correctas. En temas que afecta a principios fundamentales de la persona hay que saber argumentar con delicadeza lo que uno piensa, respetando siempre las ideas de los demás.

Por tanto, podemos concluir que los padres educan a sus hijos pero tam- bién los hijos a sus padres. Se educan cuando existe respeto mutuo.