¿Cómo hago para que mis jugadores sean mejores?
Es momento de evaluación. Hemos terminado la temporada y antes de empezar una nueva, los profesores de una escuela de fútbol deben sentarse y analizar cómo se ha trabajado durante el año. 
No podemos ser tan frívolos que cerremos la puerta del vestuario por última vez en la temporada y nos despidamos de todo hasta el mes de septiembre donde empezaremos de nuevo. Tu has crecido un poco más. Has adquirido experiencia. Has podido pensar, observar y aprender muchas cosas. 
Es momento de hacer una pequeña parada para pensar. Sí, pensar. De vez en cuando hay que hacerlo porque nunca tenemos tiempo para esto y posiblemente es importante.
Quizá estas preguntas que te formulo pueden ayudarte a mejorar la calidad de tu trabajo como entrenador de un equipo de fútbol base, de patinaje o de baloncesto. Da igual la especialidad en la que trabajes.
1. ¿Qué he hecho yo para que mis alumnos jueguen y entrenen bien?
Sin duda, es una pregunta muy general y difícil de responder.
Los jugadores por lo normal necesitan un poco de tiempo para entrar en el entrenamiento y dar el máximo rendimiento. No pueden estar 100% concentrados y a tope desde que pisan el césped, por tanto subiremos poco a poco en la intensidad y la concentración.
2. ¿Cómo ha sido tu capacidad de motivación con ellos?
¿He utilizado  palabras de ánimo y resaltado acciones cada vez que un jugador lo hace bien o, por el contrario, siempre soy un poco cenizo y solo resalto lo negativo, lo que hacen mal?
Os puedo asegurar, que los chicos cogen confianza pues se sienten reforzados cuando hacen bien las cosas y eso permite que mejoren pues ellos quieren seguir teniendo palabras de ánimo, de reconocimiento de su entrenador.
3. ¿Cuál ha sido mi postura durante el año ante sus fallos?
Pongámonos en el otro lado, digamos que he reforzado correctamente a los jugadores cuando actúan bien en el campo, pero evidentemente ellos van a cometer fallos a lo largo del partido o el entrenamiento. Es decir, tienen una buena línea y están haciendo las cosas bien, aunque no sea el mejor nivel, simplemente bien.
Muchas veces he parado el entrenamiento, pero no es lo recomendable, es mejor que sigan jugando y tratar de explicárselo solamente al jugador en cuestión. Si ves que es algo que ocurre con la mayoría, para el entrenamiento pero trata de ser rápido, no tardes más de 15 segundos en corregir el fallo y rápidamente que siga el juego.
4. ¿Cómo he trabajado la intensidad en mis entrenamientos?
La intensidad es una de las claves del juego rápido de un equipo, cada vez jugarán más rápido, lo que les obliga a pensar más rápido, lo que les hace mejores futbolistas. Las constantes paradas del entrenamiento implican bajadas de ritmo y pérdida de concentración en lo que se está haciendo.
Piensa que juegan como entrenan y que por tanto si no he conseguido concentración e intensidad ya sabes cual puede haber sido el motivo. Un aspecto que puedo mejorar bastante en la próxima temporada.
5. ¿Me he puesto nervioso a la hora de corregir a mis jugadores?
 Ni que decir tiene que el tono utilizado para corregir debe de ser totalmente calmado en la mayoría de los casos pues, como he dicho antes, estamos partiendo de la base de que los jugadores están haciendo bien las cosas pero, como es normal, cometen algún fallo
que otro, que tú tienes que corregir.
6. ¿Tiendo a corregirlo todo? 
 No es necesario, porque algún niño falle algún pase no hay que corregirlo pues puede que haya arriesgado un pase interior y se lo hayan cortado. Es una decisión que no ha salido bien, pero no es un fallo en sí.
He de corregir los fallos que se producen repetidamente o aquellos por falta de conocimiento que pueden repetirse o darse en el futuro.
Por ejemplo, un jugador que juega demasiado en horizontal en medio campo pero cerca de su portería. El jugador puede pensar que no falla pues el pase llega a su destinatario en la mayoría de ocasiones, pero no es consciente del peligro que crea en su portería si uno de esos pases se ve cortado por un contrario. Corregimos un aspecto para evitar un fallo futuro.
7. ¿He sido aburrido en mis entrenamientos?
Es una buena pregunta. Los chicos se habrán aburrido si he sido muy repetitivo, si he planteado ejercicios excesivamente complicados o si no he sabido explicarles el por qué y el para qué. Para que realmente mis jugadores salgan entusiasmados del entrenamiento he de prepararme muy bien los ejercicios, he de seguir un programa y he de pensar en mi grupo de jugadores para intentar acertar en el trabajo que propongo.
8. ¿Qué es lo que me ha motivado más: la formación de mis jugadores o la victoria del fin de semana? 
En realidad, se entrena para ganar pero a los entrenadores se nos va la cabeza con la competición y nos olvidamos que en realidad, lo primero que somos es formadores. Es momento de hacer cuentas y propósitos para la temporada que viene con planteamientos principalmente formativos donde los grandes beneficiados sean nuestros jugadores y no buscarnos a nosotros mismos con nuestras victorias y medallas.
9. ¿Cómo ha sido mi comportamiento en los campos de fútbol?
He de tener claro que en el campo debo ser un modelo para mis jugadores y para mi grupo de padres. Si mi comportamiento es ejemplar, tengo mucho ganado en cuanto a prestigio. Los chicos me ven a mi como el modelo que han de seguir y eso me debe llenar de responsabilidad.
Mi actitud con el árbitro y con el equipo contrario no ha sido ejemplar porque no consigo controlarme. Debe ser de un gran respeto a pesar de que en muchas ocasiones no nos favorezcan en el partido. De esta forma enseñaré a los que están bajo mi responsabilidad a aceptar las decisiones de la autoridad aunque no estemos conformes con ellas.
10. ¿Cómo ha sido mi comunicación con los jugadores y con los padres?
He de pensar cuánto tiempo les he dedicado este año. Si he estado accesible para que ellos puedan acercarse a comentarme aspectos que para ellos son importantes. O quizá me tienen miedo o temor y no se acercan a mí por mi carácter, quizá un poco orgulloso.
Posiblemente me ha faltado un poco más de humildad para aceptar que muchas veces me he equivocado yo y no hay derecho que siempre que las cosas salen mal achaque los errores a los jugadores o a los árbitros. Es momento de echar cuentas y mejorar en humildad reconociendo que me he podido equivocar. Si soy capaz de hacerlo, estoy en el mejor camino para mejorar y crecer como entrenador.
Quizá el error ha estado en todo lo contrario. He querido acercarme tanto a los jugadores y a los padres que he llegado a ser un amigo más entre ellos. No he sabido mantener esas distancias necesarias entre el educador y el padre o el jugador. No he conseguido un ambiente serio y disciplinado necesario para obtener objetivos deportivos y personales. He sido quizá un blando y un buenazo y ellos lo que en realidad desean es exigencia personal, aunque no te lo digan y se diviertan mucho contigo.
Son preguntas impertinentes pero directas que ningún entrenador debe dejar de hacerse para seguir mejorando como tal. 
Las respuestas deben ser sinceras si realmente quieres ser un buen entrenador. 
Porque buen entrenador no es el que consigue muchos éxitos deportivos sino aquel que es capaz de sacarle el máximo a cada uno de sus jugadores.