La fuerza mental marca la diferencia

Ha comenzado la liga y una de las primeras cosas que he detectado en los chicos es una gran debilidad mental. Juegan bien al fútbol pero no consiguen superarse porque les falta este tipo de entrenamiento que no se realiza en el campo con el balón sino que se trabaja con la mente de estos jóvenes deportistas.

Ya surgen las primeras quejas de los entrenadores:

–cuando algo no le sale bien, se pone a llorar, ya está quejándose, le falta controlarse, no tiene actitud…

Es cierto todo esto y se puede apreciar en el campo. Es el momento de trabajar otros aspectos más complejos pero igualmente importantes.

La fuerza mental va a marcar la diferencia entre un equipo ganador y otro que no lo es tanto. Al final, las diferencias entre un equipo y otro están en esos detalles que con frecuencia no se trabajan bien durante los entrenamientos porque no se sabe cómo afrontarlos ya que es necesario que el entrenador sea un verdadero especialista en este aspecto.

Rafa Nadal, Mireia Belmonte, Michael Jordan son ejemplos de fortaleza mental y un modelo para los más jóvenes que desean alcanzar metas altas. Sin embargo, hay alrededor nuestro muchas personas normales con fuerza mental que superan ejemplarmente situaciones complicadas de su vida. Es una capacidad que no es exclusiva para los deportistas de élite.

¿Que hago para conseguir más preparado físicamente? Hago ejercicio, me entreno, fortalezco mis músculos, trabajo duro cada día para estar más en forma. De este modo, cuando tengo que realizar un esfuerzo importante en un partido, lo supero porque estoy en forma.

Lo mismo ocurre con la fuerza mental. Posiblemente nacemos con más o menos condiciones para superar las dificultades pero claramente debo entrenarme desde muy pequeño a ir superándolas poniendo esfuerzo, enfrentándome a ellas, luchando por derrotarlas.

¿Y cómo entreno este aspecto con mis jugadores?

Cuando son jóvenes, hemos de pedir a sus padres que no los protejan tanto, que no sufran cuando ven que lo pasan mal, que no les solucionen los problemas cuando deben hacerlo ellos solos, que no estén tan encima de ellos…, etc.

Si aplicamos estas normas, conseguiremos en ellos un espíritu de superación personal, una autonomía, una fuerza mental que les facilitará, más adelante, ir resolviendo los problemas que aparecen en su vida y en su deporte.

Como entrenador debes tener en cuenta estos seis elementos claves para desarrollar y potenciar su fuerza mental

  1. Motívales.

Ayer vino a verme un padre de un jugador de 13 años. Dice que su hijo quiere abandonar el equipo porque no tiene buena conexión con su entrenador. Se pone muy nervioso con la forma de ser del entrenador y no le apetece seguir así toda una temporada.

Recuerdo mi etapa como entrenador. Es complicado tener una buena relación con todos y a veces no lo detectamos pero tenemos más sintonía con unos que con otros. Los niños lo detectan y pierden la ilusión por venir a entrenar porque olvidamos este aspecto tan importante de nuestro trabajo que es tenerlos siempre muy motivados.

Nos sentamos a charlar un poco. Y me comentó que se sentía un poco frustrado porque todos sus compañeros eran del 2004 y el era un año mayor. Como si no hubiera avanzado. Como si estuviera retrocediendo.

Entendí la situación y rápidamente busqué la forma de ilusionarlo. Se le encendió de nuevo el rostro y me agradeció la conversación que habíamos mantenido.

Había conseguido apagar un fuego pero sabía que debía solucionar la causa del incendio: mi entrenador. Es complicado hacerle ver al entrenador que hay algo que no va bien en su actitud y en su forma de trabajar porque este no era el primer caso de intento de abandono en su equipo.

Por otro lado, hay que ser muy cuidadoso porque un comentario poco delicado puede afectar negativamente al entrenador y hacerle pensar que hace las cosas mal. Hay que enfocarlo por el lado de la experiencia. Destacar la cantidad de cosas que hace bien y que es bastante normal que esto ocurra a pesar de poner mucho esfuerzo por trabajar bien.

Como todo entrenador, hay que procurar buscar siempre la excelencia en la enseñanza y eso pasa por aceptar que vas a tener muchos errores a lo largo de su carrera y que la diferencia entre un buen entrenador y uno malo es que lo sabes aceptar y te preocupas de verdad en corregirlos.

También hace muy poco tiempo un jugador infantil me comentó que a él le gustaría estar con un entrenador concreto porque cuando va a sus entrenamientos se siente muy reforzado porque le motiva mucho.

Es una pena, pero así es la realidad. Los chicos valoran mucho que les motives y que confías en ellos en lugar de asustarles con gritos y con salidas de tono. No les va este modelo.

Debes conseguir que tengan ilusión por alcanzar esos objetivos ambiciosos en el deporte. Que pongan auténtica pasión por lo que hacen. Que su actitud en los entrenamientos y en los partidos sea siempre excelente, la máxima que puedan dar.

Debes conseguir que realmente se comprometan para conseguir el objetivo. En el momento que llegas a un compromiso completo con tus jugadores, has llegado a lo máximo en su motivación personal.

  1. Transmíteles confianza en sí mismos.

Tras los cursos intensivos de verano, me vuelvo a encontrar a muchos padres con los que he podido entablar una buena amistad. Cuando les pregunto si se está notando el trabajo que ha realizado su hijo en verano suelen responderme que sí y además se aprecia un gran mejora.

Normalmente me suelen comentar que su hijo juega con más seguridad que antes y eso es porque han adquirido una serie de destrezas técnicas y personales que le dan mucha confianza en si mismos. Ven que ahora son más capaces de alcanzar sus objetivos deportivos. Las herramientas que han adquirido les dan mucha más seguridad y se sienten capaces de hacer cosas que antes no hacían.

Parte importante de nuestro trabajo como entrenadores es conseguir que crean en si mismos y en sus capacidades. Deben ser capaces de pensar que ellos pueden alcanzar el objetivo, tener fe. Estar plenamente convencidos de que con esfuerzo lo va a conseguir sí o sí.

Pero como decía hace poco un experto, estoy cansado de esos vendedores de humo que transmiten esas ideas tan bonitas de que si quiero puedo y tal. No es así. La idea es conseguir que quieran y luego pongan el esfuerzo necesario para conseguirlo que significa trabajo, trabajo y mucho trabajo. Y antes de conseguirlo, posiblemente haya muchas derrotas y muchos fracasos.

Existen muchos niveles de confianza. Nuestro trabajo consiste en que vayan escalando poco a poco, subiendo escalones día a día, adquiriendo cada vez más seguridad y, de esta forma, vayan creciendo hasta alcanzar la confianza total.

  1. Incrementa su capacidad de concentración.

De vez en cuando, cada vez más, vienen padres que nos advierten de la dificultad de su hijo por atender las explicaciones del profesor porque tiene un deficit de atención. Precisamente la práctica de un deporte te permite mejorar esas situaciones. Sin embargo, hemos de ser conscientes de este tema y tener mucha paciencia realizando un trabajo específico con este tipo de personas.

No mantengas discursos muy largos, asegúrate de que te están escuchando todos, habla claro y a su nivel, no utilices un vocabulario excesivamente técnico cuando son pequeños, utiliza las preguntas para asegurarte que lo han entendido y para fijar su atención: si solo hablas tú, es más sencillo que se despisten, pierden el interés rápido.

Son muchas las distracciones que un jugador puede generar en un entrenamiento o en un partido. Los gritos de los padres, el ambiente, algo que les llama la atención.

Entrénales para que no haya nada que les pueda desviar de su objetivo.  Trabaja con ellos para que sean capaces de dirigir su atención donde se debe y que esa concentración se mantenga durante el entrenamiento o durante todo el partido. Debes conseguir que permanezcan conectados, metidos en su tarea sin ningún tipo de despiste.

Tu labor es una verdadera obra de arte. No todos los entrenadores lo consiguen pero el que es capaz de conseguirlo, obtiene muy buenos resultados de sus jugadores.

La concentración en el juego se respira en el ambiente, la puedes percibir perfectamente porque se aprecia en la forma de trabajar de tus alumnos. Hay que trabajarla poco a poco, hemos de tener muy claro que no se consigue de golpe. Lo más complicado es que perdure en un largo periodo de tiempo con lo que estoy muy de acuerdo en dividir los tiempos de los partidos en periodos de 10 ó 15 minutos cuando son más jóvenes. Facilita mucho la concentración y el trabajo que puedes realizar con ellos en esos momentos.

Hace pocos días, jugando un partido de pádel, me di cuenta de este problema. Empecé jugando normal. Conforme me fui metiendo en el partido, aumentó mi concentración y mi juego mejoró. De repente, junto al campo de pádel me di cuenta de que estaban unos jugadores entrenado a los que debía decirles algo y estaba pendiente de que no se marcharan sin poder antes hablar con ellos.

En esos momentos del partido, mi cabeza estaba en esos pensamientos y mi juego bajó mucho. Puedo decir que no respondí ni una sola pelota dentro de la pista. Me llamó la atención lo mucho que puede afectarnos la concentración en el nivel de nuestro juego. Por suerte, pude darme cuenta a tiempo y remonté el partido intentando concentrarme al máximo.

  1. Prepárales para conseguir en todo momento el autocontrol

Marcos es un jugador extraordinario que está alcanzando unos niveles de rendimiento muy altos. Ha nacido futbolista y lo único que hemos de hacer es pulir ese diamante que dentro de él. Le hemos marcado varios objetivos de mejora que ha asumido perfectamente: utilizar su pierna derecha sin miedo a fallar (es un zurdo espectacular) y ser capaz de controlar sus reacciones en el campo que, aunque no son muy llamativas, pensamos puede ir en aumento conforme se haga adulto estropeando su maravilloso juego.

Los niños aprenden de los ídolos a protestarlo todo en el campo y no se dan cuenta de que, además de ser un falta de respeto ante el juez del partido, está perdiendo la energía y la concentración necesaria para conseguir el objetivo que se ha marcado. No gano nada enfadándome y protestando y pierdo mucho.

Tu obligación como entrenador es que adquieran un verdadero autocontrol de sus actos ante las adversidades e injusticias, ante los insultos y las faltas. En muy necesario conseguir en tus jugadores que mantengan la calma, la compostura, aceptar la presión, los nervios.

Todo esto le facilitará un mejor rendimiento, mayor concentración, evitará altibajos producidos por factores externos a él mismo que reducen su capacidad para jugar mejor.

Enséñales a contar hasta 10 antes de enfadarse, a retirarse del lugar inmediatamente para no iniciar una discusión, a tener rápidamente un pensamiento positivo cuando está a punto de explotar. Todo esto se trabaja en el campo de entrenamiento, día a día. No pretendas que se controle en el campo si no lo entrenas durante la semana.

Pero te aseguro que el punto fundamental para que tus jugadores se autocontrolen es poder ver en su entrenador una persona tranquila, moderada, respetuosa, implicada. Los entrenadores gritones y protestones incitan a los niños al descontrol emocional. Tenemos mucho que ver en las actitudes de nuestros jugadores.

  1. Enséñales a ser valientes.

Cuando surge el miedo en la competición no hemos de cambiar de actitud ni permitir pensamientos negativos. Hemos de actuar como siempre hacemos como si no tuviéramos miedo. Debes conseguir que tus jugadores tengan mentalidad competitiva, ser un auténtico “guerrero”. Lo que llamamos, jugar con el corazón.

Has de dejarles muy claro que ante un acontecimiento todos tenemos un poco de miedo. El miedo no es malo. Es una reacción de la persona ante algo que piensas que no tienes del todo controlado. Hasta los grandes ídolos del fútbol, sienten miedo antes de un partido.

Ese miedo no debe romper nuestras rutinas. ni cambiar nuestra forma de jugar,  ni provocar el abandono. Nos debe llevar a lanzarnos al campo con la confianza de que lo vamos a conseguir.

  1. Forma jugadores resilentes,

Son las 10 de la mañana de un fin de semana cualquiera. Los dos equipos han salido al campo para realizar el calentamiento previo al partido. Mis jugadores saben que el equipo rival ganó 10 a 0 en su último encuentro. Son unos monstruos. Mientras calientan, los miran de reojo y comentan lo grandes que son.

Los reúno a todos para darles una pequeña charla previa al partido. Los veo asustados.

–¡nos van a dar una paliza!– comenta uno de mis jugadores.

Pero uno de mis jugadores destacados, el capitán, se da cuenta de que ese comentario no es el adecuado en esos momentos.

–si antes de jugar sales así de negativo, mejor que no juegues– y mirando al resto de sus compañeros les dice casi gritando:

—Si jugamos como sabemos, no hay rival que pueda ganarnos–elevando el tono de la voz para transmitirles a todos su confianza en el grupo.

Mientras tanto yo sonreía al ver la reacción del capitán. Estaba satisfecho porque el trabajo con ellos estaba bien hecho. Se mostraban convencidos de que, a pesar de las dificultades, son capaces de superar los obstáculos y alcanzar el éxito.

Tú como entrenador debes prepararles para que sean capaces de superar las situaciones adversas que se encuentren en el camino con esfuerzo, sacrificio e ingenio.

Imagínate los eslabones de  una cadena, bien unidos y bien cerrados. Si lo están, esa cadena no se podrá romper con facilidad, pero si uno de los eslabones se resquebraja, rompe la cadena ¿verdad?

Lo mismo pasa con nuestra fuerza mental, si hay un elemento que no acaba de hacer su función este acabará por romperla y no podrá desarrollarse como es debido.

Como entrenador, debes analizar qué elementos de los mencionados deben mejorar tus jugadores y cuanto antes, ponte a trabajar con ellos.