Partamos de la siguiente premisa: Si podemos aprender porque nos rodeamos de un entorno favorable, si queremos aprender porque estamos motivados a alcanzar grandes metas y sabemos aprender porque somos capaces de detectar nuestros errores para corregirlos, estamos seguros de que mejoraremos y seremos capaces de rendir más en los partidos. Porque entrenamos para jugar. Siempre llega ese gran momento: el partido. Es la hora de la verdad, donde debemos demostrar todo lo que hemos trabajado en los entrenamientos.
Siempre hemos insistido en que no podemos decir nunca que nuestros alumnos han aprendido algo hasta que no lo ponen en práctica en un partido, bajo la presión de un encuentro, con la velocidad de ejecución de una competición, con la presión de un contrario que quiere arrebatarte el balón por todos los medios.
Veo muchos entrenadores decepcionados con sus jugadores porque en los partidos sus jugadores no hacen lo que han practicado en los entrenamientos. Pensamos que por haberlo trabajado mucho, debe salir en los partidos. No nos damos cuenta de que muchas veces la culpa de que no lo hagan bien en los partidos no es mas que nuestra ya que pensamos que lo han  asumido y no es así. Hemos trabajado esa situación de partido de forma aislada, sin la presión del partido y eso es lo que pasa. No es lo mismo lo que pasa en el entrenamiento y lo que realmente sucede en el partido.
Ese es el motivo por el que la metodología ha ido evolucionando hasta proponer un progresión dentro de la sesión de entrenamiento donde empezamos con una fase más o menos analítica y terminamos en una situación real de partido. Cuanto más parecido a la situación real mejor preparado estará nuestro alumno para competir.
Nos encontramos de forma habitual jugadores que entrenan muy bien pero que se bloquean en los partidos y no hacen nada de lo que parece que han asumido en los entrenamientos. En realidad estos jugadores no saben porque les falta este último paso que llamamos aprender a demostrar lo aprendido, aprender a competir.
En el deporte pasa como en los estudios. Juan tiene 12 años y es muy buen estudiante, le dedica mucho tiempo, le pone muchas ganas, consulta sus dudas en clase, realiza todas las tareas que le encargan en el colegio, tiene muy claros sus objetivos y, a pesar de que en ocasiones se equivoca, analiza sus errores y va mejorando poco a poco. Sin embargo cuando llegan los exámenes no sabemos qué le pasa pero se queda en blanco y no es capaz de demostrar todo lo que lleva dentro. Los resultados nos indican que no sabe porque no es capaz de demostrarlo. Los nervios y la situación le superan.
Hablamos de estudios pero es algo aplicado a la vida misma. Sabemos cómo hemos de hacer las cosas pero la presión de las circunstancias nos hace muchas veces ponernos nerviosos y no actuar con la eficacia habitual ante una conferencia, en el estreno de una obra de teatro , en una operación quirúrgica peligrosa, o cualquier actuación que se nos presente en la vida.
Gervasio Defer es uno de los deportistas españoles que mejor compiten. El resultado es muy claro: triple medallista en los juegos olímpicos. Algo muy difícil de conseguir. Pueden servirnos de ayuda sus palabras antes de una gran cita olímpica:
“voy a hacer exactamente lo mismo que he hecho miles  de veces en el entrenamiento” 
Es eso lo que le ayuda a alcanzar el éxito deportivo. Repetirse una y otra vez que no va a hacer nada especial en la prueba sino que va a repetir lo que hace normalmente en cada uno de sus entrenamientos. La presión disminuye y, si en los  entrenamientos ha estado al máximo nivel, la actuación ese día también lo será.
Por lo tanto, para aprender a competir, el primer factor es no hacer especial una situación.
Jorge tiene 9 años y juega en un buen equipo de fútbol y en una de las ligas más competitivas de España. Entrena muy bien y pone mucho esfuerzo en cada uno de los entrenamientos. Es muy receptivo y encaja con mucha humildad todos los consejos que le va dando el entrenador. Todavía no han perdido ningún partido y van en los primeros puestos de la clasificación. Este fin de semana le toca jugar contra el Barça, que son como siempre los favoritos. Para Jorge es un partido muy especial porque se enfrentará a una camiseta de fama mundial.
El entrenador es consciente de la presión que esta situación va a imponer a Jorge y a todos los del equipo. Por este motivo, reúne a los padres y les explica lo importante que es para él que le ayuden en un aspecto: reducir al mínimo la presión de este partido. Les pide que no hablen del partido contra el Barça para nada en casa. Como si no se fuera a jugar.
Además, en los entrenamientos previos al partido, el entrenador no realiza ningún cambio en su protocolo de entrenamiento, ni tampoco hace mención del partido. Les subraya la idea de que todos los partidos son importantes, el que se jugó la semana pasada es tan importante como el de la próxima. Todos suman los tres puntos si ganas. No hay uno que te de más puntos que otro.
El segundo factor para aprender a competir es el ser siempre muy valientes.

Jorge fue al partido con una presión de su entorno muy reducida gracias al planteamiento inteligente del entrenador y la ayuda de los padres que entendieron muy bien la forma de ayudar a sus hijos. Sin embargo, Jorge sabía dónde estaba y qué pasaba. En su estómago notaba una sensación muy especial. ¿Había algo de miedo quizá?

El entrenador de Jorge está dando la charla previa al partido en el vestuario de la Ciudad Deportiva del Barça, unas instalaciones imponentes que intimidan nada más verlas. Conoce muy bien a sus jugadores y detecta la situación de Jorge. Lo lleva a un lugar apartado y le habla de John Wayne, el famoso actor de cine, que en un momento de su vida, ante una situación parecida a la suya comentó:

“ser valiente consiste en estar muerto de miedo y, a pesar de todo,  subirse al caballo”. 
Esa sensación que Jorge tiene es normal y entonces se presentan dos opciones:
  • Estar muerto de miedo y dejarse llevar por el miedo jugando un mal partido.
  • Estar muerto de miedo y subirse al caballo que significa olvidarse de eso y jugar un gran partido.
Jorge consiguió competir a un gran nivel al igual que todo el equipo pese a no conseguir vencer a este gran rival. El partido se jugó muy bien y con bastante igualdad. Cualquiera de los dos podía haberse llevado la victoria. Incluso en algún momento del partido Jorge se dio cuenta de que el rival no eran tanto como él pensaba y que las diferencias no eran tan grandes.
 Lo más importante es que Jorge, ayudado por su entrenador y sus padres, ha aprendido a competir, a jugar con una presión alta, mejorando ampliamente su rendimiento deportivo.