Es un concepto que hemos repetido muchas veces en las charlas de formación de los entrenadores. Quizá el motivo sea la necesidad de sensibilizar más a los profesores en la línea de ponerse a su nivel cuando comunicamos las cosas. En realidad la comunicación en educación y en general, tiene un sentido doble: la que va dirigida al receptor y la que llega al emisor.

Si el emisor se dedica únicamente a transmitir conocimientos o conceptos al receptor y no es capaz de escuchar lo que le dicen, está perdido porque le falta el feedback necesario para poder ser eficaz. 

Saber escuchar significa que hemos de estar atentos a lo que nuestros alumnos nos dicen con sus palabras, con sus gestos, con su actitud, con su mirada…Recordábamos en la reunión de la mañana que muchas veces no estamos atentos debido al cansancio, al ritmo de trabajo, a las dificultades del grupo y perdemos una información muy interesante. 

Comenté el caso de un chico que venía de muy lejos y que era muy tímido. Un día se acercó a mí y me hizo una pregunta. Yo estaba a punto de salir hacia otro lugar y tenía poco tiempo pero al mirarle me di cuenta que necesitaba que le respondiera. Era importante dedicarle mi tiempo. En ese momento, dejé todo lo que estaba haciendo y me centré en él. Le respondí lo mejor que pude y le dediqué todo el tiempo que necesitaba. Eran problemas sencillos del grupo de entrenamiento. Alguno se había metido con él. La cosa no fue a más y sencillamente me lo agradeció.

Al día siguiente, cuando me vio, me saludó efusivamente y me dijo que quería hablar conmigo. Me senté de nuevo para charlar con él y me contó algunas cosas personales que le estaban molestando. Yo le dije que no se preocupara, que había hecho lo correcto que era hablar con algún responsable para solucionarlo inmediatamente. Esa misma tarde el tema se resolvió y vino a darme las gracias. Le comenté por qué no había hablado con el entrenador suyo y me respondió que ya lo había hecho pero que no le había hecho caso. Me quedé pensativo y creí que sería importante mencionarlo a los profesores.

Somos educadores y hemos de estar muy asequibles a nuestros alumnos para que ellos puedan comunicarnos todo lo que ellos necesiten. Cuanta más confianza tengan en nosotros, más podremos ayudarles. Muchas veces esa ayuda supera la que puedan realizar sus propios padres con lo que es algo de mucha responsabilidad. 

A eso me refería cuando comentaba que hay que saber escuchar. Hay que estar disponibles para que los alumnos nos cuenten lo que les preocupa o lo que sienten en esos momentos. Es una comunicación de ida y vuelta y eso no podemos olvidarlo nunca. Eso nos permitirá saber cómo están y poderles apoyar mejor consiguiendo un rendimiento mayor en todos los ámbitos de la persona.

Saber escuchar cuando hay un comentario peyorativo dentro del grupo. Normalmente va acompañado de risas de algunos que lo apoyan. Es el momento de formar y dejar claro que aquel comentario es una falta de respeto. Que uno no puede hacer una broma que pueda doler al otro. Eso requiere un esfuerzo por parte del formador pero estamos para esto, es nuestro trabajo y no podemos hacer oídos sordos simplemente por comodidad. Ahí está la calidad de un profesor. Y eso es lo que esperan los alumnos de su entrenador.

Saber escuchar y aceptar una respuesta que no esperábamos. Nos gusta que las respuestas sean las que esperamos y cuando nos sorprende, nos molesta. Es quizá el momento de analizar por qué me ha respondido de esta forma, qué es lo que le pasa a a este alumno para decirme esto, cómo puedo ayudarle, porque realmente tiene un problema. Esta es la actitud de un formador. Normalmente, la respuesta suele ser dura por nuestra parte porque no nos gusta que nos contradigan o que nos digan cosas que nos duelen, nos dejan mal o que no esperamos. Sin embargo, antes estas respuestas, hemos de saber escuchar. Son respuestas cargadas de información que no podemos desaprovechar.

Muchas veces no escuchamos porque somos unidireccionales. Solo hablamos nosotros y nos escuchamos con orgullo. Los mensajes que trasmitimos son tan egocéntricos que es imposible que nuestros alumnos tengan posibilidad de comunicarse con nosotros. Nos falta humildad, pensamos que somos los expertos y que los alumnos no saben nada ni tienen que enseñarme nada. Pero no es así. Hemos de acercarnos con seguridad y a la vez con la suficiente humildad para colocarnos a su misma altura e intentar comprenderles mejor. Eso no significa que nosotros tengamos que ser colegas de nuestros alumnos. Mantenemos unas distancias pero somos accesibles porque sabemos que podemos aprender mucho de ellos.

Esta idea de aprender de tus alumnos, es la mejor actitud para el que está dispuesto a escuchar. Todos estamos siempre aprendiendo si somos capaces de fijarnos en lo que hacen los demás y hacerlo tuyo. Pero si eres un soberbio y piensas que nadie te va a enseñar nada, estás perdiendo la mejor oportunidad de tu vida para aprender.

Hay algo que siempre me ha ayudado mucho que consiste en pensar con calma las cosas que me dicen mis alumnos, una vez ha ocurrido. No en ese mismo momento sino más adelante. Intento sacarle punta a algo que me han comentado mis alumnos o que he escuchado de un profesor. 

Por ejemplo, hay un entrenador que hizo este comentario espontáneo tras una pequeña corrección generalizada a los profesores, en una reunión de la mañana:

–Ahora no podemos perder todo lo que hemos hecho durante este curso.

El comentario surgió del alma de este entrenador al detectar que alguna cosa había salido mal y en lugar de criticarla o de poner excusas, le había sacado punta positiva para que el resto de profesores pusieran un cierto esfuerzo en sacar el curso adelante lo mejor posible pese al pequeño error cometido. 

Me pareció un comentario muy interesante y cuando tuve un poco de calma, lo pensé un poco y le di vueltas para aprender a sacar siempre el lado positivo a las situaciones de la vida que muchas veces no son tan correctas. Eso es para mí aprender a escuchar. Uno de los últimos días del verano les comenté muy en serio que había aprendido mucho de ellos y es así. Pero para eso hay que estar muy atento a lo que se dice y darle vueltas para incorporarlo a tu vida.