El entrenador de fútbol

Necesitamos buenos entrenadores en el fútbol base. ¿Los hay? Yo he conocido bastantes y tengo que decir que sí los hay. Están por ahí, esparcidos por el mundo. Algunos se pierden, influenciados por el entorno competitivo; otros se aíslan, porque no quieren saber nada con este ambiente tan destructivo. 

He tenido experiencias que lo demuestran. He recogido entrenadores en activo cuyo comportamiento con su equipo no era el ideal: broncas, gritos, expresiones soeces…pero que tienen un fondo bueno y que cuando les explicas lo que buscas y les ofreces modelos más formativos, son capaces de cambiar su forma de hacer las cosas porque en el fondo están mucho más a gusto trabajado de esta manera. 

Para conseguir buenos entrenadores, es esencial su preparación. ¿Cómo es su formación deportiva? Si revisamos a fondo cómo se preparan para ejercer su carrera deportiva como entrenador, he de confirmar que no está mal aunque podría estar mucho mejor. 

Hay profesores en los Cursos de entrenadores que no dan la talla. Pero otros sí. Son buenos y enseñan francamente bien. Lo que deberíamos hacer es ser mucho más exigentes a la hora de seleccionar profesores de la escuela de entrenadores y así conseguir un alto porcentaje de profesores buenos. Parece ser que cualquiera puede hacerlo. Haría falta evaluarlos y quedarse solo con los mejores. No voy al fondo de la cuestión y no concreto los criterios de esta selección pero me parece básico realizar una mejora entre los responsables de esa formación porque depende de ellos que nuestros entrenadores salgan bien preparados.

Esto es toda una cadena. Los entrenadores bien formados van a conseguir un rendimiento mayor de nuestros jugadores porque tienen claro lo que deben hacer, no improvisan, se preparan bien sus entrenamientos y se preocupan individualmente de cada uno de los jugadores ya que saben que eso es vital para su mejora deportiva y personal.

Dentro del fútbol base, las categorías inferiores: pre-benjamín y benjamín, están llenas de entrenadores con poca calidad. Existe un error grave por parte de los coordinadores de los clubes al no dar la suficiente importancia al entrenador de los más pequeños. Si estos niños no han trabajado bien en este periodo, llegarán a alevines e infantiles con carencias muy grandes y quizá sin tiempo para poderlo subsanar. 

Estos entrenadores desconocen la materia que deben enseñar porque lo que se les exige para entrenar es simplemente el título de monitor deportivo, con unas cuantas horas de formación que no son proporcionales a la gran responsabilidad que tienen delante suyo.

Estos entrenamientos son, muchas veces, simples guarderías donde los niños juegan a la pelota sin ningún sentido o, en otros casos, al desconocer la metodología adecuada para esta edad, aplican lo que ellos han aprendido de sus entrenamientos como jugadores, sin darse cuenta de que es un método para mayores que no sirve para niños tan pequeños.

Cuando un entrenador con experiencia se compromete a trabajar con los más pequeños ( 6 y 7 años) las diferencias se notan rápidamente y los niños que tienen esta suerte (pocos por desgracia) llegan a la categoría alevín e infantil muy bien preparados, con los fundamentos del fútbol bien trabajados y con una disciplina y un sentido del esfuerzo encomiable.

Hemos de poner en estas primeras edades entrenadores inteligentes, con gran interés por lo que hacen, que no tengan miedo a exigir y pedir esfuerzos para alcanzar objetivos ambiciosos.

Volviendo a la formación del entrenador, no se trata de obtener un título para poder entrenar sino que esa formación debe servir para poder trabajar con sus jugadores de una forma eficaz. Un entrenador debe aceptar que siempre debe seguir aprendiendo y que ha de estar abierto a una formación continua. 

Esa formación a lo largo del tiempo se adquiere con muchos medios: leyendo mucho, hablando y consultando con entrenadores más experimentados, participando en cursos complementarios que enriquecen e iluminan su trayectoria como entrenador, con el feed back del coordinador, con un tutor que revisa tus entrenamientos…La lista es interminable.

Sin embargo hay que dejar claro que el entrenador debe saber mucho pero a la vez debe saberlo comunicar bien. Entramos en un punto clave de la faceta de entrenador. ¿Cómo es su comunicación? Ganamos mucho cuando comunicamos bien, es decir, cuando llegamos a los jugadores.

No es lo mismo la comunicación en esas primeras edades que en un juvenil. Por eso hemos de ser capaces de especializarnos dentro del mundo del entrenador. El buen entrenador es un especialista en una edad concreta ya que dominarla exige mucho tiempo y dedicación. El que quiere abarcar todas las edades, puede ser que no domine ninguna.

¿Queremos mejorar la calidad de nuestro fútbol base? Pongamos a entrenadores muy bien preparados en las categorías inferiores. Estos primeros años son muy importantes para asentar las bases del aprendizaje. En el fútbol base actual, el listón de entrenador está demasiado bajo, acceden personas poco preparadas, que saben poco. Hemos de ser más exigentes en este punto y admitir solo a los que están muy preparados. El fútbol formativo mejoraría mucho, no lo dudemos.

Hemos de elevar el listón del entrenador de estas categorías y pagarles mejor, con unas condiciones de trabajo dignas. Liberarles de innumerables horas complementarias de trabajo y protegerlos un poco más de los padres.

Una vez el entrenador está trabajando en un club, hemos de seguir formándolo y evaluarlo. A la vez que hay que darle algún incentivo porque el entrenador de hoy se encuentra algo desmotivado por el ambiente y la presión que ejercen los padres que parece que tienen estrellas de fútbol con solo 7 años. Si no se sube el listón, al final vendrán entrenadores mediocres con lo que obtendremos resultados mediocres.

Propongo establecer la figura del mentor, una persona que les oriente y les ayude en sus primeros pasos para conseguir consolidar una buena formación. Si realmente es tan importante como decimos, no parecerá extraño incorporar en la plantilla del fútbol base una persona de estas características o que esas funciones las realicen entrenadores en plantilla con más experiencia.

Pero donde realmente vamos a acertar y mejorar nuestros planteamientos es cuando seamos capaces de decirle a este entrenador al que hemos formado bien y luego lo hemos ido evaluando, que si no es buen entrenadores, es mejor que se plateen abandonar esa profesión porque quizá no es para él. No es un empleo para cualquiera. Debe tener unas condiciones específicas y ser capaz de mejorar a los alumnos de forma eficaz.

Al buen entrenador hay que cuidarlo. Propongo que se le posibilite la opción de tener una formación continua atractiva en el propio club, si esto es posible, o fuera de él, financiándole los costes de los desplazamientos o de los cursos porque todo esto repercutirá en la mejora de los jugadores. Darle la opción de visitar otras escuelas donde adquiera nuevos conocimientos enriquecedores.

En definitiva, hemos de conseguir que el título que obtienen no sea un simple papel. Que se encuentre a gusto, en un ambiente de trabajo y de colaboración entre todos que le haga crecer como formador de nuestros jugadores.

Los entrenadores necesitan aprender rodeados de buenos profesores. Si lo que tenemos en nuestro club no es bueno, todo lo  que venga se contagiará de esa misma baja calidad. Hemos de verlos motivados y estimulados en su trabajo como entrenadores.

Entrenadores de todo el mundo deberían tener ilusión por dedicar parte de su tiempo libre en las vacaciones para trabajar en otros lugares incluso en países diferentes, adquiriendo experiencias muy positivas. Si están motivados y tienen ilusión por aprender más, realizarán este tipo de esfuerzos sin duda alguna.

Hemos de generar en los entrenadores una cierta libertad para hacer las cosas a su manera, pero con responsabilidad e intentando no perder de vista los objetivos generales de la entidad. Trabajan mejor cuando se les da más libertad. Si no hay margen para aportar nada, se desmotivan y rinden mucho menos.

Hemos de tener cuidado con las nuevas tendencias pedagógicas que afirman que el entrenador es un facilitador o guía que orienta el aprendizaje. Esta tendencia es una tontería. Quien hace este tipo de aseveraciones no sabe cómo funciona el aprendizaje. 

El jugador necesita que alguien dirija su aprendizaje: ésta es la tarea del entrenador que sabe cuál es el nivel del jugador y cuál es el próximo paso que debe dar. Avanzamos muy despacio y quizá de forma equivocada si no les enderezamos el camino. 

Lo mismo se da en el tema de la disciplina. Un entrenador, lo hemos dicho muchas veces, es un auténtico líder del equipo y no necesita imponerse porque sus jugadores le siguen a todas partes por ser su referencia en todo momento. Sin disciplina, no se puede avanzar en el deporte. Se pierde tiempo, nadie logra concentrarse y el club se rebaja a la categoría de guardería.

Tengan cuidado a la hora de corregir, dicen los nuevos pedagogos del fútbol: puede herir susceptibilidades y desmotivar al jugador. Hemos de tener claro que si un jugador comete un error, se le da importancia al error, se buscan las causas y se le ayuda a corregirlo para que no se produzca de nuevo. La corrección es esencial en el buen entrenador y no hemos de tener miedo a hacerlo cuidando la forma de hacerlo porque no todos lo aceptan de la misma manera.

Otra tendencia asegura que en la labor del entrenador debe haber afecto y que los niños deben querer al entrenador. Dejemos claro que el entrenador muestra su afecto indirectamente cumpliendo con su deber: llegar a la hora, ir bien preparado al entrenamiento, permanecer atento y cumplir con los compromisos. No confundamos el “buenismo” con el afecto. Los jugadores deben confiar en él , respetarlo y quererlo pero en un sentido especial que no es como querer a un amigo o a los padres. En el fondo debe ser una especie de puente que ayuda a los jugadores a esforzarse para realizar bien los entrenamientos y partidos porque no quieren decepcionarle.

Pongamos todos los medios para mejorar el fútbol base. Esta puede ser una pequeña guía para conseguirlo. Solo los valientes son capaces de cambiar las cosas aunque haya que nadar a contracorriente.