La deportividad

La convivencia con los alumnos en los cursos intensivos de verano, da pie a poder enseñarles muchos valores relacionados con el deporte. Uno de los más llamativos es el de la deportividad en el sentido de saber comportarse dentro y fuera del campo correctamente.

El curso incluye una competición muy atractiva que nos ayuda mucho a los profesores a saber inculcar este valor ya que en la competición en dónde más situaciones se dan en este sentido. Tienes montones de momentos para ir inculcando, corrigiendo y modelando en los alumnos esos conceptos con ejemplos reales donde ellos son los protagonistas.

Hay que decir que el fútbol actual está podrido. Está lleno de violencia, peleas, insultos, faltas de respeto, racismo, asesinatos, corrupción…La lista puede seguir pero no quiero desanimaros sino todo lo contrario. Es por ese motivo que  intentamos aportar nuestro pequeño granito de arena para hacer del fútbol un semillero de jugadores lleno de valores que les sirva para utilizarlos siempre.

Cuando empieza este curso, reunimos a los chicos y les explicamos lo importante que es respetar las normas del juego limpio en toda su extensión. Pero lo hacemos con un verdadero interés de que salgan convencidos de que ésta es la mejor actitud que uno puede tomar. Hablamos con los padres para que colaboren.

Se les explica que los chicos vienen a aprender y que ese es el objetivo de todo lo que hacen allí. Este concepto es básico y fundamental porque, en base a esto, todos los conceptos viciados del fútbol que tienen adquiridos, se desmoronan al momento.

En sus equipos, les han explicado que tienen que ganar, ganar y ganar. No importa el cómo. Lo único importante es ganar. El que gana es el que triunfa en el fútbol y eso es lo único que importa. Los valores son importantes pero están en un segundo o tercer o cuarto lugar.

Cuando les explicamos que al árbitro no se le puede replicar, que no deben hacerse aspavientos con los brazos, que no se puede echar la culpa de una jugada a otro compañero, que no hay que enfadarse cuando te cambian, que nunca puede frenarse a un jugador con violencia, que hay que pedir perdón cuando se comete una falta, que hay que felicitar al contrario cuando se pierde y cuando se gana, que hay que aceptar la derrota como algo positivo, que no podemos poner excusas a nuestros errores, que no pueden simular faltas o tirarse a la piscina dentro del área, etc., se quedan bastante impresionados porque no suelen darles estos consejos sino todo lo contrario:

–si puedes engaña, lo importante es ganar. Y los que no actúan así los apartan por falta de picardía.

Josep Mª es un portero que viene desde hace muchos años a mejorar su técnica y durante uno de los partidos de este famoso campeonato tuvo la suerte de que le ocurriera algo que le ha ayudado a cambiar.

El partido estaba muy disputado y, en una jugada cercana al área suya, el árbitro decide pitar falta en su contra. La culpa de esa falta estaba en parte relacionada con una actuación suya ya que tocó la pelota con la mano fuera del área.

Los que estábamos allí nos quedamos impresionados de la reacción de este gran portero. Al ver lo que había pitado, cogió la pelota y la lanzó con violencia hacia el suelo muy enfadado. Acto seguido, se giró y le gritó al árbitro indicándole que no era mano. La tensión del partido le pudo.

El entrenador, que estaba siguiendo la jugada paró el partido, llamó a otro portero que estaba esperando entrar en la segunda parte y lo cambió. No le dijo nada a Josep Mª en ese momento. Le indicó que se fuera a la ducha. Su partido había terminado. Daba igual el resultado. Nadie protestó la decisión porque sabían que las normas de juego eran claras y que, por una protesta así, se merecía estar fuera de la competición.

Josep Mª es una gran persona y su comportamiento es siempre muy correcto. Sin embargo, no sabía controlarse dentro del campo. Yo creo que no sabía hacerlo porque siempre le habían permitido esta actitud en el campo y ahora, que no se lo iban a permitir, no era capaz de controlarse en una situación tan crítica como la que vimos.

Todos aprendimos con la actitud del entrenador. Era bastante dura pero ejemplar. Los chicos que estaban jugando la competición se dieron cuenta que no eran solo palabras lo que se había comentado el primer día y que había que comportarse con educación en los partidos.

Por ejemplo, en los partidos suelen decirse muchos tacos. El que dice un taco en el partido es expulsado unos minutos y a la segunda vez ya no juega. Los chicos se han dado cuenta de que puede jugarse sin violencia, sin palabrotas y con deportividad y el fútbol sigue siendo tan hermoso como siempre.

Josep Mª fue a ver al entrenador que le había expulsado y, con lágrimas en los ojos –tiene 14 años–le dijo que tenía toda la razón del mundo por haberle expulsado, que él no era así y que no se había podido controlar. Que iba a poner todas sus ganas por cambiar de actitud y que le diéramos una nueva oportunidad. Que esto no iba a volver a ocurrir.

En la Fundación pensamos que es muy importante dar una nueva oportunidad a todo aquel que realmente se siente arrepentido de lo que ha hecho porque, al ser sincero el sentimiento de culpa, el cambio de actitud está asegurado. No hubo ningún problema con él ni con ninguno de sus compañeros en todo el campeonato.

Sin darse cuenta, había colaborado en reforzar los objetivos que se habían marcado al principio del curso. Pero, ¿qué hubiera pasado si ese profesor no hubiera parado el partido para tomarse la molestia de cambiar al portero? Todo lo que sucedió después no hubiera ocurrido.

Insisto mucho en la responsabilidad que tenemos los educadores y los padres de ser valientes y coherentes con lo que queremos. No podemos girar la cabeza para no ver lo que es evidente que está mal. No debemos tener miedo a “perder el tiempo” en algo tan importante como esto.

Un jugador más joven que estaba participando en esta misma competición estaba sentado viendo el partido de su equipo y estaban perdiendo a pesar del buen juego que realizaban ambos equipos. Uno de los profesores que pasaba por allí quedó sorprendido ante la respuesta que obtuvo de una pregunta sin ningún tipo de peso. Al pasar por su lado este profesor le preguntó:

– ¿que tal va el partido?
– Bien, perdemos, respondió el jugador con una sonrisa.

Una respuesta así, no era frecuente pero nos dimos cuenta de que este alumno había entendido uno de los puntos fundamentales de lo que estábamos intentando inculcarles: que lo importante no era ganar sino aprender. Lo había asumido a la perfección porque no había ningún acento de queja en sus palabras y estaba acompañado de una sonrisa de optimismo como diciendo:

– Estoy perdiendo pero lo que está claro es que estoy aprendiendo mucho estos días y eso es lo que me interesa. Ganar o perder este partido no tiene ninguna importancia. Lo que veo es que estamos jugando bien y aplicando todo lo que nos han enseñado aquí.

Con el tiempo, nos hemos dado cuenta de que cuando consigues este ambiente de deportividad sana, el aire que se respira es fresco y claro. A los chicos se les ve más felices y contentos porque es la consecuencia de hacer las cosas bien.

En algunos equipos de fútbol, este valor está a flor de piel y se han diseñado protocolos de actuación para que los padres tengan claro cómo deben comportarse en el campo y cómo deben enfocar su relación con su hijo que practica el fútbol en serio.

En la reunión de padres se les suele explicar con detalle esas normas y se les deja claro que no es obligatorio estar de acuerdo pero que si desean estar aquí deben aceptarlas. Empezar con las ideas claras desde el principio nos ayuda a que haya un ambiente entre los padres y entre los jugadores impresionante.