Entrenador ejemplar

Busco entrenadores que muestran en su quehacer diario coherencia  entre lo que piensan y cómo actúan, lo que dicen y lo que hacen, tanto dentro como fuera del campo. 

Los jugadores buscan entrenadores auténticos y cuando los encuentran,   confían en ellos y tienden a seguir su ejemplo. 

A su vez, la confianza de los jugadores exige al entrenador que viva lo que enseña o al menos procure vivirlo. El ejemplo del entrenador es decisivo en su misión formadora: si exiges orden debes tener todo en su sitio, si apelas al respeto, debes comportarte de forma ejemplar con el árbitro y con los que te rodean, si reclamas esfuerzo en los entrenamientos deben ver que tu te empeñas en prepararlos muy bien.

El entrenador ha de ser consciente de que lo más importante que enseña al equipo no es lo que dice sino lo que hace. No basta con enseñar, sino que hay que vivir lo que se enseña. El ejemplo es el mejor argumento para los jóvenes, el más convincente.

Puede servirte lo que contaba un guía de montaña: “he visto a muchas personas sufrir cansancio y quejarse durante los ascensos, pero si ven que su guía continúa marchando y no evidencia cansancio, misteriosamente obtienen nuevas fuerzas para continuar. La actitud de un líder es increíblemente importante y hasta diría, decisiva, para el logro de cualquier objetivo grupal”

No se trata de dar ejemplos a nuestros jóvenes, sino que se trata de ser en todo momento un buen ejemplo para ellos. Buscamos modelos que sean ejemplo para los chicos dentro del mundo profesional porque sabemos que las palabras pueden convencer, pero lo que realmente arrastra es el testimonio vivo, es decir, las palabras hechas realidad en la vida de quien las articula. Vivir lo que se enseña.

Un entrenador es formador siempre, las veinticuatro horas del día, todos los días del año. No existe una doble vida en el entrenador, cuando está con sus jugadores y cuando no lo está. No sería coherente.

Los jugadores, no solo son receptores del saber del entrenador, sino que también lo son de su modo de ser, de trabajar, de tratar y respetar a los demás, e incluso de sufrir. Ningún detalle les pasa desapercibido.

La idea es que el trabajo formativo diario, bien hecho y su transferencia espontánea de actitudes, valores y conductas vayan calando como por ósmosis en los jugadores, poco a poco.

Dar ejemplo es hacer algo digno de ser imitado y que puede mover a otros a que lo imiten. La ejemplaridad del entrenador es, sin lugar a dudas, el argumento más convincente para sus jugadores. El ejemplo trasciende las palabras y se afianza con el paso del tiempo dejando una huella imborrable en sus jugadores: de ahí reside su fuerza.