Una vez más recibo un mensaje trampa en mi móvil: 

“acabo de fichar por tal equipo, el sueño de toda mi vida se ha hecho realidad. Mi hijo de 9 años jugará la próxima temporada en el mejor equipo del mundo. Te escribo para agradecértelo porque en parte tu fuiste el primero que apostaste por mi hijo y siempre le has ayudado tanto. Tu eres el primero en saberlo”

La primera reacción es positiva porque ciertamente va a jugar en un gran equipo pero luego, cuando miras a tu alrededor te encuentras las mismas historias repetidas una y otra vez con finales muy penosos.

¿Por qué digo que es una trampa? 

Porque este equipo que te ha fichado tiene un objetivo muy pobre para tu hijo: ganar a sus rivales y seguir teniendo el prestigio que está obligado a mantener como sea. Tiene que ser el mejor año tras año y cada partido es un reto para el Club. Si no gana queda manchada su imagen.

¿Cómo actúan?

Se dedican a buscar jugadores por todas partes destrozando el trabajo que realizan otros clubes, prometiéndoles el sueño de su vida. Pero es una trampa porque todas esas promesas no se llegan nunca a cumplir y cuando estos jugadores ya no sirven para sus ambiciosos objetivos, el pulso no les tiembla y se deshacen de él porque hay otros que pueden serles más útiles y de nuevo empieza el ciclo con nuevas promesas hasta que lo despiden y reciben a otro. 

Y tú, como padre, que me escribías tan ilusionado, te quedas con las manos vacías, con la vergüenza de haber pasado sin pena ni gloria por ese club de los sueños y habiendo perdido un tiempo de infancia difícil de recuperar, destrozado, con la lección bien aprendida de no caer en este mismo error nunca más.

¿Han perdido un tiempo de su infancia?

Sí, muchos de estos niños ya no tienen tiempo de jugar, se han metido en un buen lío. Un taxi les recoge en su casa (menudo lujo) para realizar 3 ó 4 veces a la semana un traslado hasta la fabulosa ciudad deportiva para participar en un simple entrenamiento que no difiere mucho de lo que ya estaba haciendo en su club. A la vuelta, ya solo tiene tiempo de cenar y acostarse. Y eso los 365 días del año, con 9 años. Y a esto, le sumas la presión de la competición. Si no juegas bien, sabes que tienes los días contados. Siempre nuevos chicos a prueba que juegan en el mismo puesto que tu hijo, etc.

¿Donde está la trampa?

Como te lo dan todo gratis, tu tienes que aguantarlo todo porque los padres no pintan nada en todo esto. Como si se tratara de profesionales. Y son niños. Si no te gusta, tienes que ser valiente e irte pero no hay narices para hacerlo. Uno se calla y empieza el sufrimiento. Estás completamente en sus manos y lo peor de todo es que no existe un compromiso por su parte para mantenerte. El día que no sirvas, te echan, sin más. Esperan al final de la temporada, por educación, pero te tienes que ir. Y tu ya sabes que esto puede pasar.

Dicen que los niños aprenden más jugando en estos equipos pero es mentira. Alex, un gran portero de la Fundación Marcet, pasó por este trauma. Le fichó un gran equipo y aunque intentamos explicárselo, cayó en la trampa. Hoy, al cabo de dos años, ha conseguido liberarse. Los padres decidieron sacarlo de allí porque no estaban de acuerdo con lo que estaba pasando: los entrenadores trataban a su hijo como si fuera un jugador profesional, el vocabulario dejaba mucho que desear y ellos no estaban dispuestos a permitir que la educación que le estaban dando en casa quedara destrozada por unos señores que todo esto les da igual, que tienen un único objetivo que es ganar y colgarse una medalla que les permita ir subiendo en el engañoso camino de la competición. 

Quizá os puede ayudar a entenderlo mejor si os explico que los padres estaban cansados de recoger a su hijo al final del partido habiendo jugado media parte y tocado dos veces el balón con el pie (es portero). Estos super equipos han fichado lo mejor del país y los rivales no tienen nada que hacer (con pocas excepciones) con lo que es bastante normal ganar por goleada. Ya me dirás que puede aprender un niño que toca dos balones con el pie durante todo un partido, sábado tras sábado. Qué ilusión puede hacerle ir a jugar los partidos si no existe un mínimo de igualdad. Dónde está el esfuerzo, dónde está la superación. No existen porque el objetivo es ganar. Da igual lo que el niño sienta o necesite. Yo tengo que subir escalones hasta llegar a lo más alto del fútbol. El protagonista no es tu hijo sino yo, el entrenador, la institución.

¿Entendéis por qué es una trampa?

Los padres de Alex decidieron sacarlo de allí y ahora está feliz, en un equipo donde tiene que luchar para conseguir ganar, donde se pierde y no pasa nada. 

A este niño de 9 años que acaba de entrar en este gran equipo, le deseo lo mejor. Mientras lo utilizan para sus objetivos personales, otros niños en el mundo que no tienen todavía esa calidad siguen trabajando duro para mejorar con el mismo sueño de llegar a ser futbolistas profesionales. Con el tiempo, al estar libres de presiones, al tratarlos como niños, al tener que superarse constantemente porque cada partido tiene un grado de dificultad muy grande, esos niños llegarán a cadetes y serán los que realmente sustituirán al de 9 años que entra con toda la ilusión pero que está completamente quemado por su club. No ha crecido al mismo ritmo que los demás niños y sus cualidades que eran superiores a las de tantos niños se han equiparado o han sido superadas con creces. Se ha quedado estancado.

Esta es la razón por la que afirmo que esto es una trampa. Luego dirán que a tu hijo le ha faltado un poco de suerte, que le falta tal o cual cualidad para seguir en el equipo pero la culpa de este nuevo fracaso es de ellos y no de tu hijo. Sin embargo, es tu hijo el que lo va a pagar. Y todo esto no sale nunca a la luz. Pero eso es así. No podría escribir este artículo si no tuviera la confirmación de tantos jugadores a los que aprecio mucho que se han quedado sin su sueño porque han caído en la trampa de los equipos grandes.

Marc, Luis, Alex, Dani, Armand, Arnau, son los nombres propios de algunos de los chicos que han pasado por la Fundación Marcet y que entraron en un club grande muy pronto, que me escribieron una carta o me llamaron como tú hoy estás haciendo. Me agradecían el trabajo que se había hecho con su hijo y comentaban que empezaban una nueva etapa. Hoy en día estos niños ya no están en este club, los han echado a todos. Ahora te toca a ti vivir esa penosa experiencia que quizá te puedes ahorrar si tienes un poco de sentido común.