Entre los 7 y los 12 años se encuentra la etapa ideal para educar en el trabajo y en el esfuerzo ya que los chicos se encuentran bien predispuestos.

En una escuela de futbolistas tenemos ya establecidos unos criterios de actuación pedagógica que se concretan en tres puntos claves:

1. Da prioridad a la persona , no al resultado objetivo (importa más el esfuerzo del alumno que el nivel alcanzado)

2. Debe ser libre y consciente por parte de los alumnos: ofrécele las razones  de su trabajo despertando en ellos la satisfacción por la obra bien hecha.

Al poner esfuerzo, estás consiguiendo educarle, al incidir directamente en la mejora personal de cada uno: es importante exigir un trabajo bien hecho. Es, por tanto, un error, evitarles el esfuerzo, realizando por ellos un trabajo que puede contribuir a su formación.

3. El buen ejemplo de los padres y profesores ha de estar siempre presente en la vida familiar. Al igual que el empeño por animarles a esforzarse en la vida diaria.

La fuerza de voluntad

Es una de las grandes carencias de la juventud de hoy en día. Es necesario, más que nunca, ayudarles a generar esa energía interior, básica para afrontar las dificultades, retos y esfuerzos que la vida plantea continuamente. Si no hay esfuerzo, no es posible adquirir virtudes.

Exigencia de los padres y profesores.

Una voluntad fuerte es un elemento imprescindible en la búsqueda de la felicidad. El permisivismo con que mucha gente ha sido educada, fruto de un mal entendido sentido de la libertad, ha impedido formar en la exigencia. Tenemos niños flojos y blandos que no son capaces de poner esfuerzo por conseguir las cosas. Se rinden antes de tiempo.

Para aprender a esforzarse seriamente resulta muy práctico procurar sujetarse a un plan exigente. Y esto es así porque, hacer lo que uno entiende que debe hacer supone un esfuerzo considerable muchas veces.

Educar la voluntad tiene como objetivo procurar que cada alumno se forme en el esfuerzo y la responsabilidad personal, desarrollando hábitos que fortalezcan su capacidad de decisión y le permitan ejercer su libertad.

Exigir a los alumnos con una exigencia cordial y amable que les ayude a reflexionar sobre su propia situación y a esforzarse por superar los defectos y por consolidar sus cualidades positivas es una muestra patente de que les apreciamos. No exigir esto es una muestra de falta de respeto.

Esa exigencia debe ser adecuada. Exigir cuesta esfuerzo ya que parece que todo se hace más rápido y menos conflictivo si los profesores o los padres cargan con todos los esfuerzos, renuncias y sacrificios.

No privemos a los alumnos de oportunidades para esforzarse pues llegarán a la adolescencia sin una base para afrontar los problemas de esta etapa. No es bueno la excesiva protección, les llevamos a una vida cómoda, sin exigencias, donde consiguen todo lo que quieren. Se trata de acompañarles y ayudarles para que puedan superar ellos las dificultades.

Sin miedo a los riesgos ni al fracaso.

Para que no vean ese valor como algo pesado y desagradable, quejarse cuando aparece una dificultad contribuye a crear un ambiente en el grupo contrario a la fortaleza.

Es bueno reconocerles y valorar positivamente cuando se esfuerzan en algo difícil. Una sonrisa cuando aguantan la sed en un entrenamiento o se comen algo que no les gusta o dejan preparada por la noche la ropa del entrenamiento.

Sin embargo, hay que fomentar la motivación interna: la satisfacción de una obra bien hecha. Cuando son pequeños también les puede motivar el satisfacer a los profesores, que los demás tengan una buena imagen de él…

Oportunidades en el día a día

En la vida diaria podemos encontrar un montón de oportunidades para ejercer el esfuerzo. El fútbol es una escuela de valores:

    • Resistir un impulso
    • Soportar un dolor o molestia
    • Superar un disgusto
    • Dominar la fatiga o el cansancio
    • Acabar hasta el final aunque esté agotado
    • Cumplir el plan de entrenamiento antes de jugar partido
    • Cumplir los encargos que me den.

Hay que procurar fomentar actividades que lleven consigo un esfuerzo prolongado. Es mejor que ayuden en algo todos los días que un día aislado.

El deporte bien planteado, es un medio muy interesante para desarrollar el esfuerzo ya que han de superar fatigas y cansancios y llegar hasta el final con perseverancia, superar adversidades, etc.

Estos son algunos de los planes de acción diseñados para fomentar el esfuerzo en nuestros jugadores:

  • No quejarse
  • Hacer pequeños esfuerzos para la buena marcha de los entrenamientos y partidos.
  • Aguantar la sed o el cansancio sin pregonarlo cada quince minutos
  • Superar los miedos infantiles de quedarse solo a oscuras, 
  • Vencer la vergüenza para hablar o para reconocer la propia culpa o el sentido del ridículo.
  • No patalear cuando las cosas no salen como quisiéramos o al sufrir un contratiempo.
  • Adoptar posturas correctas en el entrenamiento, no tumbarse.
  • Procurar comer de todo y terminar toda la comida
  • Levantarse a una hora fija y cumplir un horario
  • Hacer con intensidad los ejercicios.
  • Cumplir con tus obligaciones en el momento previsto aunque no tenga ganas
  • Marcarse pequeñas metas y cumplirlas.

El esfuerzo está en la base de todos los valores que trabajamos a lo largo del año con lo que vale la pena profundizar en este aspecto para preparar bien  a nuestros hijos para un futuro en el que se encontrarán muchas dificultades. Gracias a vuestra dedicación como padres y educadores, se encontrarán perfectamente preparados para superarlo todo y serán felices pese a las adversidades. Y pienso que esto es lo que todos deseamos.