Cómo debe ser la formación

Los niños de ahora son más frágiles que antes precisamente por no haber sido expuestos a la exigencia y a la frustración. Tenemos un problema importante en el mundo del fútbol base, al encontrarnos esta situación reflejo de lo que vemos en la sociedad. 

Lo notamos en concreto en la educación. Ahora los niños tienen lagunas en cuestiones muy básicas porque se les exige mucho menos, las asignaturas se han reducido en contenido porque aprender un método de trabajo es más importante que aprender un contenido, no hace falta hacer exámenes y no todos los alumnos deberán estudiarlo todo, cada uno escoge un aspecto concreto y hace una exposición oral sobre eso. En el caso de hacer exámenes, son mucho más fáciles y cuando se les achaca que no saben nada, se argumenta con el tópico de que no saben menos sino que saben otras cosas diferentes.

Estamos en un momento en el que se priman las habilidades frente a los conocimientos concretos sin darnos cuenta de que primero necesitamos aprender y después automatizarlo para que se convierta en una habilidad o destreza. Queremos enseñarles a nuestros futbolistas lo importante que es jugar en equipo, tomar decisiones, superarse ante las adversidades y no les enseñamos para nada los fundamentos del fútbol. Argumentan que ya lo aprenderán jugando. Lo irán descubriendo ellos mismos mediante la práctica deportiva. 

En el mundo del fútbol, están en auge habilidades como la toma de decisiones, la creatividad, la innovación, el liderazgo o la inteligencia emocional y ya no se valoran las destrezas, especialmente la técnica porque no se ve tan necesario para aprender a jugar. 

Cómo regatear o controlar un balón––según los nuevos pedagogos–– es algo que ellos mismos irán descubriendo con el juego. No se dan cuenta que es el fundamento de todo y el punto de partida para lo demás. Si aprendo a controlar o a pasar bien, luego podré interpretar el partido y podré tomar decisiones, ejecutándolas correctamente. Pero si no poseo los conocimientos correctos del pase, no podré hacer lo demás.

Está bien trabajar la toma de decisiones, la creatividad, la innovación pero hemos de tener en cuenta que estas habilidades mencionadas se basan en dominar previamente la técnica. Además, no olvidemos que está comprobado que existe una relación entre la técnica y la inteligencia que nos daría mucho que hablar aunque, para no desviarnos del tema, mejor dejarlo para otro momento.

Volvamos al mundo de la educación: ¿Saben a qué escuela llevan en Silicon Valley a sus hijos? Precisamente a colegios donde no hay ordenadores, ni tabletas, ni tecnología. Buscan un lugar donde les enseñen a fondo la Lengua y las Matemáticas. Quieren que sus hijos lleguen a ser personas equilibradas física y socialmente, que tengan un buen lenguaje para comunicarse y dominen los números para desarrollar su competencia lógica. Quieren que sus hijos en el futuro sean creadores de tecnología y no simples usuarios.

Si trabajamos a fondo la técnica, nuestros jóvenes jugadores tendrán las herramientas necesarias para ser más creativos, tomar mejores decisiones y ser más efectivos en el juego del fútbol. No se entiende por qué se enfoca la formación al revés. Sin esas herramientas, no podrán crear ni ejecutar nada.

El aprender a aprender que se está proponiendo ahora es un eslogan superficial. La mejor manera de aprender más es empezar a aprender. Sin datos es imposible empezar a aprender. No podemos aprender sin aprender algo. Por desgracia lo que está ocurriendo es que en los planeas de formación de muchos países se está cambiando los contenidos por las competencias.

La locura que se está imponiendo en el fútbol actual consiste en hacer más hincapié en que los futbolistas aprendan descubriendo por si mismos lo que se debe hacer en cada momento descuidando la enseñanza de los contenidos del fútbol. Se deja de transmitir lo que el futbolista debe saber para jugar al fútbol y se incentiva el descubrimiento guiado. Se valora más el método y no tanto el contenido. 

La excusa que se pone es que el mundo está cambiando y que nadie puede quedarse atrás en la carrera de la modernización. Soplan nuevos vientos y ahora hay que organizar los entrenamientos de otro modo. Los directivos no entienden de educación y se quejan de que hay excesivo contenido analítico en los entrenamientos que les priva a los jugadores de fomentar otras destrezas más importantes. 

Sin embargo, está comprobado que las escuelas de fútbol que tienen más éxito en todo el mundo son aquellas que siguen una metodología tradicional donde el entrenador explica y transmite los fundamentos de la técnica. No consideramos éxito a los resultados de competición porque esto puede conseguirse sin aprender apenas nada, sino a los resultados de la formación a largo plazo. 

Hoy en día, los entrenadores cada vez están buscando más fórmulas a partir de la innovación educativa para que el interés de los jugadores no decaiga. Y es algo ridícula esta situación. Les preocupa más que no se aburran a que aprendan. Lo que realmente hace falta es ser eficaz e interesante en los entrenamientos. El formador inteligente lo que hace es prestar atención a sus jugadores preparando muy bien las clases para que sean lo más atractivas posibles pero sin olvidar de transmitir contenidos y seguir exigiendo al máximo. 

Ahora está muy de moda un método que consiste en investigar en los entenamientos. Detrás de esta idea está Rousseau que defiende que los alumnos van a utilizar su curiosidad para enterarse por sí solos de cómo son las cosas. John Dewey quiso innovar con esta teoría de aprender haciendo y defendía que de esta forma se aprendía mejor porque la colaboración entre alumnos con talento teórico y talento práctico iba a mejorar la cohesión de la clase.

¿Cuántas veces escuchamos estas nuevas teorías en nuestros oídos? Deja de decirle cosas a tus jugadores. ¿Quién juega, él o tú? Debes dejarle que se equivoque y que vaya descubriendo por sí mismo lo que debe hacer. No importa si perdemos pero él será más inteligente porque en lugar de decírselo nosotros, lo habrá descubierto él.

Por desgracia es un método muy lento y muy inseguro porque no hay garantía de que los jugadores lleguen a entender bien y aprendan lo que el entrenador quiere que aprendan. Puede decirse que en muchos casos es más bien un hacer sin aprender nada. 

No está nada mal la idea inicial pero de una forma moderada. Es cierto que algunos entrenadores utilizan a sus jugadores como si fueran piezas de ajedrez que se mueven según indica el entrenador sin dejarles pensar ni decidir. Esta es la parte más radical pero muy real de lo que se hace hoy en día en el fútbol.

La nueva pedagogía se va al otro extremo. El entrenador deja que sean ellos los que van tomando las decisiones del partido y aunque se equivoquen, son ellos los que mediante la investigación, deben descubrir el camino que les lleve a la victoria.

La idea es que los jugadores trabajen por su cuenta sin seguir las indicaciones de sus profesores porque eso les da una destreza ideal para llegar a ser profesionales.

Existe un camino intermedio que toma lo mejor de cada teoría y que puede servirnos para conseguir grandes objetivos de aprendizaje. Enseñamos de forma teórica y práctica a nuestros jugadores los contenidos del fútbol y, durante el partido les dejamos a ellos tomar decisiones. Las corregimos juntos, después del partido, analizamos los errores para corregirlos y así mejorar en el siguiente partido. 

El entrenador es transmisor de conocimientos pero permite que ellos tomen decisiones en los partidos para descubrir juntos los errores y ayudarles a corregirlos. El papel del entrenador sigue siendo fundamental y mucho más eficaz a largo plazo que la postura radical planteada anteriormente.

¿Cuál es la razón por la que cuajen estas ideas en el mundo de la enseñanza del fútbol? Todo este pensamiento busca algo muy definido: que todos los jugadores obtengan los mismos resultados para no marcar diferencias. Eso lleva consigo eliminar contenidos para que no haya desigualdad. Por tanto, lo que saben los jugadores ahora no es un poco menos, es bastante menos. Tenemos escuelas de fútbol perfectamente equipadas tecnológicamente pero no podemos exigirles que se esfuercen porque no lo han hecho nunca.

Han surgido en estos años un montón de ideas sin fundamentación y se han aplicado sin comprobar su eficacia. Por ejemplo, ¿por qué le vas a enseñar técnica de forma aislada cuando hay que enseñarla siempre en situación real de juego? Es la idea de que todo cambia tan rápido que si no se aprende algo no importa porque no va a permanecer para siempre. 

Se está atacando la idea de aprender conocimientos concretos porque no sirve para nada. Lo que dicen es que es mejor entrenarse para ser capaz de aprender cualquier cosa en el futuro más que perder el tiempo aprendiendo un montón de técnicas. Se dice que hay que preparar al jugador del futuro y se le describe no como un jugador con mucha técnica sino aquel que es capaz de adaptarse a todas las situaciones del equipo y sabe leer perfectamente la situación de partido. No importa tanto si juega con las dos piernas o si tiene una buena técnica individual. Y eso es un error. Eso que se busca en el jugador es importante pero basado en unas condiciones físicas y técnicas.

Los que defienden esto no se dan cuenta de que sin la técnica es imposible aprender a tomar decisiones. Si yo quiero montar un equipo, lo que busco son personas con dominios específicos complementarios que originarán un equipo completo. No me sirven personas que han dedicado su tiempo a aprender a trabajar en equipo, a tener empatía o a desarrollar su inteligencia emocional. Es bueno tener esas destrezas, pero no reemplazan los conocimientos. Necesitaré extremos rápidos con capacidad de desbordar, buenos pasadores en el centro del campo, delanteros con capacidad de definición etc.

Los países donde hay mejores resultados en las escuelas de fútbol no son precisamente los que han aplicado la nueva pedagogía. Las escuelas con éxito, aunque trabajan en equipo y valoran la psicología del alumno, se concentran especialmente en los contenidos, en la evaluación continua y mantienen una buena disciplina Además logran atraer a entrenadores inteligentes que disfrutan enseñando. Recordemos que son la pieza clave para el éxito de la formación de nuestros futbolistas.

Si volvemos al mundo de la educación, podemos decir que los informes PISA han revolucionado el debate sobre educación por introducir datos no contaminados por los deseos de políticos y teóricos de la educación. Los nuevos pedagogos han sido muy desprestigiados con estos datos que no existían antes y, por lo tanto, les permitía divagar sobre educación sin una demostración previa de su fiabilidad. Ahora no, los resultados son los que son: muy negativos para las nuevas pedagogías.

¿Queremos mejorar nuestras escuelas de fútbol? No es cuestión solo de dinero como algunos piensan. Los niños podrían aprender más simplemente estando más concentrados en los entrenamientos y trabajando con más intensidad pero para eso hay que tener autodisciplina y volvemos al problema inicial: no está de moda y no la hemos fomentado.

Es falso que los mejores resultados surgen de las zonas con más capacidad económica. Se suele argumentar que el nivel socioeconómico repercute en los resultados de los jugadores: mejoran porque tienen buenas instalaciones, buenos materiales, profesores bien pagados. 

No es cierto. Son factores que pueden ayudar pero no son fundamentales porque les faltan aspectos decisivos para conseguir el éxito: el interés dedicado por el alumno y el apoyo recibido por su familia, por cierto, dos bienes inmateriales que no tienen nada que ver con el nivel socioeconómico.

Si el deseo de los jugadores de lograr buenos resultados es los que prima y los entrenadores son excelentes, puede conseguirse, a pesar de poseer un nivel socioeconómico bajo, resultados excelentes a través de su propio esfuerzo. 

Seamos pues prudentes a la hora de aplicar esas nuevas pedagogías que se venden como innovadoras y que atacan a las anteriores tildándolas de anticuadas. Las teorías y metodologías cambian pero lo que permanece siempre son esos valores que permiten al futbolista formarse por un camino seguro: esfuerzo, excelencia, disciplina y apoyo familiar.