La metodología de Marcet está extendida por los cinco continentes. Muchos me preguntáis cómo son las clases de Marcet. ¿por qué tienen tanta eficacia en el rendimiento de los jugadores? Hoy quiero empezar a explicaros con detalle sus fundamentos:

Las clases en la Fundación Marcet tienen unas características comunes que siempre hay que tener en cuenta y que facilitan la calidad en la enseñanza:

En primer lugar las clases hay que prepararlas muy bien ya que en la Fundación Marcet se ha hecho un esfuerzo por programar y diseñar cada una de las sesiones de un curso de tal forma que se ofrecen los ejercicios que van a cubrir los objetivos que perseguimos, con una descripción en forma de texto, un dibujo o esquema e incluso con un video que deja muy claro lo que queremos aplicar.

El profesor debe hacer un esfuerzo y encontrar tiempo cada día para preparar las clases del día siguiente incluyendo aquellas variantes que vea necesarias por el grupo con el que está trabajando y haciendo hincapié en aquello que le parece más importante dentro de lo que necesita ese grupo. De ahí la importancia de tener un grupo que sea lo más homogéneo posible.

Es algo imprescindible consultar la parte teórica del concepto que está enseñando. Por ejemplo, si ese día trabajamos a primera hora tiro, he de revisar el video sobre la teoría del tiro para utilizar el mismo tipo de vocabulario y hacer las correcciones según lo que la Fundación Marcet enseña. Se da el caso de que en todos los temas hay opiniones dispares sobre algunos conceptos y queremos que todos los profesores enseñen lo mismo y con un mismo vocabulario.  En esos vídeos se hacen muchas sugerencias sobre el gesto técnico que nos servirán para poder corregir a nuestros alumnos.

El profesor recibe al principio del curso una declaración de objetivos que perseguimos en ese curso que en realidad son los contenidos que vamos a trabajar con sus items de evaluación.

Esto nos permite en cada momento tener claro que perseguimos con cada ejercicio y nos ayuda a mejorar la eficacia de nuestra enseñanza ya que nuestros alumnos tienen claro lo que queremos conseguir con el ejercicio que está realizando y el profesor no pierde el tiempo corrigiendo otras mil cosas que podemos ver en ese momento sino que se ciñe al objetivo marcado por el ejercicio.

Tampoco hemos de ser exhaustivos en el sentido de que posiblemente cuando termine el ejercicio y la sesión nuestros alumnos todavía no habrán asimilado el concepto que queremos enseñarles pero sabemos que a lo largo de las siguientes clases seguiremos trabajando estos mismos objetivos hasta llegar a consolidarlos al máximo de sus posibilidades. Tener una visión global del trabajo que queremos realizar con nuestros alumnos es fundamental para el profesor que desea ser riguroso con los objetivos que se plantean.

Es importante que el profesor lleve un pequeño esquema de lo que va a realizar. Una clase puede tener unos 6 ejercicios diferentes y es lógico que no los recuerde perfectamente pero si los lleva apuntados en su carpeta, puede hacer pequeñas consultas a lo largo de la clase cuando están estirando, cuando van a beber agua, mientras colocamos los conos, etc. No se debe llevar constantemente en la mano porque da una sensación de poca seguridad en su trabajo.

Es imposible que no se utilice ningún papel como guía de trabajo ya que son tres o cuatro las sesiones del día y eso significa unos 20/24 ejercicios que se deben presentar muchas veces de forma progresiva y que es imposible retenerlos a lo largo del día. Si un  profesor no tiene este esquema de trabajo diario, es que está improvisando y esto no interesa nada.

El peligro más grande que tenemos en la Fundación es la del profesor que por definición improvisa las clases porque lleva ya mucho tiempo impartiéndolas y argumenta que ya se las sabe de memoria. Este es el peligro que siempre ha existido en la educación: profesores que pierden la ilusión de la enseñanza y se convierten en meros repetidores de lo que recuerdan sin capacidad ni ilusión por innovar y mejorar día a día las mismas clases de siempre.

Todas las clases deben empezar con una pequeña introducción donde se explique lo que se va a hacer y para qué sirve. Muchas veces se pasa directamente a la acción sin explicarles nada a los alumnos. Otras lo que ocurre es que sí se les explica lo que tienen que hacer pero se les olvida conectarlo a la funcionalidad del partido. Normalmente los que han jugado al fútbol en serio, son los educadores que más tienen en cuenta la utilidad para el partido de todo cuanto se enseña.

Hay profesores que tienen tanto afán de explicar las cosas que se exceden en el tiempo de descripción del ejercicio. Sin darse cuenta se convierten en profesores aburridos e insoportables. Los chicos son capaces de escuchar un rato pero no mucho y eso hay que tenerlo en cuenta.

En otras ocasiones lo que ocurre es que nos explicamos tan mal que los alumnos no entienden lo que les queremos decir con lo que es un problema porque para que arranque el ejercicio cuesta mucho más y echamos la culpa de malas entendederas al grupo cuando en realidad somos nosotros que lo explicamos mal.

En los grupos no hay más de 12 jugadores (8 porteros) con lo que es un número que ya de por sí favorece mucho el proceso de enseñanza y, por este motivo, hemos de conseguir que los profesores tengan en cuenta que, además de los objetivos que cada sesión lleve consigo, existen los objetivos personales que cada alumno se ha marcado con su profesor y que va desarrollándolos a lo largo del curso con la supervisión de éste. Por ejemplo, si es un jugador con una buena técnica pero únicamente utiliza una pierna, un objetivo personal será trabajar mucho la otra pierna para conseguir que llegue a utilizarla con la misma eficacia. Otro necesitará más intensidad en el gesto técnico, etc. Durante la sesión debe saber ir controlando estos objetivos personales.