Si realmente te consideras un formador dentro del mundo del fútbol base, me gustaría explicarte lo que significa evaluar a tus jugadores a lo largo de la temporada.

Si lo que te consideras es simplemente un entrenador donde lo único que interesa son los tres puntos del fin de semana, entonces no hace falta que pierdas el tiempo leyendo este artículo porque no tengo nada que decirte.

Si lo que de verdad deseas es que cada uno de tus jugadores progrese al máximo dentro de sus posibilidades, tengo algo importante que decirte que quizá puede ayudarte si tienes un poco de paciencia.

Me imagino que para esta temporada que has empezado, has realizado una programación donde has planificado al detalle todo aquellos que quieres enseñar a tus jugadores, de acuerdo con el programa general que hay en el club.

Si no tienes programa y no hay un verdadero trabajo de coordinación entre las diferentes etapas del jugador, no merece la pena que sigamos hablando aunque puedes continuar leyendo para intentar ponerte al día con una buena programación.

Los que buscan resultados rápidos como es el de ganar el próximo domingo, suelen improvisar bastante porque lo único que hacen es olvidarse de la formación a largo plazo y durante las tres sesiones semanales de entrenamiento se dedican a machacar aquello que piensa puede servirles para conseguir la victoria, sin programa alguno.

Al final del año, posiblemente no ha ganado y tampoco ha podido trabajar en profundidad con su equipo. Sin embargo, los que realmente lo pagan son los jugadores a los que se les priva de un aprendizaje importante.

Pero si eres de los que tienes paciencia y trabajas a largo plazo, aunque te preocupa el partido del domingo pero no tiras la casa por la ventana por culpa del resultado, creo que podemos conseguir grandes cosas si me regalas unos minutos de tu precioso tiempo.

Desde hace ya un tiempo quisimos ser coherentes con nuestro estilo de formar y decidimos darle mucha importancia a la evaluación en general.

Vimos que era el motor que iba a mover todo nuestro proceso de formación. 

Empezamos a trabajar muy en serio describiendo los contenidos y objetivos que deseábamos incluir en nuestro plan de formación. Vimos que había que trabajar de forma integrada la preparación física, la técnica, la táctica y los valores deportivos.

Desarrollamos un plan muy detallado donde intervinieron muchos entrenadores de diversas categorías para conseguir un consenso y un acuerdo entre todos. Una vez aprobado, lo plasmamos en una programación anual detallando qué objetivos íbamos a trabajar cada semana y cada mes.

Para que todo esto funcionara, fijamos un sistema de evaluación del alumno con criterios muy claros para facilitar una correcta ejecución. Estábamos felices porque teníamos todos un plan común que cada profesor debía implantar con su equipo.

El profesor debía desarrollar sus propios ejercicios, adecuados a su edad, para conseguir los objetivos marcados. Ya no era preparar o improvisar el entrenamiento que nos iba a llevar a corregir los errores del pasado domingo durante el partido.

Se trataba de un plan formativo donde se trabajaba muy en serio para obtener resultados a largo plazo, mediante un programa que aseguraba el enriquecimiento completo del jugador.

Teníamos la seguridad de que el entrenador iba a tocar, a lo largo del año, todos aquellos temas necesarios para su desarrollo integral como futbolista.

Y para que todo funcionara bien, nos apoyamos en la evaluación: una evaluación del alumno, del profesor, del programa, de la institución. Una evaluación muy completa que nos permitiría detectar dónde estaban los errores para poderlos corregir y mejorar a partid de ellos.

Para nosotros evaluar es recoger información. Cuando le estoy poniendo un 7 en un concepto del pase como es la precisión estoy diciendo muchas cosas.

Para nosotros evaluar es analizar esa información. Cuando analizo ese 7, estoy entendiendo que su precisión es buena aunque hay cosas que puede mejorar. Incluso puedo saber, por la observación, qué aspectos son los que debe mejorar para poder progresar en ese aspecto. Tengo además una relación del nivel con respecto al resto del grupo, tengo la posibilidad de conocer la impresión del propio jugador al respecto…son muchos los aspectos que puedo analizar que me servirán para el tercer paso que es la toma de decisiones.

Para nosotros evaluar es tomar decisiones. Con todos los datos recogidos y analizados, llega el momento de tomar decisiones que posiblemente regularán el proceso de enseñanza y de aprendizaje. Decidiré si tengo que reforzar un poco más en los entrenamientos siguientes este aspecto a nivel individual o colectivo dependiendo si es una carencia general o personal.

Eso no significa que yo cambie el programa establecido sino que lo adecue al proceso de aprendizaje de mis jugadores para que consigan los objetivos que nos hemos marcado a medio plazo.

Un profesor me interrumpe, en una charla sobre este tema, para indicarme que en su equipo, cuando llega al final del programa donde se trabaja el pase, siguen fallando enormemente en la precisión. Argumenta que necesita más tiempo para conseguir el resultado deseado.

Me parece una intervención interesante y por eso la incluyo en el artículo. Le tranquilicé comentándole que no buscamos la perfección en un año de trabajo sino la mejora. No dominarán el concepto al completo pero habrán avanzado un poco más. Al siguiente año, se volverá a trabajar este aspecto y subirán un escalón más y así sucesivamente. No podemos pretender obtener la perfección en un año ni en dos. Es necesario un proceso de bastantes años para alcanzar resultados muy buenos. De ahí el valor de seguir siempre una programación seria.

Por eso insistimos tanto en la paciencia. No trabajamos para conseguir resultados a corto plazo. Si somos conscientes de esto, nuestra forma de enseñar cambiará y nuestros jugadores saldrán muy beneficiados.

Por tanto, podemos decir que:

La evaluación condiciona qué se aprende y cómo se aprende.

Es muy importante que en la evaluación no caigamos en el error de considerarla como un trámite más que hemos de realizar después de nuestro trabajo en el campo. Coloco en cada casilla la nota que se merecen pensando que no tiene más importancia.

Antes hemos comentado que la evaluación va a ser la que regule todo el proceso de enseñanza y he de utilizar esos datos para conocer las causas de esos errores, de esas dificultades del alumno.

Si seguimos con el ejemplo de la precisión en el pase, no puedo ponerle un 7 y quedarme tan tranquilo. Como hemos dicho antes hemos de analizar detalladamente las causas de esa falta de precisión. He de preguntarme con calma cómo puedo mejorar esa dificultad del alumno.

Desgraciadamente, muchos entrenadores no saben darle respuesta a estos problemas por falta de conocimiento teórico- práctico del proceso biomecánico que hay detrás de un pase poco preciso. He de saber analizar cómo debo colocar el pie de apoyo, con que superficie golpeo al balón, cómo tenía el cuerpo en el momento del golpeo, con qué nivel de concentración lo ejecutó…y tantos otros aspectos que hemos de descubrir para poder ayudarle.

No podemos limitarnos a decirle que te falta precisión en el pase, hemos de profundizar un poco más y analizar conjuntamente las causas de ese error para que realmente esté seguro de que si mejora esos aspectos, conseguirá mejorar en su precisión.

Cuando empezamos a enseñar un concepto nuevo y al final de la sesión de entrenamiento se lo evaluamos, hemos de saber que esa primera evaluación es muy importante ya que será como el punto de partida desde donde inicia su progresión.

Por lo tanto, hemos de cuidar muy bien cómo le calificamos. Imaginemos que le ponemos un 6. Quiere decir que aunque no lo hace mal, hay mucho margen de mejora hasta llegar al 10. Si no somos realmente precisos en esa primera evaluación, esa nota no nos servirá para poder realizar un buen análisis de la situación en la que se encuentra de inicio y el entrenador puede estar mal orientado en la regulación del proceso de enseñanza en este aspecto.

Los entrenadores, con la experiencia de los años, son capaces de acertar cada vez con más precisión. Por tanto no debemos preocuparnos si no acertamos, siempre que lo hagamos con la seriedad y profesionalidad necesaria. Teniendo muy en cuenta los criterios de evaluación.

Sin embargo, la evaluación más importante es la que realizamos continuamente a lo largo de todo el proceso. Si cada día, al finalizar el entrenamiento, eres capaz de evaluar a tus jugadores, les podrás ayudar más ya que entendemos, a estas alturas, que evaluar no es calificar simplemente sino detectar sus errores para ayudarles a mejorar.

Siempre insisto que el entrenador debe entender que el entrenamiento no termina hasta que no ha evaluado a sus jugadores. Es un hábito que denota responsabilidad por parte del formador ya que es, como hemos dicho, el motor del proceso de aprendizaje. No hacerlo indica dejadez, pereza, superficialidad y no haber entendido en qué consiste su trabajo.

Es muy importante que los coordinadores de los clubes insistan mucho en este proceso de programar, entrenar y evaluar como una unidad inseparable e imprescindible. No se puede entrenar sin programar y no se puede entrenar sin evaluar.

Quiero insistir en una idea que está muy relacionada con todo lo que hemos dicho. Desgraciadamente en muchas mentes de jugadores y de entrenadores el error, la derrota, el fallo, son tomados como algo negativo.

Solemos ver en los campos a entrenadores castigando duramente los errores de los chicos y a jugadores con una terrible sensación de fracaso ante la derrota o el error personal.

Hemos de cambiar este pensamiento por otro más positivo.

En realidad el error es útil para poder regular el proceso de aprendizaje. 

Siempre he dicho que lo mejor es quedar segundos en un campeonato. El primero, como ha ganado, piensa que lo ha hecho todo bien y no busca ninguna mejora, incluso es fácil que se relaje. En cambio, el que ha quedado segundo, tiene la sensación de que lo ha hecho bastante bien pero todavía tiene errores que debe corregir.

Hemos de crear un ambiente en los entrenamientos que nos lleve a pensar que ese error que he cometido me va a servir como punto de partida para aprender. Hemos de analizar las causas y ayudarles a los alumnos a reconocerlas porque es la única forma de corregirlas. Y siempre hay fallos. Nunca nada sale perfecto.

En la evaluación, hemos de conseguir lo mismo. Nuestros jugadores no tienen que tener miedo a equivocarse. Es algo normal en el proceso de aprendizaje.

Un buen alumno es el que sabe identificar sus errores y corregirlos.

Esto significa un cambio en la mentalidad a la hora de evaluar. Hemos de conseguir que el propio alumno sea capaz de detectar esos errores porque, de esta forma, los hace totalmente suyos y los asume como punto de partida para corregirlos. Esto será capaz de hacerlo cuando el jugador tenga muy claro los objetivos que buscamos y los criterios de evaluación que utilizamos.

Lo comento porque, en cada entrenamiento y partido, hemos de dedicar siempre un tiempo a explicar lo que queremos enseñar y cómo lo haremos. Eso facilita enormemente el aprendizaje del alumno y muchas veces, por desgracia lo omitimos. El alumno realiza los ejercicios en el campo como un robot sin la posibilidad de conocer qué se busca en cada uno de los ejercicios. Cuanta más información le demos al jugador, más motivado estará para adquirir esas destrezas que deseamos mostrarles.

Por tanto, el error nunca se debe sancionar en nuestro equipo de fútbol. Debe de considerarse como el eje del trabajo colectivo.

Hemos tener muy claro que una evaluación debe ser siempre motivadora, debe animar al alumno a seguir progresando y para eso debemos proporcionales criterios para que comprendan sus errores y sean capaces de superarlos reconociendo siempre sus éxitos.

Olvidemos para siempre las evaluaciones punitivas que buscan castigar los errores y donde no se tiene en cuenta el nivel inicial, ni su progresión en el tiempo, ni se les han proporcionado herramientas adecuadas para corregirlos.

Espero que todas estas ideas puedan ayudarte a mejorar tu proceso de enseñanza durante esta temporada que acaba de empezar con la única idea de ayudar a nuestros jugadores en su progresión deportiva y humana. También espero que tengamos todos muy claro que

el propósito fundamental de la evaluación es asegurar el éxito del proceso educativo.