Quiero presentarte un caso muy habitual que puede ayudarte a mejorar el rendimiento de tu equipo y hacerte pensar en cómo mejorar algunos aspectos del grupo de jugadores que diriges.

 

Nos encontramos ante un equipo formado por jugadores de un gran nivel técnico, una fortaleza física considerable, entrenamientos de gran calidad. Lo que se puede decir un equipo compacto y con la talla suficiente para plantar cara a cualquiera y, sin embargo, los resultados no llegan, el equipo se va hundiendo y no hay forma de frenarlo. Posiblemente, si todo sigue así, descenderán de categoría, impotentes.

 

¿Qué está pasando? ¿Qué podemos aprender de todo esto? ¿Cómo es posible que un equipo con tan buenos jugadores no esté funcionando como debiera? ¿No es quizá algo que te esté ocurriendo a ti como entrenador? ¿o a tu hijo como jugador que forma parte de un equipo?

 

Últimamente he tenido mucha curiosidad en descubrir los causas por las que un grupo funciona bien o mal y he llegado a la conclusión de que el entrenador es una persona que necesita saber mucho de estrategia, de técnica, de táctica, de psicología y… de gestión de equipo.

 

En otros artículos hemos hablado con bastante profundidad de la idea del entrenador como líder del grupo: http://www.javiermarcet.com/index.php/2014/08/27/el-entrenador-autentico-lider-del-equipo-i/ . Pero ahora quiero llegar a algo más. El entrenador como líder ha de ser capaz de sacar los diferentes liderazgos del grupo. Eso también es importante.

 

Piensa sinceramente en tu caso ¿Es realmente el tuyo un equipo o simplemente un grupo de futbolistas que juega cada uno a lo que sabe? ¿Hay algo que los una? ¿Se sienten identificados entre ellos y con tus ideas? Sí, llevan la misma camiseta, tienen el mismo entrenador, juegan en el mismo club pero no son un verdadero equipo. Esto sucede con frecuencia en nuestros campos de fútbol.

 

Es verdad que tienen un objetivo común como grupo ya que se juntan para jugar a fútbol y no para estudiar matemáticas. Es un equipo de fútbol y entre ellos deben cooperar para conseguir su objetivo. Además cada jugador posee un rol dentro de este equipo para ayudar al grupo a salir adelante. 

 

Hasta aquí, pienso que todo está claro. Pero la labor de un entrenador no es que jueguen al fútbol sino la de sacarle al grupo el máximo rendimiento posible. Lógicamente, si esto no es algo que te interese, este artículo no es para ti. Debes dejar de leer y preocuparte simplemente de convertirte en un cuidador, más que en un entrenador. Cuidas unos niños mientras estos juegan al fútbol.

 

En el caso de que tengas esta ilusión por mejorarles como grupo (incluye también su formación individual), observa con detalle y analiza si dentro de este equipo hay jugadores egoístas que buscan sobresalir por encima de todo. S los tienes, has de conseguir que vean claro que deben renunciar a sus intereses personales por el bien del grupo.

Para conseguirlo, son ellos los que deben estar convencidos de que eso debe ser así. No se lo puedes imponer sino que ellos deben creer que es lo mejor porque, al final, obtienes una gratificación mayor que la del propio ego.

 

Me encanta poner el caso de Phil Jackson el entrenador de baloncesto de los Bulls. Consiguió cambiar el equipo haciéndoles ver que eran unos egoístas y que así nunca iban a ganar nada. Cada uno tiraba por un lado y las fuerzas se dispersaban. Trabajó mucho para convencerlos realmente de que esto era así y, a partir de este cambio, el equipo empezó a ganarlo todo. Se convirtió en el mejor equipo de la historia del baloncesto mundial.

 

Algo parecido le ocurrió al FCBarcelona. Cuando llegó Pep Guardiola se encontró un vestuario realmente destrozado. Jugadores con mucho talento pero egoístas. Limpió el vestuario y se quedó con las personas adecuadas. A partir de ahí, se ha formado el mejor equipo de la historia, el famoso Dream Team.

 

Me encuentro muchas veces con equipos que me vencen sin ser superiores a mi. ¿Qué está pasando? Miro uno a uno a mis jugadores y tienen todos mejor técnica y más talento que los que tengo frente a mí. Sin embargo, consiguen vencerme.

No se trata de tener los mejores jugadores e ir fichando todo lo que sobresale por ahí. El entrenador debe ser capaz de escoger las personas adecuadas para el rol que les quiere dar dentro del equipo.

Lo que te está pasando es que el equipo contra el que te enfrentas está perfectamente compensado. No destaca nadie por ser una gran figura, pero cada uno cumple perfectamente su misión dentro del equipo. Sus acciones suman y consiguen mucho más que tu equipo lleno de talentos pero quizá poco compensados y sin la cohesión del rival.

 

En una entrevista al seleccionador nacional de fútbol sala, Javier Lozano, le preguntaban cuál era la clave para cosechar tantos éxitos. Sin dudarlo respondió:

 

está en no elegir a los mejores (fuerte tentación de muchos entrenadores) sino a los más adecuados.

 

Cuando tu equipo juega con unas consignas, todos  unidos, con la seguridad de que es esa la única forma de conseguir lo que el grupo se propone, puedes dejarles jugar solos porque tu trabajo ya está consolidado. A pesar de la presión que puedan recibir durante el partido: gol adverso, expulsión de un jugador, error descomunal de un jugador frente a la portería contraria, etc, el equipo sigue con fidelidad ejemplar los roles que el entrenador ha adjudicado a cada uno de los jugadores.

 

Algo de esto pasó con la selección española de Hockey Hierba de España en las Olimpiadas del 92 en Barcelona. El objetivo era poder llegar a las semifinales. Había que superar un obstáculo bastante complicado: Pakistán, uno de los favoritos a la medalla de oro. El entrenador, tras darle muchas vueltas, decidió cambiar la forma de jugar procurando ser más defensivo. Los jugadores memorizaron sus nuevos roles y lo practicaron en el campo hasta que todo quedó muy claro.

 

La palabra clave del entrenador era: paciencia. Les insistía:

 

– El que gane, lo hará por la mínima diferencia y al final del partido.

 

Cuando faltaban 7 minutos para llegar al final del partido, se mantenía el empate. Todo iba sobre ruedas y había que seguir teniendo mucha paciencia. El entrenador les había insistido en esto en la media parte. Sin embargo, algunos jugadores empezaron a ponerse nerviosos, con miedo a que se les escapara el partido. Cambiaron sus roles y comenzaron a realizar jugadas individuales de ataque con la buena intención de salvar al equipo antes de que el árbitro pitara el final. 

 

Pakistán metió 2 goles en cinco minutos. El entrenador español no consiguió que sus jugadores creyeran en su filosofía. Por lo menos hasta el final. 

 

Como ya comenté anteriormente, un error bastante frecuente en los entrenadores es imponer su filosofía en lugar de convencerlos de que sea la filosofía del equipo.

 

El arte de gestionar un equipo está en conseguir que todos los miembros se sientan totalmente identificados con tu propuesta

 

Nunca imponer mi visión al grupo.

 

El equipo que describí al inicio del artículo cambió de entrenador y su mayor esfuerzo fue cohesionar el equipo transmitiéndoles su visión. Intentó conocer a fondo a los integrantes del equipo. Potenció en el vestuario una cultura de equipo estimulando su identidad. Favoreció el compromiso común de los jugadores por el equipo mejorando la convivencia colectiva. Les marcó objetivos estimulantes pero accesibles. Aclaró cuál era el rol de cada uno en el equipo. Impulsó la aparición de líderes en el vestuario. Intentó permanecer muy en contacto con el grupo con una actitud confiada. Celebró reuniones con los lideres y con el grupo de forma periódica. Evitó la formación de pandillas.

 

Hoy el equipo ha vuelto a conseguir una victoria. El equipo juega bien y como tiene mucha calidad individual y colectiva, se muestra muy fuerte ya que esa cohesión del grupo multiplica su rendimiento en el campo.

 

Me dirás que si esta fórmula la aplican los dos equipos que se enfrentan en un partido, las fuerzas se igualan. ¿Qué ocurre entonces? ¿Quién vencerá? 

 

Cuando los equipos juegan con esa cohesión que hemos descrito, las fuerzas se igualan y entonces hay que dar paso a los jugadores con talento que son los que decidirán el partido. O quizá el talento del entrenador será el que lo decida. 

 

Pero esto será motivo de otro artículo próximamente.

 

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