La edad de oro del aprendizaje en el fútbol

Un niño entre los 7 y los 12 años es capaz de aprender a una velocidad y con una calidad sorprendente. Son como esponjas que absorben todo lo que les decimos y todo lo que les mostramos. Si realmente queremos enseñara nuestros hijos a jugar al fútbol, hemos de aprovechar esas edades para enseñarles los aspectos fundamentales de la técnica. Es el momento de hacerlo.

Sin embargo, si echamos una mirada al fútbol base actual, los entrenadores te dicen que no tienen tiempo de enseñarles la técnica porque los entrenamientos sirven para preparar el partido del fin de semana. Se juegan la vida, su prestigio y el del Club. Los objetivos están marcados a corto plazo y la técnica es un objetivo a largo plazo que no entra dentro de su programa. Les es más fácil seleccionar niños con talento que formarlos. Muchas veces no hay en estos entrenadores ningún interés pero tampoco ninguna capacidad para poder conseguir de esos chicos una formación adecuada. Saben competir, nada más, y se llaman entrenadores, como los que hay en la liga profesional. Pero lo que necesita el fútbol base son formadores que se preocupen de la persona y aprovechen las situaciones del fútbol para que adquieran una formación integral.

¿Competir? ¡ No es el momento !

Un grupo de entrenadores y especialistas nos reunimos hace pocos días. Estábamos revisando nuestros programas de entrenamiento porque, aunque nos parece que han funcionado muy bien, es bueno y recomendable evaluarlos y formularnos una serie de preguntas que nos ayudan a conseguir mejoras: adaptarlos a las nuevas generaciones, complementarlos, presentarlos mejor, tener en cuenta aspectos olvidados, etc. Es una tarea muy enriquecedora para todos y recomiendo que todas las escuelas de fútbol del mundo lo ejecuten porque es muy interesante lo que se puede deducir de ahí.

Empezamos el diálogo por el programa de iniciación. Siempre he estado muy orgulloso de este proyecto porque es muy diferente a los demás y está elaborado con aportaciones muy originales. Sin embargo, las otras personas que estaban sentadas junto a mí, no transmitían el mismo entusiasmo.

Me di cuenta de que algo estaba fallando en el programa porque no todos estaban satisfechos con él. Empecé a entender por qué me costaba tanto que los entrenadores de iniciación utilizaran este programa. Me di cuenta de que no creían en él. Era el único convencido de su extraordinaria calidad. Pero ¿cuál era la razón  por la que no estaban nada convencidos? Tras una larga y animada conversación, pudimos llegar a puntos de encuentro en común: el programa era bueno pero al confeccionarlo, nos habíamos dejado la parte más importante que es su fundamentación teórica. ¿Por qué hacemos lo que proponemos? ¿por qué no de otra manera? ¿qué sentido tiene cada uno de los ejercicios que se proponen?

Comenzó un interesante dialogo entre los participantes a dicha reunión donde se llegó a poner en duda cuál es el periodo de máximo aprendizaje de la técnica en los niños. Es decir, en qué periodo los niños aprenden mucho más rápido la técnica del fútbol. Estuvimos investigando y dimos con respuestas más o menos parecidas y por fin pudimos deducir que entre los 7 y los 12 años es el periodo más eficaz para aprender la técnica de cualquier deporte. Antes de los 7, es posible pero no aprendes tan rápido como en estas edades. Después de los 12, ya llego tarde y lo que un niño de 10 años tarda en conseguirlo, uno de 15 emplea el doble de tiempo en aprenderlo.

Esto me hizo pensar en una consecuencia importante para nuestro fútbol base:

¿Cómo hemos de enfocar el trabajo con los niños entre los 3 y los 6 años que desean iniciarse en el fútbol o en otro deporte? Hemos de considerar que es un periodo donde les preparamos para que más adelante, posean las herramientas más adecuadas para practicar un deporte como el fútbol, aunque luego puede ser cualquier otro deporte: baloncesto, natación, tenis…

¿Cómo lo conseguimos? Los niños entre los 3 y los 6 años trabajan especialmente la psicomotricidad y los juegos con balón y sin él, también los circuitos con un cierto carácter lúdico competitivo. Hemos de tener paciencia y no podemos adentrarnos en la técnica, ni podemos pretender que realicen un juego colectivo correcto hasta los 7 años. Perdemos el tiempo porque no es su momento.

Sin embargo vemos ya bastantes clubes que han formado equipos con niños de 4 y 5 años. Lo llaman la escuelita y los lleva una persona muy joven y sin preparación. Los campos de juego son inmensos y el balón les llega por la rodilla. De nuevo estamos perdiendo un tiempo muy valioso donde el niño podría recibir una muy buena formación y lo sustituimos por una competición desproporcionada y unos entrenamientos vacíos de contenido. Es verdad que aprenden a competir desde muy pequeños, pero no es el momento.

Mientras, aquellos que están recibiendo una formación adecuada, propia de su edad, olvidándose de la competición, alcanzarán la edad de los 6/7 años con las herramientas necesarias para iniciarse en el fútbol; será un niño bien coordinado, con un buen equilibrio, con una capacidad gestual brillante, con los cimientos adecuados para construir un muy buen futbolista. El otro niño, el que jugaba al fútbol desde los 4 años, carecerá de esos fundamentos y, aunque parecía desarrollarse más rápidamente, se verá superado por aquel que supo esperar para iniciarse en el momento adecuado.

¿Cómo enfocar la enseñanza en los niños de 7 a 12 años? Nos centramos en la técnica individual mediante un trabajo profundo. Son las edades de oro para el aprendizaje de la técnica, con lo que hemos de aprovechar al máximo esa potencialidad y no perder el tiempo con aspectos tácticos de juego ya que el niño está en pleno periodo formativo.

Sin embargo, la realidad que nos encontramos es una competición envenenada, donde ganar es fundamental olvidando por completo el momento tan importante en que se encuentran los jugadores. Sí, es un juego que consiste en ganar al rival. Uno gana y otro pierde. Y todos queremos ser el que gana. Sin embargo, en esta etapa del jugador, hemos de poner por delante su formación, sin rechazar la posibilidad de la victoria. Sin embargo, ahora, una derrota puede significar un paso adelante en su progresión deportiva, siempre que sepamos enfocarlo correctamente. Siempre recordaré aquel entrenador que le echaba una bronca a su jugador porque había intentado tirar a puerta con su pierna menos hábil. Para el entrenador había sido una oportunidad perdida de conseguir el gol. Para el jugador había significado un intento de superar algo complicado pero importante para su formación completa. Cuantas más veces lo intente, antes lo conseguirá. No le importa fallar porque está aprendiendo. El entrenador en cambio, no quiere que aprenda sino que gane.

Llegamos pues a una conclusión bien fundamentada:

Un entrenador que se olvide de implementar en sus entrenamientos aspectos de técnica individual, esta descuidando gravemente la formación del niño y buscando únicamente el aprovechamiento de su talento para ganar partidos. Es una visión egoísta y poco seria del fútbol base que no debemos permitir.

¿Qué puede hacer un padre que se da cuenta de que su hijo está perdiendo la posibilidad de aprender en los mejores años de su vida?

Pensemos en algo que no tenga nada que ver con el fútbol. Cuando un padre observa que, para el futuro de su hijo, el inglés es un aspecto que debe dominar a la perfección, buscará unas clases de inglés serias, que complementen lo que hace en el colegio para que a los 14 años domine el idioma a la perfección. Le estamos dando las herramientas adecuadas para defenderse mejor en la vida.

Volvamos al fútbol. Cuando un padre se da cuenta de que su hijo está en ese periodo de oro de la formación y ve que esa preparación no existe en el equipo donde está, es lógico que lo lleve a un lugar donde pueda adquirir las herramientas necesarias para poder jugar al fútbol con la preparación adecuada a su edad.

Una vez llegue a los 15 años, los entrenadores no están para tonterías y trabajan mucho la condición física y la estrategia. ¿Y el trabajo de la técnica? ¿dónde esta? Ya pasó esa época. Se esfumó y no pudo aprovecharla. Los jugadores no tienen más remedio que suplirlo con su fuerza física, con su visión de juego, su colocación en el campo….

Ya no hay nada que hacer. Sin embargo, todos aquellos que le dieron importancia a la técnica en su momento adecuado, a largo plazo marcarán la diferencia con respecto a los que no se preocuparon por adquirirla. Sí, es verdad que vivieron momentos extraordinarios repletos de éxitos colectivos. Ese ruido ensordecedor del triunfo no les permitió darse cuenta de que estaban dejando pasar el tren de la formación, una oportunidad única que jamás puede recuperarse si no se sube a tiempo en la estación adecuada.

Cuando surgen los primeros síntomas de debilidad y se ponen a trabajar para conseguir adquirir esa técnica, comprueban que han llegado tarde porque ha pasado para ellos la edad esponja. Los que sí trabajaron la técnica en su momento, irán posicionándose por delante de aquellos que destacaban por su poderío físico, su velocidad, su fuerte disparo…Ahora, las cosas se han igualado y la diferencia la marca la técnica individual y la inteligencia del futbolista.

Vemos que hasta los 12 años, el niño ha perdido el tiempo por culpa de la competición, los entrenadores pierden el rumbo formativo y se dedican a ganar campeonatos olvidándose del periodo tan formidable en el que el niño es capaz de aprender con gran facilidad todo lo que se le enseña.

Si aprovechar el periodo formativo es la idea fundamental que deseo destacar en estos momentos, una consecuencia importante se deduce de todo esto. Si es la edad de oro del aprendizaje, hemos de colocar a los mejores formadores en este periodo. No puede ser un juvenil que nos saca del apuro, no puede ser un padre que jugó al fútbol y tiene tiempo, no puede ser un entrenador que solo busca victorias. Necesitamos un gran formador. Una buena escuela de fútbol debe ser consciente de esta situación y colocar a sus mejores hombres en este periodo de 7 a 12 años.

Los clubes no saben de dónde sacar estos formadores porque no hay tantos. El 90% de los entrenadores con titulación no son adecuados a este perfil que marcamos. Pero hay un 10% que sí. El secreto de la escuela de fútbol es encontrar a este 10% urgentemente y contratarlo para que trabajen con ellos porque será la persona clave que conseguirá formar a nuestros jugadores en el periodo más sensible de la formación. Es un entrenador diésel, que no va a golpe de acelerador, que tiene paciencia, que sabe esperar, que no tiene prisa, que es comprensivo y sabe motivar a sus jugadores.

Pero de nuevo nos equivocamos. Fichamos entrenadores con un perfil competitivo. Es relativamente sencillo encontrar uno. Cuantos más equipos en categorías altas haya llevado mejor, cuanta más cartera de jugadores tenga, mejor. Se le marcan objetivos resultadistas y todo vale con tal de conseguirlos. Los jugadores se pasean de un equipo a otro, cegados por las categorías y perdiendo un tiempo de oro en su propia formación. Los entrenadores aprovechan al máximo sus cualidades sin pensar en desarrollar un jugador completo que sea útil en el futuro, cuando la competición sí cobre su importancia real.

¿Qué podemos hacer?

Desde aquí hemos de intentar cambiar el enfoque del deporte en todos los niveles. Desde las directivas de los clubes hasta los entrenadores de los mismos equipos. Desde los dirigentes de las federaciones hasta los responsables de la comunicación audiovisual. Todos estamos involucrados en este cambio.

Si los clubes basan su proyectos deportivos únicamente en ascender una categoría…

Si los directores técnicos y coordinadores no se preocupan de exigir una programación formativa a los entrenadores del club…

Si los medios de comunicación miden los éxitos y fracasos por victorias, goles y derrotas…

Si las federaciones se dedican a conseguir el máximo número de licencias sin preocuparse ni controlar la calidad en la enseñanza del fútbol…

Si los entrenadores siguen destrozando niños mientras levantan su último trofeo…

Si los padres sueñan que su hijo será futbolista profesional y no se preocupa más que de sus goles…

Es normal que los niños futbolistas terminen su carrera como auténticos fracasados. Luego, para justificar lo mal que se ha llevado el tema,  se comenta que hace falta tener un poco de suerte, que aquel entrenador no le comprendió lo suficiente, que perdió la ilusión por seguir esforzándose, que el camino del futbolista es muy duro, etc.

En realidad, lo que ha pasado es todo lo contrario. Nuestros hijos han sido arrastrados por esa corriente competitiva, han abandonado la formación y, como consecuencia, han desaprovechado la oportunidad de aprender mucho en el momento adecuado, cegados por los triunfos a corto plazo y empujados por la impaciencia de los que deberían ser sus formadores y que en realidad han sido sus manipuladores.

El abuelo le preguntó a su hijo….

¿Por qué gastar tanto dinero para que tu hijo entrene fútbol?

Respuesta:

Bueno, tengo una confesión que hacer, yo no pago porque mi hijo entrene fútbol.

Personalmente, no podría importarme menos el fútbol

Así que, si no estoy pagando por el fútbol, ¿que estoy pagando?

– Pago por esas mil sonrisas que me regala el día de entrenamiento

– Pago por esos momentos en que mi hijo vuelve tan feliz de jugar que contagia alegría a mi familia.

– Pago por esos días que viene de la escuela demasiado cansado para ir a entrenar, pero va de todas formas, porque es un compromiso, y sabe que no puede fallarle al equipo.

– Pago para que mi hijo aprenda a ser disciplinado

– Pago para que mi hijo aprenda a cuidar su cuerpo y su mente

– Pago para que mi hijo aprenda a trabajar con los demás y sea un buen compañero.

– Pago para que mi hijo aprenda a lidiar con la decepción cuando no obtiene lo que esperaba, y que entienda que debe esforzarse más aún.

– Pago para que mi hijo sobrepase los obstáculos de la vida y aprenda a alcanzar todos sus objetivos.

– Pago para que nunca olvide que el éxito no ocurre de la noche a la mañana y para que entienda que necesita horas y horas de trabajo duro para mejorar en lo que se proponga.

– Pago por la oportunidad que tendrá mi hijo de hacer amistades para toda la vida.

– Pago para que mi hijo esté sobre el campo de juego y no frente al televisor, al celular o en la esquina “haciendo nada”.

– Pago para que aprenda a ser humilde en el triunfo y digno en la derrota.

– Pago para que aprenda valores que lo conviertan en una persona de bien el día de mañana.

Podría seguir, pero para ser breve: no pago por el fútbol.

Pago por las oportunidades que le ofrece este deporte a mi hijo de desarrollar habilidades que le serán fundamentales en su crecimiento, para que los valores que pretendemos enseñarle en casa sean reforzados en el fútbol y lo acompañen toda la vida.

Y por lo que he visto hasta hoy…creo que es mi mejor inversión.

¿Puede decirse lo mismo de tu hijo?