Comprender a las personas

Siempre me ha gustado tener un capitán, capaz de arrastrar al equipo hacia metas altas, que tire del grupo y los una para sentirse más fuertes ante las dificultades del camino.

Encontrar esa persona no es nada sencillo pero yo la tenía y ¡cómo cambia todo cuando tienes a un jugador de estas características! Es cómo una bicicleta eléctrica, cada vez que pedaleas, sientes como una fuerza invisible te empuja hacia delante alcanzando la meta con mucho menos esfuerzo y en menos tiempo.

Pero todo pudo cambiar cuando llegó al equipo Fernando, un jugador muy especial que intentó arrebatarle el puesto a Nacho, mi capitán. Todo el equipo escuchaba a Nacho cuando hablaba. Se le hacía bastante caso porque tenía prestigio y confiaban mucho en él. Pero desde que llegó Fernando, todo cambió ya que siempre discutía con el capitán y no estaban nunca de acuerdo.

El ambiente en el equipo empeoró bastante porque Fernando iba destrozando todo lo que Nacho proponía. Incluso llegó a convencer a algunos de que las cosas iban a ir mejor si él era el capitán. Consiguió dividir al equipo y eso se notó en los resultados a lo largo de la competición.

Un día, estábamos jugando un partido importante y noté que el equipo no tenía la fuerza y la unión que había mostrado en otras ocasiones y pude percibir cómo se discutían en el propio partido. Se podía apreciar la tensión entre ellos: cuando el portero fallaba, había alguna queja fuerte del delantero; cuando el delantero lanzaba fuera un tiro delante de puerta, se escuchaban algunas exclamaciones como de decepción de los defensas. En definitiva, surgían críticas e incluso algún insulto desagradable. 

El capitán intentaba animar para unir al equipo pero Fernando respondía a Nacho con cierto enfado y, por lo tanto, empujaba en dirección contraria al grupo. Le daba igual desunir al equipo y perder los partidos: lo único que le importaba era alcanzar el puesto de capitán.

Para mayor sorpresa, Nacho, en lugar de enfadarse con Fernando por lo que estaba ocurriendo, buscó comunicarse con todos y, especialmente, intentó encontrar la forma de tratar más a Fernando para conocerle un poco más ya que hacía poco que se había incorporado. El capitán tenía una gran facilidad para hacer amigos. Tenía un secreto para conseguirlo y era muy sencillo: cuando conoces bien a una persona, estás más preparado para comprenderle y aceptarle. 

Nacho siempre dice que cuando tratas a fondo a una persona, descubres muchas cosas buenas que hay en él que evitan tener una opinión negativa. Por eso el capitán procuraba coincidir con Fernando. Parecía coincidencia pero era puro esfuerzo de Nacho por conseguirlo: por ejemplo, si Fernando llegaba pronto a los entrenamientos y se metía en el vestuario, Nacho hacía el esfuerzo de llegar en ese momento para poder charlar un rato con él. Poco a poco iban saliendo ideas sobre su casa, su familia, sus estudios y, al revés también. Con eso se consiguió forjar una verdadera amistad entre ambos.

Es entonces cuando el capitán decidió invitarle a su casa. Por la casa de Nacho habían pasado prácticamente todos los del equipo. Sus padres estaban encantados de poder conocer a los amigos de su hijo. Esas invitaciones eran claves para conseguir una buena amistad. En casa, se desvelaban todos los secretos de uno. Incluso más si te quedabas a dormir una noche. Eso ya era lo mejor que podía suceder.

Pero Fernando estaba intrigado porque el capitán nunca se enfadaba con él a pesar de que siempre le llevaba la contraria en todo lo que proponía, simplemente para demostrarle que quería ser el nuevo capitán. Es más, ahora Nacho le ha invitado a su casa el fin de semana. ¿No entiende que estoy intentando quitarle su puesto?

Fernando y el capitán pasaron el fin de semana juntos. Esto sirvió para conocerse más según el plan previsto por el capitán. Fernando, en un momento del día, intrigado por la actitud abierta del capitán, le preguntó:

––¿Por qué no estás enfadado conmigo si siempre te llevo la contraria?

––No veo emotivo de enfadarme contigo por eso, ––responde el capitán. ––No pretendo tener la razón en todo y procuro escuchar lo que me dicen los demás para aprender de ellos. Yo estoy descubriendo muchas cosas gracias a ti, porque tus opiniones son valientes y sinceras y eso nos va bien a todos. Me ayudan a pensar mejor lo que tengo que decir decir.

––Sí, pero ¿no te molesta que quiera quitarte tu puesto como capitán del equipo? ––insiste Fernando.

Nacho se le queda mirando, como si esperara la pregunta desde hace tiempo y con mucha calma le responde:

––Ya que dices esto, quería comentarte que me encantaría que fueras el próximo capitán porque te veo muy preparado. Un buen capitán debe ser alguien que entienda mucho de fútbol y tu parece que sabes bastante. Creo que ya va siendo hora de que haya cambios en el equipo y voy a proponerle al entrenador tu candidatura.

––¿Lo dices en serio?, ––pregunta incrédulo Fernando. 

–– Completamente en serio, ––respondió el capitán.

Ese fin de semana sirvió para que ambos se hicieran amigos. Cuando volvió Fernando a casa, lo primero que hizo fue entrar en Internet para aprender todo lo que fuera sobre fútbol. El capitán pensaba que Fernando sabía mucho de fútbol pero en el fondo era un ignorante. Sin embargo, por no defraudarle, empezó a estudiar a fondo todo lo que había en Internet sobre técnica, táctica, preparación física. 

Sus padres no salían del asombro porque nunca había manifestado mucho interés por estos temas. Se le veía consultando vídeos y hablando con el entrenador sobre aspectos tácticos del partido. Cada día sus conocimientos iban creciendo hasta llegar a ser un verdadero experto.

Pero Fernando seguía poniendo siempre en duda las opiniones del capitán por la razón que ya sabemos. Esto era motivo de discusión con otros jugadores del equipo. El capitán aceptaba las críticas y trataba de escucharle para demostrarle que su opinión valía mucho. 

Hace poco le consulté a Fernando una duda táctica durante el descanso del partido, delante de todos, y eso aumentó su prestigio cara a sus compañeros porque yo, como entrenador, solía apoyarme en la opinión de Nacho. Era la primera vez que sucedía una cosa así. Y eso significaba que las cosas estaban cambiando.

El capitán procuraba seguir coincidiendo con Fernando para continuar con  su amistad pese a que seguía incordiando en el equipo. Eso no significaba nada para Nacho: una cosas era el fútbol y otra los compañeros del equipo. Y, de nuevo, quedaron para ir a jugar a casa del capitán ese fin de semana. 

Fernando era incapaz de decirle que no al capitán porque realmente lo pasaba muy bien cuando estaban juntos. Además, el capitán siempre le decía cosas que eran muy positivas y sinceras. No estaba acostumbrado a esto. Con él, te sentías muy bien siempre. Además, siempre había momentos donde hablaban más en serio. Fue de nuevo Fernando el que sacó el tema:

––¿Recuerdas lo que me dijiste la vez pasada? ¿Has hablado con el entrenador sobre la posibilidad de que yo sea el capitán?

––Claro, ––ya hace dos semanas que se lo dije. Como le conozco muy bien, sé lo que quiere y por eso le remarqué que tú eras uno de mis mejores amigos y que como persona no hay nadie igual: trabajador, buen compañero, optimista, generoso: todas las virtudes que debe tener un capitán. Desgraciadamente yo no las tengo y en todo esto pienso que me superas completamente. Contigo, el equipo va a funcionar a la perfección y ya es hora de hacer cambios. El equipo lo necesita.

Fernando quedó impactado de lo que le había comentado el capitán. Hay que reconocer que cada día lo apreciaba más y que ahora le costaba un poco más llevarle la contraria en las reuniones. Le dolía hacerlo porque le apreciaba de verdad.

Lo que verdaderamente le llamó la atención a Fernando era el concepto que tenía de él su amigo: ¿trabajador? ¿buen compañero? ¿generoso? Siendo sinceros Fernando reconocía que no tenía estas virtudes que el capitán le adjudicaba pero desde su corazón surgió un deseo intenso de adquirir esos valores y se propuso cambiar, simplemente por querer ajustarse al concepto que tenía de él. 

Empezó a levantarse a una hora puntual, se hacía la cama, ordenaba sus cosas antes de ir al colegio, se preparaba la bolsa de deporte con todo detalle para no olvidarse nada, empezó a acercarse más a los compañeros de equipo y les felicitaba tras los partidos por sus buenas actuaciones. Fernando estaba cambiando sin que él mismo se diera cuenta. Lo había conseguido el capitán, con su amistad.

Al finalizar la temporada, sucedió algo terrible para el equipo. El padre de Nacho se había quedado sin trabajo durante el verano. Por fin le ofrecieron uno muy bueno en una ciudad lejana. La familia debería trasladarse de ciudad inmediatamente. Cuando el capitán se enteró que debía abandonar el equipo, se enfadó muchísimo. No le hacía ninguna gracia dejar a sus compañeros del equipo con los que le unía una gran amistad. Estaba completamente destrozado y le pidió a su padre que encontrara una solución de trabajo en la propia ciudad, habló con amigos y conocidos para que le ayudaran pero no hubo forma. No había otra posibilidad y al final aceptó la situación.

El equipo se enteró inmediatamente porque el capitán lo explicó con detalle. Estaban todos muy hundidos porque le apreciaban mucho. Eran conscientes de lo que había conseguido con el equipo. Echarían de menos esa cara amable, esa ilusión constante, esa lealtad con todos los que formaban el equipo. Ciertamente era un duro golpe.

El capitán se marchó con su familia a una ciudad diferente y como entrenador indiqué al equipo que debía elegir un nuevo capitán. Por unanimidad salió elegido Fernando. En seguida se acordó de que su amigo le había ido preparando para serlo con sus consejos y su amabilidad. Estaba muy agradecido a Nacho.

Fernando llegaba a casa todo contento: “Lo había conseguido”, pensaba para sus adentros mientras llegaba a casa sonriente para contar la noticia. Sus padres le felicitaron pero también le dijeron que era un cargo muy difícil en el equipo porque no se trataba de mandar sino de ayudar a todos.

Ya en el primer entrenamiento comenzaron los problemas para Fernando: dos jugadores se habían peleado en el vestuario por culpa de una broma. Fernando intervino, con tan mala suerte, que recibió un buen golpe en la cara, de propina. A los pocos días, perdieron el primer partido y yo estaba muy enfadado con algunos de mis jugadores que no corrían. Se me escapó algún grito y también culpé a Fernando por olvidarse de sus funciones como capitán en el partido. 

A la semana siguiente, Fernando empezó a notar cómo, algunos de sus compañeros le evitaban y llegó a escuchar alguna crítica dirigida a él, como si no le quisieran como capitán. Esto le dejó muy hundido porque se daba cuenta de que iban sumándose los problemas desde que era capitán. ¿Cómo hacía Nacho para conseguir ese ambiente tan agradable en el equipo? 

Al poco tiempo sucedió una desgracia definitiva para Fernando. En un partido, donde nos jugábamos el descenso, cuando quedaban pocos minutos para terminar e partido, el portero rival derribó a nuestro delantero en una jugada muy peligrosa. Le adjudicaron a Fernando lanzar el penalti . Si lo metía, nos daba la victoria y la salvación. Lamentablemente, lo falló. Fernando se llevó las manos a la cabeza: no se lo podía creer. Iban a descender por su culpa. Algunos compañeros no se lo perdonaron nunca. La relación entre los jugadores empeoró bastante.

El año pasado deseaba por todos los medios ser el capitán y, ahora, con todos los problemas que han ido apareciendo, no estaba tan convencido. Echaba mucho de menos a su amigo el capitán, ojalá no se hubiera marchado. Todo funcionaba perfecto cuando él estaba. No había peleas, ganábamos los partidos, el entrenador estaba satisfecho con nosotros, había muy buen ambiente entre los jugadores del equipo. Ahora no, eso de ser capitán es más complicado de lo que pensaba.  

Cuando el capitán estaba en el equipo, Fernando tenía envidia, pero ahora se daba cuenta del enorme esfuerzo que realizaba para conseguir mantener esa unidad y ese compañerismo. Nacho tiraba del equipo y eso no es nada fácil. Fernando pensaba que con tener el cargo de capitán ya todo funcionaba solo y no era así. 

El capitán se esforzaba mucho para ser amigo de todos y se adaptaba a todos. Incluso Fernando, que era el que más guerra le había dado, consiguió ser su amigo porque tuvo grandes detalles con él: le invitó a su casa, le comprendió siempre, hablo con el entrenador para que fuera el próximo capitán. Era un verdadero amigo. Y así lo hacía con todos. Eso era lo que causaba que en el equipo todo fuera de maravilla. Y Fernando pensaba que eso viene incluido con el cargo de capitán y se había dado cuenta de que no era así.

Las cosas se iban complicando para Fernando que desde que tenía los galones de capitán, las cosas iban cada vez peor. Estaba muy nervioso y de bastante mal humor. Sus padres se mostraban preocupados con la situación y no sabían qué hacer. No iban a permitir que el fútbol destrozara la vida de su hijo y empezaron a trazar un plan para terminar con todos estos sufrimientos.

Por otro lado, Fernando se sentía solo y algo separado del equipo, luchando por algo muy complicado y difícil de conseguir. Veía como un muro muy alto, imposible de superar y se sentía muy débil e inútil. Comenzó a pasarle por la cabeza que no servía para esto y que debía dejar el cargo de capitán a otro jugador.

Después de un partido desastroso, Fernando se encontró a los jugadores en el vestuario, que estaban insoportables, echándose la culpa unos a otros y generando un mal ambiente entre ellos. Los padres en la zona del bar, no dejaban de criticar al club, al entrenador y a algunos jugadores del equipo. 

Fernando vino a hablar conmigo una tarde después del partido.

––Entrenador, quiero dejarlo.––Comenta Fernando muy serio. ––Por mi culpa el equipo está cayendo en picado. No me siento capaz de ayudarle a sacarlo adelante. Pensaba que lo que hacía Nacho era sencillo pero me doy cuenta de que es impresionante lo que consiguió. 

––Mira, Fernando. ––Respondí con seguridad. ––Cuando hay dificultades tienes dos opciones: saltar el muro o marcharte. Si te nombramos capitán es porque te vimos capaz de saltar el muro. Eres valiente y tienes un gran corazón. Lo único que tienes que hacer es coger carrerilla y saltar por encima del muro. Ahora lo ves difícil. pero quién dice que no debemos hacer cosas difíciles. Si fuera todo fácil, no existirían personas como el capitán o como tú. 

––Pero es que yo nunca seré como Nacho,––responde Fernando mirando al suelo al tener que reconocerlo.

––Esto que dices me suena a excusa, ––le respondí inmediatamente. Eso es porque no quieres saltar el muro. Tienes una dificultad delante y estás huyendo. Nacho era como tú y como yo. Un chaval que se esforzaba por conocer a las personas a fondo para poder comprender lo que realmente les pasaba y así poder ayudarles. Nada más. Pero eso es complicado porque significa que debes pensar más en los demás que en ti mismo y dedicarles tiempo para ayudarles. No era magia lo de Nacho, era amistad verdadera. Así que si tú realmente quieres ser el capitán que Nacho fue, no tienes más que responder si estás dispuesto a hacerlo. Menos decir que abandonas y que no puedes porque eso no es verdad. 

Había sido muy duro con Fernando pero pensé que necesitaba un empujón y alguien que le dijera las cosas claras sin hacerle la tarea porque el único que podía hacerlo era él. Nadie podía ayudarle en esa delicada labor.

Pero Fernando había cambiado mucho gracias a su amistad con el capitán. Al principio, Fernando era un veneno para el equipo y sentía envidia de Nacho y se dedicó a meterse con él para desprestigiarlo. Sin embargo el capitán respondió de forma increíble ofreciéndole su amistad verdadera y, con eso, consiguió cambiar a Fernando. Ahora le tocaba hacer lo mismo a él. Tenía en frente a un equipo lleno de problemas y sabía perfectamente lo que tenía que hacer: utilizar las mismas armas que manejó el capitán para sacar el equipo adelante.

En el equipo había presenciado más de una vez peleas en los vestuarios y críticas entre los jugadores durante los partidos. Eran siempre los mismos con lo que Fernando actuó sobre ellos para solucionarlo. Pero lo hizo como le enseñó el capitán: se acercó a ellos, les dedicó tiempo y al final descubrió qué problema había entre ellos. La amistad de los jugadores del equipo con Fernando llegó a ser tan grande que decidieron no pelearse ni criticarse más en los partidos simplemente por no defraudar a Fernando, que se había ganado el respeto y su aprecio con mucho esfuerzo y paciencia.

El equipo cambió y ahora estaban más unidos que nunca.