Si hay algún tema que me interesa destacar de entre todo lo que he podido vivir en este verano, puedo asegurar que es el tema de la comprensión, el saber perdonar, aceptar lo que me parece mal de la otra persona e intentar acercarse a ella para quererla aunque en un principio no te atraiga.

A veces pienso que los alumnos que acuden a la Fundación Marcet son pequeños héroes por las cosas que llegan a realizar, superando barreras bastante elevadas. Me referiré a algunos recuerdos que he podido vivir en directo durante este curso de verano al que han acudido más de 2.000 personas de todas las culturas y edades.

Un personaje que ha sido bastante protagonista durante estos meses es el jugador ruso. Más de 50 rusos han pasado este verano por la Fundación y nos ha hecho pensar un poco más y mejorar nosotros en la forma de tratarles ya que son de culturas muy diferentes. 

Lo primero que hay que hacer, pienso, es investigar si nuestra impresión coincide con la general. Consulto una página web y algunas más y todo puede resumirse en este comentario de una viajera que ha estado hace poco en Rusia: “Es verdad que son secos y bruscos. Dios mío, qué carácter tan desagradable el de los rusos, la mayoría. Pero estoy convencida de que a lo largo de los siglos han ido acumulando mucho sufrimiento y eso les marcó de forma muy negativa. El clima también es bastante hostil”.

Tenemos mucha suerte.

Una primera idea es que tenemos suerte por poder vivir una experiencia como esta.

Muchos padres agradecen la posibilidad de que su hijo se mezcle con jugadores de su misma edad de otras culturas. Pienso que una actitud así por parte de los padres es digna de alabanza ya que indica que posee una visión amplia de la vida y con objetivos de peso para la educación de su hijo. Son experiencias irrepetibles que hay que aprovechar desde el principio.   

La prevención desde el primer día. 

Como es algo que ya vivimos el curso pasado, decidimos este año empezar explicando muy bien a nuestros alumnos la existencia de esta circunstancia. Les hicimos ver que nos iba a producir un fuerte efecto diferencial el hecho de convivir con estas personas pero que había que empezar desde un principio comprendiendo que son culturas distintas. Hemos de perdonar lo que vemos que está mal para nosotros y valorar más los aspectos positivos que seguro que tienen porque en el fondo son niños como vosotros. Aquí introducimos las circunstancias histórica que han vivido. Una situación muy desagradable y muy cercana que hace falta que pasen varias generaciones para poder olvidarlo. Lo han pasado muy mal y eso disculpa muchas de sus reacciones: son violentos, muy secos. Lo podréis comprobar en breve. Pero en el fondo son muy buenos chicos que necesitan ser aceptados por vosotros. Además, existe el problema del idioma. Muchos solo hablan ruso. Algunos un poco de inglés. Pero estamos seguros que el fútbol romperá todas las barreras posibles.

A los chicos les impacta mucho lo que les avanzamos y parece que va bien esta prevención. Sin embargo, los problemas empiezan a surgir muy pronto. Son de dos tipos. 

  • Los profesores inician un rechazo con los casos más complicados
  • Los alumnos menos comprensivos empiezan a  tener problemas de relación con los más violentos.

El seguimiento de cerca por parte del profesorado y el estudio de los casos concretos.

Ha sido imprescindible el realizar un seguimiento diario de los casos más complicados. La idea es seguir el mismo protocolo de actuación que hacemos con cualquier alumno que presenta algún tipo de problema. El profesor debe advertir de forma clara y concreta al jugador ruso que el primer día ya ha presentado una actitud incorrecta. Las quejas que recibimos más corrientes son de falta de disciplina: desaparece del grupo y aparece al cabo de un tiempo sin avisar a nadie, le ha pegado una patada a un jugador sin un motivo muy claro y no pone esfuerzo en los entrenamientos.

El primer caso es una manifestación de la falta de disciplina que existe en estos jugadores, lo segundo está relacionado con su formación violenta y con falta de ética donde todo se resuelve de forma contundente. El tercer caso se debe a su falta de motivación y de costumbre a trabajar duro. No debemos generalizar porque la verdad es que de los 50 jugadores que han acudido este verano a nuestros cursos, son 15 los que causan problemas, los demás son encantadores, trabajadores y muy queridos por los demás alumnos.

Siempre que la advertencia es seria, las cosas vuelven a su cauce. Pero si no se sigue en serio el protocolo, no tardamos un día más en encontrarnos con un nuevo problema similar a los anteriores. 

Si esto ocurre, lo que hemos intentado es no dejarlo pasar y hemos acudido al traductor y al padre para organizar una reunión. A esa reunión se le da la importancia debida y se procura hablar con seriedad y con seguridad. Sin miedo a perder al alumno. Debe quedar claro que hay unas normas y que para seguir aquí debe cumplirlas. Es el alumno y su padre los que a partir de ahí eligen entre seguir o dejarlo. Si están dispuestos a realizar el cambio, adelante. En el caso que no, se devuelve el dinero al padre y tan contentos. Hay casos en que este último punto es complicado porque a veces, estos chicos están apuntados a varios turnos y es un importante desembolso. Pero viéndolo friamente, si se dejarán pasar estas faltas de disciplina, son muchos más los clientes que perderíamos por no estar a gusto en la Fundación.

Normalmente, los padres se quedan muy impactados de nuestra propuesta y deciden seguir. Hemos visto muchos cambios en este verano: padres secos y poco amables han ido entendiendo que esto es algo más que una simple escuela de fútbol y ahora parecen otros y están muy agradecidos. Incluso han cambiado la forma de tratar a sus hijos.

La dificultad en la comunicación es un factor importante.

En muchos casos, la falta de comunicación entre los chicos es un factor importante que produce altercados que podrían haberse evitado con una mejor comunicación. Un día, un grupo de jugadores iba a beber agua a la fuente y uno le hace una broma y se ríe. El jugador ruso que no entiende la broma, le insulta en ruso y el español acaba respondiendo con un puñetazo. Esto ha ocurrido este verano. El conflicto hay que pararlo inmediatamente. Intenté entender lo que había pasado y para eso llamé a los dos protagonistas del suceso. El traductor me ayudó a entender lo que pasaba. Todo lo que había ocurrido, era exacto. Sin embargo, habría que matizar algo. Lo que pareció un insulto, no lo había sido pero el jugador español entendió que se metía con su madre y eso no lo soportó. Se lo explicamos al jugador español y pidió disculpas por su respuesta. Todo por falta de comunicación.

El esfuerzo de nuestros alumnos por adaptarse a ellos.

Inmediatamente me llevé al jugador español, que era ya todo un hombrecito de 12 años y le recordé lo que les había contado el primer día en la reunión previa donde se pidió comprensión y saber perdonar. Me contó que ese momento en la fuente era la gota que colmaba el vaso ya que había estado aguantando hasta entonces las patadas, las burlas, pero que ya no podía más (mientras decía eso, le salieron unos lagrimones impropios de él ya que es un chico muy maduro y muy hecho). Me impresionó bastante su reacción. Se veía que se había esforzado por no saltar.

Me quedé fijamente mirándole mientras le comentaba que lo que había aguantado era mucho pero que lo que le pedía era mucho más: tenía que comprender, perdonar y disculpar. Tenía que ser capaz de eso porque es la única forma de conseguir realmente algo importante en esos días de convivencia. 

Llamé entonces al jugador ruso y le dije que su compañero español quería pedirle disculpas por el puñetazo. El jugador ruso me comentó que no creía que le quisiera pedir perdón. Llamé al español que se acercó al ruso y le dió la mano mientras le pedía perdón.

El ruso, que estaba impresionado, se dirigió al traductor y le dijo en ruso unas palabras y el traductor le respondió. Entonces, el ruso, dirigiéndose al español le dijo en español: perdona y le dio la mano.

Me hizo pensar mucho la respuesta del joven ruso que, impactado por la reacción del español quiso decirle en su propio idioma,el castellano, que lo sentía. A mi parecer, empezábamos a ver la verdadera personalidad de los chicos rusos. Cuando tu les das, ellos te responden mejor todavía pero si no ven esa actitud, se cierran más todavía. Me hizo ver esta situación un punto de esperanza que pude constatar al cabo de unos días al ver a estos dos jugadores riendo juntos en el comedor. Eran amigos. Ya no había barreras de ningún tipo, ni culturales, ni de idioma ni de nada.

Posiblemente, no hemos entendido bien el tema del perdón y es algo de mucha actualidad.

Cuando se produce una ofensa, especialmente si es grave, solo el perdón puede borrarla; pero si el que ofende no pide perdón, el ofendido no puede perdonar, porque el perdón solo se puede dar cuando se ha pedido y solo puede ser acogido cuando se pide, cuando uno se acepta culpable. Solo así la ofensa puede borrarse de verdad y para siempre. Eso es lo extraordinario  del perdón verdadero.

Digo que esto es de mucha actualidad porque los pueblos que están en conflicto (Israel y Palestina, por ejemplo) tienen que mirar hacia atrás, comprender lo que obraron injustamente y pedir y dar perdón. Pienso que entender esto es muy importante. Lo mismo entre personas. 

Un día, viendo las noticias de la CNN pude asistir a una entrevista con una mujer de Ruanda que tomaba el té con un hombre. Se oía el siguiente comentario:

–Esta mujer está tomando té con un hombre que pertenece a la tribu que mató a toda su familia.

El entrevistador le dice:

–¿Es cierto? ¿Ha matado a toda su familia? ¿Lo ha perdonado?

Y la mujer, con una inmensa dignidad, responde:

–Sí, así es. Viene cada semana para vivir de mi perdón.

Me impresionó ver la fuerza de voluntad de aquella mujer. Si no hubiera una ocasión para el perdón, se destruiría la dignidad de sus vidas por segunda vez ¡Y era una campesina!

Darles tiempo para adaptarse.

Al final pudimos comprobar que con el tiempo, ellos mismos se iban adaptando a la nueva situación y se les veía más sonrientes, completamente integrados dentro del grupo, más trabajadores, muy queridos por los demás compañeros del grupo. En definitiva, una batalla complicada nuevamente superada. 

Si te paras a pensar un poco, 5 días han sido suficientes para el cambio. No cabe duda que, la mayor parte del mérito está en el esfuerzo realizado por vuestros hijos, siendo capaces de morderse los labios y aguantar muchas calamidades desde el principio. 

Pero todo tiene su premio y ahora ellos son los que han salido más beneficiados ya que han tenido la oportunidad de vivir una experiencia única (con lágrimas y malos momentos) que se les quedará grabado para siempre como un recuerdo de su infancia del que aprendieron mucho. Ahora saben que guardar rencor a alguien es completamente destructivo, porque en vez de superar lo que la vida nos pone por delante, nos paralizamos por el rencor y destruimos la posibilidad de reparar.

Algunos padres se acercaron a comentarme esta idea. Ellos iban recibiendo las experiencias del día a día de sus hijos y se sentían muy satisfechos de cómo se habían ido resolviendo las distintas situaciones de estos días. Una muestra más de lo importante que es aprovechar las experiencias tan variables del deporte para educar a nuestros jugadores y ayudarles a ser mejores personas.