La actitud te ayuda a superarte en el fútbol

Mark Inglis, una historia de superación

Un alpinista de Nueva Zelanda se convirtió en el primer hombre que logró pisar la cima del Everest, la más alta del mundo, con 8,848 metros de altura, a pesar de tener las dos piernas amputadas a la altura de las rodillas.

Tras 40 días de ascensión, Mark Inglis alcanza su máximo sueño 23 años después de perder sus dos piernas.

Pero, ¿quién es Mark Inglis y cómo perdió las piernas?

Ciertamente no lo hubiéramos conocido jamás si no fuera por ese gran espíritu de superación que demostró durante toda su vida y que le permitió vencer todo tipo de dificultades.

La infancia y juventud de Mark

Desde pequeño Mark acompañaba a su padre a escalar y se aficionó tanto a este deporte que decidió que él sería alpinista cuando fuera mayor. Y Mark era un niño que lo que se proponía lo conseguía porque ponía mucho esfuerzo por conseguirlo. Muchas veces se caía y baja rodando la montaña, se daba golpes y volvía con heridas que su madre curaba mientras le decía que tuviera cuidado con la escalada porque era muy peligroso.

Posiblemente tu, que estás leyendo esta historia, te has propuesto ser futbolista o jugador de baloncesto, no lo sé. Posiblemente sueñas con ser un jugador profesional. Pero te crees que con proponérselo ya uno sale profesional. No es así. Hay que poner mucho esfuerzo en los entrenamientos y caerse, darse muchos golpes y volverse a levantar. Si eres un miedoso o un vago, no sirves para practicar en serio un deporte. 

Lo que nos va a enseñar Mark con su vida es que si quieres algo, debes esforzarte por conseguirlo y debes saber que siempre te vas a encontrar grandes dificultades pero, si luchas para superarlas, al final llegas a la cima.

Mark se lo tomó tan en serio que a los 20 años ya formaba parte del equipo de rescate del Parque Natural del Monte Coke, el más alto de su país de casi 4.000 metros de altura. Eran muchos los alpinistas que intentaban escalarlo y muchos los que se accidentaban. La misión de Mark y sus compañeros era salir al rescate de esas personas accidentadas. 

Como verás era un trabajo muy peligroso y había que dominar muy bien la técnica de la escalada. Pero él se había preparado perfectamente para esto y lo fue demostrando. Realizó labores de rescate de mucho riesgo y era muy reconocido por su valentía y habilidad para la escalada.

Si quieres llegar a ser en 10 años un futbolista profesional, debes prepararte muy bien: entrenar muy duro cada día, aunque algún día no te apetezca mucho. Tendrás que superar muchas dificultades con optimismo, escuchar los consejos que te van dando los entrenadores e intentar ponerlos en práctica. Eso te llevará a ser uno de los mejores. La actitud en el deporte depende de ti. 

Un día, Mark y su compañero de rescate estaban iniciando una escalada para salvar a un grupo de montañeros que habían quedado atrapados a bastante altura. De pronto, se vieron en medio de una fuerte tormenta de nieve.  El viento y la oscuridad no les permitía tener visibilidad suficiente y existía el riesgo de caer en algún barranco o precipicio. Descubrieron, por suerte, una cueva y se metieron en ella para protegerse. 

Una vez dentro, pensaron que estaban salvados, con la mala suerte que al poco tiempo, se derrumbó la entrada y quedaron atrapados entre el hielo, sin poder salir y sin tener posibilidades de comunicarse con nadie. No había cobertura para poder hablar con sus radios de alta montaña.

La cueva era muy estrecha y apenas podían moverse. Hacía mucho frío aunque iban bien protegidos y no tenían casi comida porque iban equipados para una salida de una jornada. Son de esos momentos en los que lo pasas muy mal y donde se demuestra qué tipo de persona eres.

Si fueras tú el que está dentro de esta cueva, ¿cómo hubieras actuado?Quizá te hubieras puesta a llorar o a lamentarte de tu mala suerte. Posiblemente intentarías buscar la forma de salir de ahí pero, si no hay posibilidades de encontrar una solución, quizá te pondrías pesimista o te dejarías llevar por las horas, hasta que el frío os matase a ambos.

Lo primero que hizo Mark es hablar con su amigo para decirle que mantuviese la calma porque se le veía algo asustado pese a ser una persona experimentada. Buscó todas las formas posibles para encontrar la salida pero no lo consiguió. También intentaron utilizar sus radios pero no había señal alguna. 

Sin embargo, no se desanimó sino que le transmitió a su compañero tranquilidad. Era importante mantenerse optimista para pensar. Hicieron un recuento de todo lo que tenían en sus mochilas e iniciaron un plan de racionamiento para poder aguantar lo máximo posible con la comida que tenían. Utilizaron la mecha que llevaban para hervir el hielo y poder ir bebiendo agua. Sobretodo, le hizo ver a su compañero que vendrían en su búsqueda en cuanto se dieran cuenta de que no habían vuelto. Pusieron en practica todo lo que sabían sobre rescate y supervivencia.

Pasaban los días, una semana entera, y el alimento se terminaba y el mechero también. Empezaron a pensar lo peor: que no les iban a encontrar. Sin embargo Mark animaba a su compañero para que se mantuviera confiado. El frío empezaba a calar en sus cuerpos y los dedos de los pies y de las manos se empezaban a congelar y a ponerse morados. Se frotaban uno al otro para entrar en calor. 

La tormenta había borrado todas las huellas de sus pasos y tapado completamente la entrada de la cueva. Las labores de rescate habían iniciado la búsqueda en cuanto se percataron de que no volvían pero tuvieron que esperar a que la tormenta amainara. 

Alpinistas, voluntarios, policía con perros, helicópteros. El país puso todos los medios para rescatarles pero no daban señales de vida. Era imposible que aguantaran tanto tiempo, ya habían pasado 14 días. Sus familiares ya los daban por muertos.

De pronto, uno de los perros del equipo de rescate, empezó a ladrar dirigiéndose a una zona repleta de nieve. El equipo de alpinistas se dio cuenta de que podían estar allí los cuerpos, quizá sin vida, de los dos jóvenes montañeros. Empezaron a quitar la nieve con palas hasta que llegaron al lugar donde se encontraban Mark y su compañero. ¡Estaban vivos pero muy débiles y casi congelados!

Los bajaron lo más rápido posible con un helicóptero hasta el hospital más cercano. Las dos semanas que habían pasado bajo el hielo había producido en los dos jóvenes importantes daños físicos. Pero lo más importante es que estaban vivos.

Los médicos, al comprobar que Mark tenía ambos pies completamente congelados, decidieron cortárselos a la altura de la rodilla, antes de que pudiera fallecer. Cuando Mark despertó de la operación se encontró sin piernas y muy débil. Él, que había sido un gran deportista y que su sueño era dedicarse al alpinismo para alcanzar las cimas de las montañas más altas del mundo, estaba totalmente derrotado. Jamás podría caminar por la montaña.

¿Te imaginas tu en esta misma situación? Un chico que sueña con ser futbolista profesional y un día, ¡zas! Te quedas sin piernas. Ya no puedes jugar más al fútbol. ¿Cuál sería tu reacción? Entiendo que, inicialmente, te quedes muy afectado por la situación. No me refiero a la primera reacción sino a la segunda. Después de hacerte una idea de lo que va a pasar a partir de ahora. ¿Qué harías? ¿Cómo reaccionarías?

¿Eres de los que se siente una víctima y se rinde o, por el contrario, de los que intentan superarlo marcándose nuevas metas para seguir luchando. Si te hundes, lo vas a pasar mal y no vas a solucionar nada y si procuras seguir luchando, posiblemente consigas alcanzar metas que ni te imaginas.

Mark Inglis, con 22 años, superó el primer impacto y pidió a los médicos que le ayudaran a caminar. Al ver la actitud de Mark, le aconsejaron unas piernas ortopédicas que se acoplaban a las rodillas y que con mucho trabajo podría caminar más o menos bien. Mark se agarró a esta solución y empezó una durísima rehabilitación. Muchas horas en el gimnasio aprendiendo a caminar con unas piernas que no eran las suyas. Le costaba dar un paso pero lo daba y luego otro, aunque fuera agarrado a unas barras. 

Los fisioterapeutas estaban asombrados del esfuerzo y el sacrificio que ponía cada día para aprender a caminar y lo consiguió. Empezó a caminar y lo hacía tan bien que apenas se le notaba. Se dio cuenta de que no podría ser alpinista profesional pero que podía intentar otras cosas y renovó su ilusión por seguir viviendo e intentando proyectos difíciles pero posibles para una persona sin piernas.

Ahora quiero verte a ti, que tienes dos piernas pero no te das cuenta de tu suerte. No muestras ningún problema físico y, sin embargo, pones excusas para no entrenar porque no te apetece o porque estás cansado o te duele un poco la cabeza. Fíjate en Mark que no paró hasta que aprendió a caminar de nuevo, poniendo de su parte todo el esfuerzo posible. Esa actitud tan positiva es la que le ayudó a conseguirlo.

Mark consiguió manejarse tan bien con sus nuevas piernas que llegó a ser entrenador de esquí y de alpinismo. La gente se quedaba admirada al ver a Mark esquiando como si no pasara nada, con dos piernas amputadas y subiendo montañas con una gran técnica. Y hace muy poco tiempo se sentía como un inútil inválido que no podía ni caminar.

Por si fuera poco, a pesar de toda al actividad que realizaba, decidió estudiar una carrera ya que una de sus ilusiones era solucionar una grave enfermedad que es la leucemia por al que morían tantas personas. Cuando Mark se proponía algo lo hacía a lo grande y consiguió matrícula de honor en una carreras muy difícil: la Bioquímica. No un notable, no un excelente: la nota más alta que podía sacarse. Así era Mark.

Mark te está diciendo que no te sientas tan inútil, que pongas pasión en lo que haces, que seas valiente para enfrentarte a esos obstáculos que se van presentando y verás cómo alcanzas tus retos: con actitud.

Pero el deporte era su pasión y decidió marcarse una nueva meta y conociéndole bien, sabemos que intentará hacerlo con gran pasión. Adaptó una bicicleta a sus necesidades y se puso a entrenar muy duro. Al ver que iba mejorando sus resultados en las carreras, decidió presentarse a los Juegos Paraolímpicos en el año 2000. Obtuvo la medalla de plata para Nueva Zelanda, una nueva proeza de Mark, que seguía superándose en todo lo que se proponía.

Sin embargo, el año 2002 fue decisivo para Mark porque recibió unas piernas artificiales de fibra de carbono, un material que le iba a permitir moverse casi como antes de perder sus piernas. Eso le iba a facilitar alcanzar nuevos retos y marcarse nuevas metas, bastante más ambiciosas. 

Y decidió volver al alpinismo profesional. Para eso, se propuso ir paso a paso. Subió el Monte Cooke, lugar donde tuvo el grave accidente que le dejó sin piernas. Al comprobar que sus piernas le respondían pese a no ser lo mismo, claro está, decidió subir uno de los montes más altos del mundo, con unos 8.000 metros de altura, y lo consiguió. Estaba pletórico y con la idea clara de culminar su gran sueño: ascender al monte más alto de la Tierra: el Everest.

No sé si te das cuenta de lo que hizo Mark en su trayectoria deportiva pero quiero que tengas claro que para llegar a ser un profesional del fútbol, o por lo menos intentarlo, es necesario ir paso a paso. No quieras saltarte escalones para llegar más rápido. No es así como se consiguen las cosas. Vas marcándote metas más pequeñas y aumentándolas conforme las alcanzas. Así lo hizo Mark y de personas como él hemos de aprender a luchar. No creas que puedes acortar el recorrido y llegar a lo más alto sin muchísimo esfuerzo de por medio.

Mark se dio cuenta de que estaba preparado y que podía intentar su gran sueño. Sus amigos, al verle sin piernas, le aconsejaban que no lo hiciera porque muchos alpinistas habían perdido la vida en el intento de llegar al Everest. Y eso que tenían dos piernas de verdad. No querían que le pasara lo mimos a Mark.

Pero Mark se veía seguro y, como ya hemos dicho, cuando se empeñaba en algo, lo conseguía aunque sabía que iba a ser muy duro y muy peligroso.

¿Cuántas veces nos ha pasado que nos toca jugar contra un equipo muy bueno y salimos al campo con miedo, pensando que es imposible ganarles? Es complicado porque son mejores que nosotros pero nunca podemos asegurar que es imposible. Hay que prepararse mejor que ellos. Como hizo Mark para afrontar su mayor aventura, sin miedo a pesar de ser muy peligroso. Cuando juegas con miedo sueles perder. Otra cosa es que luego lo consigas, pero tu actitud trabajadora puede ayudarte a conseguirlo.

Y así comenzó su último sueño. Montaron un campamento base con su equipo de profesionales y estuvieron una semana aclimatándose a la altura porque ya sabes que cuesta mucho respirar  y hacer esfuerzos cuando estás a una gran altitud. Tras la semana, iniciaron el ascenso hasta el segundo campamento base que estaba a 6.000 metros de altura. 

El trayecto hasta llegar a ese objetivo no fue nada sencillo y Mark se encontró con muchas dificultades. Pero quizá lo más grave fue que, casi llegando al objetivo, una de las cuerdas con las que iba agarrado, se rompió y empezó a rodar pendiente abajo con tan mala suerte que una de sus piernas se golpeó con una roca y se rompió la pieza que hace de unión entre la pierna de Mark y la parte artificial.

Se quedó mirando la pieza rota sin darse cuenta de que había pasado un momento grande  de peligro y, sentado sobre la nieve con una pierna en la mano, pensó: ¿Y ahora qué hago? No puedo utilizar más que una pierna y no voy a poder subir.

De nuevo Mark se encuentra con un fuerte obstáculo que le impedía alcanzar su gran sueño. Hace 20 años perdió sus dos piernas y ahora, cuando está a punto de llegar a la cima, un nuevo obstáculo se lo está impidiendo. 

Es como si estuviéramos ya jugando ese partido contra ese equipo tan bueno y, de repente, te meten un gol. Piensas que ya no hay nada que hacer  porque es muy difícil y encima nos han metido un gol. Pero esto es un error. Pese al gol, las cosas no han cambiado y es así como los grandes campeones consiguen sus hazañas: no se rinden nunca, persisten en el intento hasta que lo consiguen. Nada ni nadie les puede detener.

Como es de imaginar, Mark no se rinde. Consiguió reparar momentáneamente la pierna con cinta aislante que llevaban encima y eso le permitió iniciar el descenso hacia el campamento base inicial. Allí, con buenas herramientas, consiguieron arreglárselo. Inmediatamente iniciaron el ascenso de nuevo y esta vez sí consiguió alcanzar la cima del Everest.

Mark Inglis fue el primer amputado de ambas piernas que consiguió alcanzar la cumbre del monte más alto del planeta.