Espíritu de superación

 

Dentro del plan de formación de nuestros cursos, incluimos unas sesiones teóricas sobre la formación en valores que ayudan a los chicos a darse cuenta de que a través del deporte que practican pueden aprender cosas tan importantes para la vida como es el caso del espíritu de superación.

A través de historias reales de grandes deportistas que han realizado grandes proezas a pesar de sus dificultades, los jugadores descubren que el esfuerzo y el tesón tienen un premio grande y que las barreras hay que superarlas siempre con optimismo.

Como podéis comprobar, estamos hablando de algo tan general que se puede aplicar a cualquier situación de la vida pero nosotros aprovechamos la motivación del deporte para inculcarles esos valores.

Una historia que contamos con detalle es la de Marc Inglis, un alpinista neozelandés de 47 años que se convirtió en el primer hombre que consiguió pisar la cumbre del Everest, la más alta del mundo, a pesar de tener las dos piernas amputadas a la altura de la rodilla.

La vida de este hombre es un verdadero ejemplo de cómo nunca hay que desanimarse ante las dificultades para conseguir lo que tu quieres. Les mostramos a los alumnos las fotografías del alpinista con las prótesis que sustituyen a sus pies. Todo esto les impacta y les deja una huella importante en su cerebro y en su corazón que les permite entender que ellos deben realizar lo mismo cuando no se sientan capaces de conseguir una meta.

Estamos en el famoso campeonato de verano. En la categoría infantil destaca un equipo por estar formado por jugadores de una clase extraordinaria. Han ganado todas las competiciones en las que han participado este año y algunas a nivel nacional e internacional. Víctor forma parte de otro equipo de esta misma categoría, que está jugando bastante bien pero que en la fase clasificatoria deben enfrentarse a ese monstruo de equipo.

Bastantes presenciamos el partido. Ambos equipos jugaban muy bien y daba gusto verlos disfrutar con jugadas dignas de un partido de primera división. Mucha intensidad, mucho coraje. Hubo goles por ambos equipos y, al final, de forma imprevista se tuvo que definir a los penaltis. El equipo de Víctor estaba más que satisfecho por haber llegado hasta allí y, además, tenían a un gran portero que paró dos lanzamientos y les dio la victoria.

El entusiasmo y la alegría del equipo de Víctor era impresionante. Digna de una gran final.

Al poco, se acerca Víctor y comenta algo que nos dejó a todos impresionados:

– es verdad lo que nos comentaste: “lo que te propongas, lo puedes conseguir” No importa lo difícil que sea. Se puede.

Es interesante comprobar que aquellas cosas que les explicas en un momento determinado pueden influirles en sus vidas porque has llegado a su corazón y lo tiene retenido como un ejemplo que debe imitar. Una idea como esta no se llega a aprender hasta que no la pones en práctica en la vida real. Hasta el momento formaba parte de sus conocimientos pero a partir de ahora forma parte de su inteligencia práctica.

Con el tiempo, cada vez nos damos más cuenta que un deportista que quiere triunfar no puede hacerlo sin este espíritu de superación. Nosotros lo llamamos actitud.

Un jugador que no tiene actitud, no tiene ninguna proyección. Ya puede tener talento que sin actitud, no progresará.

Siempre me acordaré de aquel alumno del colegio que tenía una terrible dificultad por entender lo que leía porque tenía una importante dislexia. Se esforzaba mucho y le dedicaba muchas horas al estudio mientras otros, mucho más dotados, con una simple lectura eran capaces de memorizar ese mismo texto.

Cuál fue mi sorpresa con el paso del tiempo al comprobar que ese alumno estaba terminando su carrera con unas notas extraordinarias, mucho mejores que la media de sus compañeros. ¿Qué había pasado? Esa dislexia se fue superando pero quedó en este alumno la fuerza de voluntad que había adquirido con el paso de los años y ahora tenía una herramienta poderosa que le ayudaba a superar con facilidad todas las barreras que presentan los estudios universitarios.

En el deporte pasa lo mismo. Cuando seleccionamos jugadores para nuestros proyectos formativos nos fijamos sobretodo en su actitud en los entrenamientos y en los partidos. Si solo se esfuerza con el balón en los pies, decimos que le falta actitud y,  a la larga, no nos interesa porque sabemos que no podrá alcanzar objetivos altos porque para eso se requiere un gran espíritu de sacrificio.

Ningún deportista ha llegado arriba sin ese esfuerzo personal constante. Por el contrario, cuando ves a un jugador, quizá limitado en su técnica, pero con una enorme actitud, merece la pena dedicarle todas las atenciones porque sabes que de ahí puedes pulir un hermoso diamante. Habrá que picar, raspar, limar, limpiar, corregir, cambiar, etc… pero sabes que lo va a soportar porque está decidido a superar todas las dificultades que pueda encontrarse y que no se va a hundir ante los primeros contratiempos o correcciones.