La importante labor que realizan los entrenadores
Mientras corro por la montaña en el fin de semana, suelen venirme las mejores ideas para escribir en el blog. La última ocurrencia me pareció un deber de justicia publicarla y me pongo con urgencia a redactarla antes de que se me olvide por completo.
Durante estos últimos años he escrito muchas cosas sobre los entrenadores y creo que a veces soy injusto con ellos porque es encomiable la estupenda labor que hacen con los chicos durante todo un año. Hay que tener una verdadera vocación para dedicar tanto tiempo a la juventud, con sus problemas y las tensiones propias de la competición.
Cuántas veces critico su forma de actuar, sus modales, su falta de preocupación, su excesiva competitividad, su orgullo…y no me doy cuenta de que ellos también necesitan mi apoyo, mi comprensión…Agradecen que valores su trabajo y, cuando lo haces, salen motivados y dispuestos a seguir luchando en este mundo del deporte.
Andrés es un entrenador que está sacando a los chicos un rendimiento impresionante. Los padres están muy contentos con él y los jugadores, más si cabe. Sin embargo, cuando le veo dirigir el partido, hay algo que no me acaba de convencer: se enfada mucho con sus jugadores y les corrige todo lo que hacen.
Aproveché para hablar con él, en una tarde tranquila. Le comenté lo bien que lo estaba haciendo, pero aproveche la situación –ya que le veía muy receptivo– para explicarle lo que había podido comprobar.
– Creo que hay algo que puedes mejorar– le comento mientras me mira con interés. Cuando un jugador tuyo hace algo que no está del todo bien, te enfadas y le corriges en el propio partido. No es el momento adecuado. Déjale que se equivoque y corrígele más adelante. Quizá te darás cuenta de que no hay que decirles tantas cosas. Posiblemente será interesante felicitarles más a menudo para reforzar su autoestima. Y por último, prepáralos en los entrenamientos para que sean ellos los que decidan en el campo lo que deben hacer en cada momento, según las circunstancias del partido.
Me fui satisfecho porque creo que el entrenador estaba bastante de acuerdo. Muchas veces no nos damos cuenta de cómo lo hacemos hasta que alguien tiene el detalle de decírtelo a la cara, con cariño.
Pude verle en el siguiente partido y efectivamente las cosas cambiaron radicalmente. Los chicos eran constantemente motivados por su entrenador y eso les daba alas para seguir esforzándose porque notaban su confianza en ellos.
Luego, mientras corría por el monte, pensé en que todo esto me estaba pasando también a mí. Los entrenadores necesitan que les corrija pero sobretodo agradecen mi comprensión. Les gusta comprobar que confiamos en ellos, que creemos en su talento, que perdonamos sus errores porque todos los tenemos y eso les motiva para seguir esforzándose.
Lo que no puede ser es que seamos unos cenizos y no podamos apreciar el buen hacer de nuestros entrenadores, el esfuerzo, la ilusión, la dedicación y la cantidad de horas que le dedican al tema. Son unos enamorados del deporte y ya irán entendiendo las cosas con el tiempo haciéndolas cada vez mejor. Con mis críticas, con mis enfados, con mi falta de comprensión no estoy facilitando nada la progresión de estos entrenadores.
Espero que esto os pueda servir para reflexionar un poco más en este difícil tarea de formar a los entrenadores.
Arturo es un entrenador que ha progresado muchísimo en estos tres años que lleva en el club. Es muy joven pero ya todo un experto en la dirección de grupos humanos. Sin embargo, viéndole trabajar detecté un aspecto que me llamó la atención y no he sido capaz de comentárselo por miedo a que piense que no confío en él.
En los partidos y en los entrenamientos habla demasiado a los chicos y les explica muchas cosas con la idea de transmitirles todos esos conocimientos que él quiere inculcarles. Lamentablemente son constantes sus lamentaciones en voz alta cuando en los partidos los jugadores no hacen bien lo que él les pide que hagan. Es como si perdiera la fe en ellos. Lo que no sabe es que los chicos se dan perfectamente cuenta de la situación y eso no les ayuda nada.
Cuando las cosas no salen bien, echa la culpa a los chicos porque no hacen lo que les ha enseñado. No se da cuenta de que si no lo hacen, no es porque no quieren sino porque quizá no lo han entendido o no son capaces de responder a esas exigencias por ser muy complicadas, por ejemplo. En lugar de lamentarse hay que reconocer que posiblemente no hemos trabajado bien con ellos.
Me molesta mucho esta actitud y, sin embargo,pienso que esto mismo me pasa a mi con los entrenadores. A veces no hacen lo que les pido y me lamento de forma airada sin darme cuenta de que quizá, si no lo hacen es porque les estoy pidiendo algo muy complicado, aunque a mí me parezca sencillo o porque no he sabido explicarlo o enseñarlo bien.
Una de las cosas que más cuestan y que definen perfectamente al buen educador es la paciencia y el optimismo. Ver las cosas de forma positiva y optimista te ayuda a comprenderlas y a afrontarlas de otra forma mucho más eficaz ya que consigues con tus entrenadores o con tus jugadores metas que parecen imposibles.
En lugar de ver a un jugador que falla, he de ver a un futbolista que acierta en muchas cosas.
En lugar de ver a un entrenador que se equivoca, he de ver a un educador que acierta en muchas situaciones.
Ver lo positivo y perdonar lo negativo, aunque luego se lo tengamos que corregir. Necesita esta información para seguir mejorando.
Ser valiente para decir las cosas a la cara, con espíritu positivo y optimista. No podemos callarnos: Sin embargo, hemos de hacerlo cuidando las formas para no herir nunca a nadie ya que normalmente en la balanza siempre hay más cosas positivas que negativas. El simple hecho de dedicarse a la formación de jugadores tiene, en sí, mucho mérito.
Muchas veces los entrenadores piensan que ganan los partidos por el planteamiento táctico que han realizado y por lo que han trabajado durante la semana. Y esto, puedo asegurarlo por la experiencia de muchos años, no es cierto. Los niños juegan muchas veces demasiado encorsetados porque deben actuar muy diferente a lo que para ellos es natural.
En cambio, cuando les dejas que jueguen libremente, sin disposiciones tácticas complicadas, son capaces de dar el 200% de sus posibilidades, simplemente con un poco de motivación. Se transforman y son otros muy diferentes.
Lo mismo ocurre con los entrenadores, no podemos pretender que todos sean de una forma concreta en que te has empeñado que sean. Hay que dejarles libertad y margen para poder crecer y desarrollarse con naturalidad. Que se equivoquen, que descubran sus errores y que aprendan de ellos. Sin enfadarse y sin perder la paciencia. Dándoles confianza.