Miguel es el mejor jugador del equipo. No quiero decir que los demás no lo sean buenos pero hay que aceptar que juega muy bien y todo el mundo lo reconoce. De hecho, el Barça está interesado en ficharlo, pero con 10 años es demasiado joven y, por ahora, le están haciendo un seguimiento.

Juega en el medio del campo y no es que sea un gran pasador, quizá lo que mejor haga es recuperar balones y eso al entrenador le encanta por la importancia de tener un jugador de estas características. Además, lucha mucho, es un autentico gladiador. Para colmo, sus tiros a puerta son bastante decisivos: ha metido muchos goles en la liga.

Siempre que inicia una jugada, conduce el balón con rapidez hacia la portería contraria y regatea a uno o a dos antes de pasarla o chutar a puerta. Esa jugada es la favorita y le sale siempre bastante bien. Sin embargo, los defensas ya le conocen y, como consecuencia, en ocasiones pierde la pelota. Ahí es cuando se aprecia la calidad de Miguel porque persigue a muerte al que le ha robado la pelota hasta que se la quita y la recupera.

Pues bien, un día pude apreciar algo raro en Miguel que no había visto nunca. Tras realizar su jugada favorita, perdió el balón y en lugar de bajar a defender como siempre hace, se quedó mirando, como si estuviera muy cansado. Lo hizo más veces durante el partido y eso me llevó a pensar que algo no funcionaba bien.

Hablé con Miguel tras el partido. Le pregunté si el día antes del encuentro se había acostado pronto y si desayunaba bien antes del partido. Pensaba que estas eran las causas de su falta de energía. Miguel me respondió con toda sinceridad que sus padres se acostaban tarde y que se quedaba con ellos. Referente al desayuno me aclaró, con mucha timidez, que ellos comía lo que podían y que nunca desayunaba.

Hay que aclarar que Miguel venía de una familia muy sencilla y que sus padres no tenían trabajo fijo. Se las arreglaban con pequeños encargos. Eso provocaba que muchas veces no tenían qué comer.

Estaba claro, aquel era el problema de MIguel. No era un problema personal sino de otro tipo y había que arreglarlo de alguna forma. Pero si tú no descansas y no comes bien porque no le da la gana, puede ser una falta de compañerismo con tu equipo porque no podrás dar al grupo lo que necesita. El fútbol nos enseña que tenemos siempre una responsabilidad con el equipo y no podemos fallarles con actitudes egoístas.

¿Cómo te preparas para los partidos? ¿Eres de los que se acuesta tarde? Necesitas dormir entre 9 ó 10 horas, según la edad, para estar perfectamente descansado y con las baterías cargadas antes de la competición. Si no lo haces, no ayudas a tu equipo. 

¿Eres de los que no te apetece comer nada antes del partido? No creo que esto sea bueno para tu rendimiento en el campo y es una falta grave con tus compañeros que intentan adquirir las energías necesarias para darlo todo en el encuentro.

Hablé con los padres de Miguel y les pedí por favor que cuidaran estos dos aspectos porque estaba rindiendo poco por culpa de la falta de descanso y nutrición. Los padres se comprometieron a mejorar esta situación y agradecieron el interés por Miguel.

Pasaron los meses y lo de Miguel había mejorado, pero él no acababa de ser el de siempre. Podía apreciarlo pero desconocía la causa y realmente me preocupaba. 

Por fin nos tocó jugar contra el equipo más fuerte de la liga. Nuestra temporada había sido muy buena y, si ganábamos al líder, nos colocábamos primeros. Era un partido importante para todos y necesitábamos que Miguel estuviera al máximo si queríamos un buen resultado.

Los jugadores de ambos equipos salieron al campo muy nerviosos porque sabían lo que se jugaban: toda la temporada en un solo partido. Cuando vi salir a Miguel al campo para calentar, me di cuenta de que aquello no iba a funcionar. Solía hacer unos ejercicios muy intensos y además contagiaba a sus compañeros siempre, pero hoy estaba como dormido, sin fuerzas, sin energía.

–Ánimo Miguel, ––le grité desde la banda para darle apoyo.

Miguel me miró e intentó sonreír pero no pudo. Algo pasaba, aquello no era normal. Hablé con el entrenador y le comenté que quizá no era el mejor momento para poner en el equipo inicial a Miguel: no lo veía preparado. Pero el entrenador no me hizo mucho caso porque no podía imaginarse jugar este partido sin estar Miguel en el equipo. 

Miguel se esforzaba mucho, estaba desfigurado y sudando bastante. Sin embargo, perdía un balón tras otro, no llegaba a robar como antes y tampoco tenía fuerzas para bajar a defender y, si lo hacía, ya no volvía, se quedaba jadeante en la defensa. Terminó el partido como pudo. No pudimos ganar porque jugábamos con uno menos ya que Miguel no pudo hacer nada.

Los padres me confirmaron que estaba comiendo bien y durmiendo las horas previstas con lo que me alarmé bastante y les pedí que lo llevaran al médico para que le hicieran una revisión. Quizá no era nada pero había que asegurarse. 

Efectivamente, los padres le llevaron inmediatamente y, cuando terminó la visita, el médico se quedó algo preocupado y le hizo un análisis de sangre para poder tener más información más completa de lo que realmente le pasaba. Los resultados de las pruebas despejaron las dudas y reunió a los padres para informarles:

––Vuestro hijo tiene un cáncer y hemos de empezar el tratamiento cuanto antes porque, por suerte, hemos llegado a tiempo para intentar eliminarlo.

Miguel, que estaba en la reunión con sus padres, se quedó pensativo, con los ojos mirando al infinito. Al cabo de un tiempo de silencio absoluto, preguntó al médico:

––Pero, ¿podré seguir jugando?

––Mira Miguel, ––respondió el médico poniéndose muy serio, ––tienes una enfermedad muy grave y puedes morirte si no te curamos bien. No vas a poder entrenar ni jugar al fútbol hasta que no te recuperes y esto es algo largo. Como mínimo un año.

––¿Pero luego podré jugar al fútbol? ––interrumpe Miguel que estaba con los ojos llorosos porque empezaba a darse cuenta de lo que realmente le estaba pasando.

––Te va a costar un poco––responde el médico esbozando una pequeña sonrisa, ––pero si te esfuerzas mucho creo que podrás conseguirlo, siempre que el tratamiento vaya bien. Ten en cuenta que ahora vas a ingresar en el hospital y permanecerás aquí hasta que veamos tu evolución. Te vamos a dar una serie de medicinas que van muy bien pero que te hará sentirte mal y muy débil. 

––¿Pero podré jugar al fútbol, no? ––Insiste Miguel. 

Cuando los chicos del equipo se enteraron de lo que tenía MIguel, decidieron ir a visitarle inmediatamente al hospital para darle su apoyo ya que era uno de los jugadores más queridos del equipo, por su espíritu de lucha, por su buen humor, por su energía y porque además jugaba muy bien al fútbol.

Miguel agradeció mucho la visita y se dio cuenta de que había mucho compañerismo entre los que formaban el equipo. Se sintió muy feliz con la  cercanía de sus amigos. Estuvieron toda la tarde y no dejaron de hacer bromas durante todo el rato para que lo pasara lo mejor posible. Sabían que muy pronto iba a  empezar el tratamiento, muy duro y doloroso, y que iba a  quedar muy debilitado.

Pero… un día, el entrenador llegó al vestuario muy emocionado y les comentó a los chicos que el equipo se iba Alemania para jugar un torneo muy importante. Les hizo mucha ilusión porque iban a jugar contra equipos grandes como Bayern de Múnich, Ayax, Manchester City, Juventus… Estaban alucinados y, por otro lado, pensaban que sin Miguel iba a ser más complicado poder hacer un buen papel en este torneo. Pero ya solo pensar en jugar contra estos equipos tan famosos, llenaba de emoción.

Cuando llegaron al hotel, el viernes antes del inicio de la competición, el entrenador tuvo una gran idea que iba a demostrar lo mucho que apreciábamos a MIguel: 

––¿y si dedicamos la copa a Miguel? Lucharemos a muerte para ganarla. Le hará mucha ilusión saber que nos hemos acordado de él en Alemania.

Ciertamente el objetivo les ilusionó y les dio muchas más fuerzas: querían ganar el torneo para ofrecerle la victoria a su amigo que lo estaba pasando fatal en el hospital. En cada partido, salían al campo,, con tanta energía que se comían literalmente al equipo contrario. No importaba de qué equipo se tratara, no les daba miedo nada porque deseaban la victoria con toda el alma.

La final fue contra el Manchester City y terminamos uno a uno con lo que nos lo tuvimos que jugar a los penaltis. Los tres jugadores que lanzaron la pena máxima consiguieron perforar la portería contraria. Y cuando a nuestro portero le tocaba parar el penalti definitivo, el entrenador le recordó que pensara en Miguel. Eso le hizo ponerse al límite para intentar atajar la pelota y así fue. 

Mientras el balón se colaba por la escuadra, una mano vigorosa de nuestro portero apareció de repente, sin saber cómo llegó hasta allí y desvío la pelota fuera de la portería. ¡No podíamos creerlo! Tras el gran esfuerzo de toda la semana para ir superando uno a uno todos los partidos, ahora nos sentíamos inmensamente felices: ¡Éramos los campeones!

En la entrega de premios que hubo a continuación, nos hicimos una foto con la copa e inmediatamente la mandamos a Miguel para explicarle que esa victoria era suya. Su madre, que fue la que recibió la foto, inmediatamente se la enseñó a Miguel que pegó un salto desde la cama, a pesar de estar bastante débil, celebrándolo como si fuera él mismo el que recibía el trofeo  en Alemania. 

Le hizo mucha ilusión que sus compañeros de equipo se hubieran acordado de él y se le veía feliz. Su madre no le había visto nunca sonreír desde que ingresaron en el hospital. Era la primera vez. Luego abrazó a su madre llorando de alegría.

El equipo ya había cumplido con su objetivo. Estaban orgullosos de la gran proeza conseguida y más todavía de haberle dedicado la victoria a Miguel porque eran conscientes de lo mal que lo estaba pasando con el tratamiento para curarle el cáncer. 

Pero cuando estaban subiendo al avión para volver a Barcelona, a uno del equipo se le ocurrió otra gran idea:

––¿Por qué no le compramos un regalo a Miguel? Todos hemos comprado recuerdos en Alemania y seguro que él está aburrido en el hospital. ¿Y si le compramos entre todos una tablet para que no se aburra y le puedan mandar los deberes del colegio y hablar con sus amigos? 

Les pareció a todos una buena idea y reunieron dinero pero se dieron cuenta que no era suficiente con lo algunos empezaron a pensar en abandonar la idea. Era complicado conseguir más dinero.

¿Cuántas veces en tu equipo de fútbol te propones un objetivo y a los dos días ya lo has abandonado porque eres incapaz de pensar en lo importante que es ayudar a los demás? Dices que vas a ser más amable con ese jugador que no te cae muy bien, pero no eres capaz de hacer el esfuerzo de sonreírle o darle las gracias por nada y acabas ignorándolo. 

Dices que vas a poner más esfuerzo en los entrenamientos para ayudar más al equipo pero cuando sientes los primeros síntomas de cansancio se te ve cómo abandonas y dejas de esforzarte porque eres un egoísta que no piensas más que en ti y en tus cosas. 

Dices que vas a llamar a ese compañero del equipo que está enfermo para apoyarle y demostrarle tu aprecio pero a la primera excusa que encuentras, haces que te olvidas y lo dejas para más adelante y al final no le llamas.

Debes darte cuenta, de una vez por todas, que ser un buen compañero cuesta esfuerzo y que si realmente quieres ayudar a alguien, te costará bastante pero, a la vez, te llenará de felicidad. No te rindas nunca ante la tentación de que es difícil lo que te propones.

Pero volvamos a la historia. Algunos del equipo no estaban dispuestos a rendirse por este pequeño aunque importante detalle: no llegaban a reunir la cantidad de dinero necesario para comprarle el regalo. Dicen que cuando aprecias a un apersona, todos los obstáculos acaban superándose. No iban a rendirse tan fácilmente. Entonces, propusieron un plan arriesgado pero posible:

–– ¿Y si les explicamos quién es Miguel a los pasajeros del avión y el regalo muy especial que queremos hacerle? 

Algunos, no estaban dispuestos a colaborar porque les daba vergüenza hablar con la gente del avión ya que no los conocían de nada. Otros se lanzaron inmediatamente pensando en lo feliz que sería Miguel si lo conseguían. 

¿Tú eres de los que no se atreve a realizar algo simplemente porque es muy difícil? ¿Eres de los que cuando te encuentras un obstáculo grande te retiras porque no te ves capaz de saltarlo o porque te puedes caer al intentar superarlo? No pongas trabas porque creo que tu amigo se l merece más que todas las excusas que presentas y, si no piensas así es porque no sabes qué es el verdadero compañerismo: ayudar a los demás sin pensar en uno mismo. Pero sigamos a estos valientes de la historia.

Iban, fila por fila, explicando en español y en un inglés bastante limitado lo que pretendían. Los pasajeros respondieron todos muy bien y se interesaban por Miguel, incluso alguno quería conocerlo en Barcelona. El plan había sido un éxito y reunieron más dinero del que necesitaban para la tableta. Todos los pasajeros habían querido aportar alguna cosa.

Que sepas que una verdadera amistad es capaz de romper todas las barreras que se presenten porque es más fuerte que todas ellas. Por eso, consiguieron ganar un campeonato muy difícil, por eso no se rindieron ante el problema de la tablet. La fuerza de esa amistad es capaz de todo. Es cuestión de querer a la gente que te rodea. Verás cómo cambia todo.

Llegando a Barcelona, compraron una buena tableta y con el dinero que sobró, algunas chuches,. Inmediatamente llamaron a la madre de Miguel para decirle que el sábado iba a ir a visitarle todo el equipo y a entregarle la copa que habían ganado. 

Pero cuando la madre se lo comunicó, Miguel se puso muy violento y, gritando, le dijo que no quería que viniera nadie a visitarle. 

Fue un duro golpe para el equipo. No esperaban esto. Una nueva dificultad para estos compañeros de Miguel. ¿Qué estaba pasando? Tanto esfuerzo por tenerle feliz durante su enfermedad ¿y les responde así? No podían ni imaginarse una respuesta como esta,  siendo tan amigos. 

Las dificultades que te vas encontrando a lo largo del camino son simplemente pruebas para apreciar si ese compañerismo es verdadero o es superficial. Si es verdadero tu respuesta debe ser la de no rendirte, aunque parecía como si Miguel no quisiera saber nada de ellos. Si esa amistad es superficial, ante la primera dificultad dejarían de luchar.

Cuantas veces has intentado demostrar tu compañerismo con el equipo y te has rendido cuando ha aparecido la primera contrariedad, pensando que si es para eso no vale la pena ni intentarlo. ¿Crees que es fácil ser un buen compañero? Ya te adelanto que no lo es. 

Imagínate que te has propuesto felicitar a tu portero cada vez que hace una buena parada para darle ánimos y que tenga más confianza en sí mismo. 

Imagínate que lo intentas la primera vez y el portero te responde con un “déjame en paz” en lugar de agradecértelo. Primero, que tu no haces eso por que te lo agradezca sino porque quieres ayudarle y eso, ciertamente le ayuda aunque no lo reconozca. Segundo, si te responde mal, posiblemente sea porque algo le pasa pero seguro que, en el fondo, él esta agradecido de que tengas ese detalle. 

Los chicos se quedaron sorprendidos por la respuesta de Miguel porque no se lo esperaban. No entendían qué estaba pasando pero de nuevo no se rindieron. Irían a ver a Miguel como fuese. Entonces intentaron descubrir por qué no quería que fueran a verle. Hablaron con la madre, que estaba muy preocupada por la reacción de su hijo, y les enseñó la foto que mandamos por whatsapp desde Alemania con la copa: 

––¡Estaba super contento y muy agradecido a todos vosotros por el detalle!, ––añadió la madre mientras señalaba la foto.

Uno de los del equipo tomó la foto de Miguel de las manos de la madre y observó que llevaba una gorra y estaba en pijama. Se puso a examinarla con detalle e inmediatamente exclamó:

––¡Ya está! Miguel no quiere que entremos a su habitación porque ha perdido todo el pelo con el tratamiento y no quiere que le veamos así. 

––Vaya tontería, ––exclamó otro del equipo. Él sabe que le llevamos la copa de campeones y los regalos. No creo que por perder el pelo haya montado todo este lío.

––Claro que sí, ––respondió otro jugador. ¿Serías capaz de cortarte el pelo al cero y pasearte solo por la calle o por el colegio? No. La gente se reiría de ti. Vas muy raro con el pelo al cero. Además no te gusta que se vea tu enfermedad con tanta claridad. 

––Es cierto, da mucho corte, ––observó el portero. ––Yo no lo haría. Ahora ya sabemos lo que ha pasado. ¿Qué podemos hacer para resolverlo? Hemos de conseguir que Miguel nos deje pasar. No podemos abandonar ahora que lo hemos conseguido todo. 

Hay excusas suficientes para irse a casa y decirle a Miguel que le aguante su tía. Sin embargo, el compañerismo de estos jugadores es verdadero y no permiten que ningún obstáculo les prive de su amistad. Son capaces de hacer cualquier cosa por Miguel.

Tu también tienes motivos para mandarle a la porra a ese portero mal educado que no te agradece tu detalle. Pero piénsalo antes de enfadarte o de abandonar. Quizá esté pasando un mal momento y por eso ha respondido así. No debes culparle, solo intentar comprenderle. Seguro que el portero ha valorado tu esfuerzo pero su respuesta es otra por otro motivo: quizá está muy dolido porque ese gol afecta a sus compañeros, quizá le has cogido en un mal momento y él tiene reacciones violentas pero cuando se calma es otro, quizá su padre le está apretando mucho y él está un poco desesperado porque no quiere decepcionarle. En fin son muchas las posibilidades que pueden surgir, pero no te rindas. Sigue intentándolo aunque no encuentres respuestas correctas. Tu no lo haces por que te responda bien si no por ayudarle y tu sabes que esto le ayuda. Y ya está.

Los amigos de Miguel estaban dándole vueltas a cómo solucionar este problema y, por fin, uno dio en el clavo:

––Ya está, ––exclamó dando un fuerte grito. ––El sábado vamos a verle pero hemos de cortarnos el pelo al cero, como él. Estoy seguro que esto le llenará de agradecimiento porque lo que realmente le molesta es haber perdido el pelo, nada más. Por eso no quiere que entremos.

Hubo un largo silencio en el vestuario. Todos habían imaginado lo que eso significaba. Perder el pelo, algo que cuidamos tanto y que nos da nuestra personalidad. Sería como perder algo de uno mismo. Pero, por otro lado, si eso es lo que nos permite ver a Miguel, pues vale la pena. Por Miguel estaban dispuestos a todo.

Todos no, hubo algunos del equipo que dijeron basta: el torneo por Miguel, el dinero recolectado por Miguel, pero mi pelo es sagrado. No lo corto por nada del mundo, pensaban. Hubo discusiones y lo dejaron en que cada uno hiciera lo que quisiera. Además, había que preguntarlo a los padres.

Si esto era el lunes, el miércoles se presentaron al entrenamiento en el club de nuevo. Todos, excepto dos, se habían cortado el pelo al cero. Estaban felices de poder hacer eso por Miguel y esa decisión arrastró a los dos que quedaban de tal forma que todos se presentaron el sábado en el hospital rapados y listos para ver a Miguel y entregarle los regalos.

Subieron a la planta 4 donde estaba ingresado y encontraron a su madre en la puerta que se emocionó cuando les vio a todos sin pelo y los abrazó sin poder esconder unas lágrimas que caían por sus mejillas. Les comentó que a Miguel le había hecho mucha ilusión todos aquellos detalles y valoraba ese gran compañerismo que habían mostrado. Se daba cuenta que mucha gente  quería a su hijo de verdad. Y él lo necesitaba de forma especial en esos momentos. Notaba su apoyo aunque normalmente estuvieran muy lejos de esa habitación.

––¡¡¡Miguel!! Tus amigos del equipo han llegado y te quieren saludar. ––grita la madre porque la puerta de la habitación está abierta y sabe que Miguel está escuchando. –Traen una sorpresa para ti.

––No mamá, ¡¡¡que no pasen!!!! No quiero verles.

Su madre que sabía perfectamente que Miguel iba a gustarle lo que iba a ver, permitió que pasara todo el equipo a la habitación aunque Miguel no quería. Cuando entraron y Miguel los vio a todos con la cabeza rapada, se emocionó y se puso a llorar mientras abrazaba a sus compañeros uno a uno. Se había quitado la gorra y había empezado a reírse a carcajada limpia. Se reía del aspecto de cada uno de los amigos del equipo. Y ellos se metían también con él. 

Entonces le entregaron la copa de campeones que la cogió y la levantó como si la hubiera ganado él en ese mismo momento. Todos se hicieron una foto juntos, con la copa en medio. Luego le entregaron la tablet para que pudiera entretenerse y se volvió a emocionar. Le explicaron cómo habían conseguido el dinero para poderla comprar. No podía creérselo. Poco a poco, se terminaron las chuches que le habían comprado. No quedó nada y ya era hora de irse a casa porque al día siguiente tenían partido. 

En la despedida, Miguel les aseguró a todos que lo que más le había hecho feliz no era la tableta ni las chuches, ni la visita. Lo mejor fue ver que erais sus amigos, capaces de entender lo que me estaba pasando y vinierais con el pelo rapado. Eso para mí ha sido lo más bonito que me ha sucedido hasta ahora. Nunca lo olvidaré. Es una demostración de que realmente me queréis de verdad y no por quedar bien o porque estoy pasando un mal momento. 

Cuando los jugadores del equipo abandonaron la habitación de Miguel, salían felices por haber hecho algo que había costado tanto, pero que valía la pena porque era por un amigo, un compañero. 

La verdad es que cuando das, siempre recibes más. Lo habían comprobado todos. Incluso Miguel.