La semana pasada pude ver el partido Valencia-Barça por la televisión. Al presenciar cómo terminó el partido, no dudé en aprovechar la situación para contarles a un grupo de jugadores de la Fundación Marcet qué es lo que pensaba sobre esto. Vi una oportunidad para transmitirles algunos valores aprovechando las circunstancias.

Ya sabemos que los niños tienen como ídolos a los jugadores de los primeros equipos: Messi, Cristiano, Iniesta, Modric. Llevan sus mismas botas, idéntico peinado, juegan como ellos y actúan con sus mismos gestos. Si les ven protestar, ellos también lo hacen, si se tiran a la piscina, ellos lo imitan a la perfección.

Desgraciadamente los jugadores profesionales no son un ejemplo para los niños y eso hay que dejárselo claro porque el peligro que existe es enorme. En la mente de un niño, es impensable que sus ídolos puedan tener errores. Son su modelo y quieren ser como ellos. Como siempre, hay honrosas excepciones pero, lamentablemente, son pocos.

Los futbolistas profesionales son, generalmente, personas inmaduras que de repente consiguen tener mucho dinero y eso les hace mucho daño. Han dedicado toda su vida al fútbol sin tener otro tipo de formación y desde muy pequeños han apostado por el fútbol y han abandonado aspectos importantes para su formación quedando verdaderamente muy limitados como personas.

Lo mismo ocurre con los aficionados que van al campo de fútbol. Hay de todo pero una parte importante son esos violentos que en los campos transmiten tanto odio y tanta tontería. Personas totalmente descontroladas que realizan auténticas barbaridades allí donde van. Muchos aficionados procuran no llevar a sus hijos a los campos porque es lamentable lo que tienen que escuchar.

Pues bien, ésta era mi oportunidad para describirles con detalle lo que había sucedido en ese partido. Los chicos, cuando les cuentas algo real, que ha sucedido en un momento y a una hora, están mucho más receptivos que cuando intentas teorizar sobre un valor o una idea. Está en el momento más sensible para profundizar en esos temas que se tratan.

El Barça estaba perdiendo y consigue empatar el partido. Todo parece que el equipo se va a llevar un punto en un campo muy complicado. Sin embargo, una jugada en los últimos momentos del partido termina en penalti. Más emoción imposible. El portero del Valencia había parado dos penaltis hace pocos días y Messi últimamente no estaba muy fino en este tipo de lanzamientos.

Diego Alves intenta poner nervioso a Messi acercándose a él y hablando con él. No sabemos lo que decía pero todo el mundo sabe lo complicado de la situación. Messi está muy concentrado y no parece que le afecte todo lo que está realizando el portero. El árbitro le llama la atención pero el portero parece que sigue comentándole cosas. Por fin se separan y Messi se prepara para disparar. El público se da cuenta de la situación perfectamente.

El disparo va fuerte y muy bien colocado pero el portero le adivina la dirección y se lanza muy bien hacia el balón. Imposible pararlo. Messi consigue el gol a pesar de todas las artimañas del portero.

En ese momento se produce una alegría inmensa en el equipo del Barça que celebran como locos. Movidos quizá por la presión del momento, se van a celebrar el triunfo frente a la grada del Valencia más activa, utilizando gestos claramente provocativos.

Los comentarios del Comité disciplinario fueron bastante duros tras analizar la situación:

“no debe pasarse por alto el reprochable comportamiento que muestran algunos jugadores del F.C. Barcelona al dirigirse con ciertos gestos y expresiones hacia el público durante la celebración del gol que acababan de anotar”

Es aquí donde quería detenerme en el relato que estaba realizando con los chicos de Marcet. Mirándoles a la cara, les comentaba que es una situación bastante normal en un partido. Estás perdiendo y de repente el partido cambia. Los gritos del público rival celebrando la victoria se convierten en motivo de más euforia de la debida en el momento en que las cosas han cambiado y se han puesto de tu lado.

Es el momento de saber si te vas a saber controlar o vas a tomar como modelo a esos jugadores del Barça que tan mal ejemplo han dado. Es el momento de saber si te vas a comportar con deportividad o vas a intentar vengarte por la situación vivida anteriormente.

Les estaba planteando claramente una dicotomía entre Control y Descontrol. Y visto de otra forma más elegante, les planteaba la disyuntiva de ser deportivo o vengativo.

Tuve que pararme un momento para pensar bien lo que iba a decir a continuación. No quería que a nadie se le escapara la siguiente idea. Provoqué un pequeño silencio que me ayudó a centrarlos más en lo que iba a decir:

—Los jugadores profesionales no son nunca un ejemplo para vosotros.

Lo repetí varias veces y vocalizando mucho. Sin miedo a chocar con sus equivocados modelos personales.

—Su comportamiento, por desgracia, no es nada modélico. Y este es un ejemplo más en el que no actuaron bien.

En ese momento saltan algunas intervenciones de los chicos que se han sentido bastante sacudidos por mis palabras. Ponen ejemplos de otras situaciones en las que los futbolistas no muestran un comportamiento adecuado, no dan buen ejemplo.

En un segundo habíamos pasado de héroe a villano y tampoco podía permitirlo porque sería una falta de respeto a la persona sea cual sea. Hay que aclarar desde un principio que todos hacemos cosas parecidas y que no podemos criticar a una persona cuando nosotros también estamos continuamente dando mal ejemplo en las pequeñas circunstancias de la vida: no preparo bien una sesión de entrenamiento, me enfado con el guardia que me pone una multa, insulto a un hermano mío que me pone nervioso, etc.

Son reacciones humanas en las que todos debemos aprender un poco más a controlarnos y no dejarnos llevar por los encendidos sentimientos del momento. Son los hechos los que hay que evaluar pero no las personas concretas que lo hacen.

Sin embargo, lo que sí quería dejar claro a los chicos que me escuchaban en ese momento es que los jugadores famosos, tienen una responsabilidad muy grande ya que son muchas las personas que se fijan en ellos y en su conducta y, eso, debe de tenerlo muy en cuenta en su vida profesional. No puede ir haciendo los que le dé la gana en cada momento porque cualquier comentario o actuación tiene una enorme repercusión en la sociedad.

Pongámoslo en tono positivo. Si Messi recibe una patada y le derriban en un partido y él no se queja y simplemente se levanta para seguir jugando, está ayudando a muchas personas a comportarse de igual manera. La sociedad valora mucho las buenas actuaciones de sus líderes deportivos.

Los ojos de los niños estaban fijos en mi explicación. Debía dar el toque final en ese momento y no dudé ni un segundo:

—Lo que quiero que entendáis de todo esto es que vuestro comportamiento como futbolistas debe ser siempre ejemplar aunque en algunos momentos os puede costar porque el ambiente se ha puesto muy en contra, porque sentís rabia, porque estáis eufóricos. Mientras estéis en la Fundación Marcet, eso es lo que quiero de vosotros.

Soy consciente que los niños viven al día, no les puedes hablar del futuro porque les queda tan lejano que todavía no les interesa. Sin embargo a vosotros, queridos lectores, si que os lo puedo transmitir. Lo que realmente quiero es que, esos chicos que ahora me escuchan, una vez hayan salido de la Fundación Marcet sean capaces de actuar, de forma habitual, con un control ante esas emociones que nos traicionan tantas veces para que nunca tengamos que arrepentirnos.

Para conseguirlo, hemos de trabajar muy en serio esos valores en los niños desde muy pequeños. De este modo, adquieren unas formas y criterios de actuación ejemplares que aplicarán durante toda su vida.

Queremos que estos chicos sí sean un ejemplo de conducta deportiva en los terrenos de juego y que si alguno llega a ser jugador profesional, mantenga de por vida una actitud de respeto con todos. Y los que no lleguen al fútbol profesional somos conscientes que sabrán aplicar esta conducta en las situaciones habituales de su vida personal.

Con este pequeño detalle entresacado del fútbol profesional concluimos la pequeña charla informal de ese día. Sin embargo quise añadir otro detalle que el Comité también comentó.

“Tampoco constituye precisamente un ejemplo de deportividad la exagerada reacción de algunos jugadores del referido club que, sin haberles llegado a alcanzar ninguna botella, simulan o fingen de forma simultánea haber sido golpeados igualmente por un objeto mucho más contundente que la botella que alcanza a uno solo de ellos”

Parece ser que desde la grada se empezaron a lanzar botellas al grupo de jugadores que estaban celebrando la victoria y una de ellas alcanzó la cabeza de Neymar. Entonces, todos los jugadores que hacían piña, simularon haber recibido el mismo golpe, cuando solo fue Neymar el afectado. Se ve en la foto que publicaron todos los periódicos cómo varios jugadores se quejan del impacto y además de forma exagerada.

Muchos chicos me comentaron que lo habían visto. Yo pensaba que no porque era consciente de que, por otros motivos, no habían podido ver el partido. Inmediatamente me comentaron que no vieron el partido pero que constantemente lo ponían en la televisión durante esa semana.

Aproveché esa segunda situación para transmitirles una de las tres haches que llevan en el uniforme. Hablamos esta vez de la H de la honradez.

–Jamás debes simular una falta o exagerar un dolor para que el árbitro pite a tu favor. No eres más listo que los demás si aprovechas esas situaciones para hacer trampas. Eres más tramposo, nada más pero no más listo o más espabilado. Es falso lo que os enseñan aquellos entrenadores que os animan a perder tiempo deliberadamente, a tirarte dentro del área, o a simular faltas donde no las hay – Lo llaman “conocer el oficio” “pillería”, pero en realidad es una forma de ocultar la verdad. Te están enseñando a ser un tramposo. No son valores lo que te enseñan sino todo lo contrario.

Tras estas palabras tan duras, quise ofrecerles una breve alusión a los profesionales del fútbol:

–Estos jugadores que salen tanto por la televisión, que tanto dinero ganan y que juegan tan bien, no son un ejemplo para vosotros. No está bien esta forma de simular algo que no existe y no quiero que vosotros lo hagáis nunca en un campo de fútbol. Prefiero perder un partido a que simuléis un penalti. Prefiero formar buenas personas que campeones poco honrados.

Cuando estaba cerrando el artículo ha llegado a mis manos unas palabras de Pau Gassol, un deportista que ha entendido desde el primer momento la responsabilidad que tiene en dar ejemplo. Os copio algunas de las ideas que me han cautivado:

“El deporte no es una actividad física sin más, sino que, especialmente en el caso del que se juega en equipo, es un potente instrumento de educación. Practicarlo hace que los chicos y chicas adquieran valores que les serán muy útiles a lo largo de su vida: esfuerzo, superación, perseverancia, compañerismo, respeto, deportividad…

Por otro lado, como atleta profesional, soy consciente de la profunda influencia que ejerzo y de la capacidad para generar modelos de comportamiento, especialmente entre los más jóvenes. De acuerdo con esta responsabilidad, aprovecho espacios para pasar tiempo con las nuevas generaciones con el objetivo de enseñarles algunas de las cosas más importantes que he aprendido a lo largo de mi carrera y que me han hecho crecer no solamente como jugador sino también como persona.

No he querido perder la oportunidad de transmitirles lo que para mí es fundamental en el aprendizaje de cualquier deporte: el esfuerzo y la perseverancia, combinados con la humildad y la ambición, como valores fundamentales para construir liderazgo.

Pero lo que sin lugar a duda también he hecho mío es el convencimiento de que no hay liderazgo sin ejemplo y, dado el lugar que ocupamos, debemos convertirnos en ejemplos para las nuevas generaciones.”

Sus palabras son un ejemplo para tantos deportistas de élite. Esperamos que tomen nota y pronto aparezcan nuevos ejemplos como el de Pau. Gracias por tu testimonio.