III. Dile a tu hijo muchas veces no (III/III)

En un vestuario desapareció un objeto de valor. El chico afectado vino a verme para comentármelo. Durante el entrenamiento se produjo la sustracción. A la fuerza tenía que haber sido alguien del equipo. La reunión con todos fue muy breve:

– La honradez es algo fundamental en este equipo, les comenté,  y si no sale el ladrón disolveré el equipo porque no se merece estar aquí.

Por un lado, estaba dándole la importancia debida a la honradez, en este caso, ausencia de honradez. También estaba apoyando al jugador afectado porque, muchas veces, lo que pasa es que , por el ajetreo del día a día, no se toman en serio estas situaciones y perdemos un momento importante para educar. Estaba provocando una “situación límite” que facilitara la sinceridad entre ellos, pero no salía el culpable. No se atrevía a afrontar la situación. No se imaginaba que las consecuencias de su acto, tan pequeño, iban a ser tan graves. Pero la vida es así. Los delincuentes adultos actuales, ya actuaban así desde pequeños.

Los chicos tuvieron tiempo para hablar entre ellos pero no se pusieron de acuerdo para resolverlo. Muchos salían llorando del vestuario porque sabían que era capaz de disolver al equipo. Los padres, que estaban esperando a sus hijos a la salida, quedaron extrañados al verlos en esta situación tan lamentable de tristeza, lloro y pesimismo. 

Yo intenté calmar un poco a los padres y darles algunas explicaciones pero tampoco muchas. Lamentablemente aparecieron de nuevo los padres proteccionistas. No podían soportar ver a su hijo llorar. Su argumento era bien simple:

– lo llevo para que disfrute del fútbol y no para que llore y lo pase mal. 

Argumento que lo clasifica completamente como padre protector que no soporta que su hijo lo pase mal. Para estos padres, que su hijo no sufra es lo único que les importa y está por encima de su formación personal. Son incapaces de darse cuenta que esas lágrimas son la mejor medicina para superarse ya que, ante estas situaciones críticas, el chico está en el momento más sensible que le va a permitir darse cuenta de que debe cambiar si quiere mejorar. 

Las lagrimas curan y, por lo tanto, los padres deben estar preparados ante situaciones como estas porque es una oportunidad muy buena para enfrentarse a momentos  complicados que se encontrarán en la vida, más adelante y serán capaces de solucionarlas porque de pequeño sus padres les entrenaron para esto.

Un padre me escribe contándome que su hijo de 14 años jugaba en un equipo sencillo y un entrenador lo fichó para un equipo superior. Empezó jugando de titular pero se lesionó y estuvo bastante tiempo sin poder entrenar. Una vez recuperado, el entrenador ya no contaba con él y me preguntaba qué debía hacer. Espero que no me tome por loco pero lo primero que se me ocurrió decirle es que su hijo tiene mucha suerte al poder enfrentarse a una pequeña dificultad. Le pedí que le diera la vuelta al problema y le enseñara a su hijo cómo afrontar ese problema con valentía. Su papel como padre es apoyarle, pero es él quien debe solucionarlo y me acordé del artículo sobre Michael Jordan: http://www.javiermarcet.com/lo-que-nos-enseno-michael-jordan/ 

Michael Jordan, como todo chico de su edad tenía un sueño que era entrar a formar parte del equipo del instituto y pensaba que estaba lo suficiente preparado para ser uno de los elegidos, pero, como en otras tantas ocasiones, muchas veces se vive en una nube de sueños de la que la vida te hace caer con un soberano puntapié.

Puede ocurrirle a tu hijo que su entrenador decida no alinearte en el partido o ponerle en un equipo inferior al que deseas. Es posible que no lo entiendas porque piensas que tu hijo es tan bueno como los demás. Si reaccionas mal, es por exceso de protección. En lugar de decirle que algo le falta para estar en el equipo lo proteges diciéndole que es el entrenador el culpable de la situación. Tu proteccionismo no le permite crecer y superarse y es uno de los mayores errores que puedes cometer en este deporte.

Miguel se enfrentó a la cruda realidad al mirar una y otra vez la lista de los jugadores elegidos para el equipo y comprobar que su nombre no aparecía por ningún sitio. Comprensiblemente corrió a su casa y se encerró en su cuarto para derramar muchas lagrimas de frustración y tristeza, y nadie mejor para sofocar esas lagrimas que su madre, la cual lo acogió entre sus brazos y entre besos y caricias le susurro: “Demuéstrales que se equivocan, da todo lo que tienes dentro para ello, si lo haces y no te escogen no tendrás nada que reprocharte a ti mismo”.

Esas palabras, junto con la sensación amarga de derrota, hicieron que Miguel se prometiese a si mismo que jamás volvería a saborear tal sensación en su espigado cuerpo y para ello se entregó en cuerpo y alma a un propósito, ser seleccionado en la siguiente ocasión. Y así ocurrió, fue tal su dedicación a su obsesión que no sólo consiguió ser elegido en la siguiente oportunidad, sino que se convirtió en el mejor jugador de su instituto.

Esto es lo que los padres hemos de hacer con nuestros hijos. Hablar con ellos cara a cara y decirles con claridad:

–Ante las dificultades, reacciona pidiendo siempre ayuda a las personas que pueden aconsejarte correctamente. ¿Eres capaz de hablar con tu entrenador para que te diga lo que te falta para poder estar en su equipo? ¿Vas a trabajar duro para conseguir estos objetivos que te faltan para estar al nivel que te piden o te vas a desanimar dejando atrás una oportunidad para demostrarte que con empeño puedes conseguirlo? Hay una ley en el deporte que dice: todo es posible si me lo propongo. ¿Te sirve? Hay que creérselo y, luego, trabajar muy duro.

Deseo destacar la conducta de la madre de este formidable deportista. ¿Protegía a su hijo? Pues sí, pero de la forma correcta. No le dijo:

–Se equivocan porque tu te lo mereces y te cambio de instituto porque no soporto verte sufrir. 

No. Primero le transmite confianza: “demuéstrales que se equivocan”, como diciendo: “tu vales mucho, pero lo tienes dentro y has de sacarlo”. Segundo, le dice que se enfrente a la realidad: “trabaja duro para sacar lo que llevas dentro”, y tercero, le deja claro que lo importante es lo que va a hacer para intentarlo y no tanto el éxito final. Esto es los que debe hacer un padre o una madre con su hijo deportista. Un ejemplo de cómo hay que enfocar las cosas para ayudarle de verdad.

Se tiene que oír con más frecuencia en nuestras casas conversaciones como esta:

–Hijo, si has perdido un calcetín, vas sin él porque así espabilas y seguro que no te vuelve a pasar. Si te pesa la bolsa, te aguantas porque si juegas al fútbol debes consecuente con tus obligaciones. Si te dan una patada, te aguantas porque así es el fútbol y, si te duele, te muerdes la lengua pero nada de lágrimas. Verás como te levantas inmediatamente porque papá no va a estar allí para consolarte. Si no sales de titular, sigue esforzándote para que tu entrenador cuente contigo y no te lamentes, pelea para conseguirlo.

Si deseas un hijo maduro, un hijo feliz, que sepa enfrentarse en el futuro a las dificultades que se encuentre en la vida, empieza ahora mismo a prepararlo. Confía en él y deja que solucione por si mismo sus propios problemas. Con esta actitud, estás sembrando ahora la semilla de su felicidad futura.