Juan tiene 10 años. Practica fútbol tres días a la semana y el sábado juega su partido. Los domingos acude a tecnificación en la sede de la Fundación Marcet en Madrid. Hasta aquí todo bien. Es la vida normal de miles de niños que practican fútbol en todo el mundo. 

Pero un día, tuvo una lesión. Estuvo parado un tiempo y se recuperó en dos semanas y el fisio del club le dio el alta. Durante este tiempo, el niño ha disfrutado de otras actividades que antes no practicaba. Llegó el momento de volver a los campos de fútbol y ha hecho un poco de balanza y ya no quiere jugar más. Dice que no tiene ganas de seguir.

 

Su padre, preocupado intenta hablar con el niño y después de una buena conversación, saca la conclusión de que se siente muy presionado por el ambiente, el entrenador, sus padres, etc. Además, argumenta que ya no le gusta el fútbol y que prefiere pasar el día con sus amigos y poder tener tiempo para jugar con ellos. También deja entrever que ya no es tan bueno como antes. 

 

Muchos padres que estáis leyendo este artículo pensáis que es un caso parecido al de vuestro hijo o que quizá puede pasaros lo mismo. La pregunta es si se puede hacer algo al respecto o hay que tirar la toalla y dejar que abandone el fútbol.

 

Como padres hemos de buscar lo mejor para el niño y la práctica deportiva es muy sana y aconsejable con lo que hay que luchar para que no abandone. Por otro lado, no podemos imponerle las cosas, hay que convencerle de que lo que nosotros pensamos es lo mejor para él. Para convencerle hemos de utilizar buenos argumentos y explicarlos con cariño y con mucha paz. En el lugar y el momento más adecuado.

 

Lo que está claro es que muchos niños a esta edad tienden a buscar lo más cómodo, lo más fácil, lo que menos problemas les dé. No quieren enfrentarse a dificultades donde haya que aplicar un esfuerzo. No les interesa y procuran huir de todo esto. 

 

Prefiero no beber agua a levantarme para ir a buscarla. No leo porque me canso aunque me gusta lo que leo. No voy en bicicleta porque tengo un pinchazo y no quiero arreglarlo. No voy al campo porque hay que desplazarse en coche y subir una cuesta antes de llegar al lugar. No estudio porque casi nunca tengo ganas de hacerlo. No como esto que me gusta tanto porque hay que pelarlo. Es un ir siempre a lo fácil por pura pereza.

 

Con el fútbol pasa lo mismo. Ir al fútbol, significa, levantarse pronto el fin de semana, no ver ese programa que me gusta tanto, no poder quedar con los amigos para ese plan, jugar con frío o con calor, aguantar a un entrenador exigente, tener que hacer los deberes por la noche cuando ya estoy muy cansado, recibir golpes, esforzarse mucho, etc.

 

Cuando a un niño se le presentan otras actividades donde lo pasa bien sin necesidad de realizar apenas esfuerzo, posiblemente decida dejar el fútbol y piense: para qué todo esto si me estoy perdiendo todo aquello. Es entonces cuando empieza a poner excusas como las que comenta el padre más arriba: 

 

  1. “ya no me gusta el fútbol”. Sí le gusta, lo que pasa es que no le atrae tanto porque necesita realizar esfuerzos y ha descubierto que hay otras cosas que sin tanto esfuerzo también son divertidas.
  2. “prefiero pasar el día con mis amigos”. Son ellos los que le están seduciendo para que dedique el día a no hacer nada como ellos. A divertirse con ellos con las máquinas niño-tonto en Internet. Parecen divertirse pero no saben lo peligrosos que es todo esto para ellos.
  3. “ya no soy tan bueno como antes”. Sí es bueno pero ya no te esfuerzas para seguir mejorando y entonces te hundes definitivamente. Son excusas para convencerse él mismo que debe dejarlo pero no son reales.

 

Yo creo que tu hijo te está pidiendo a gritos que cambies tu actitud. Que él lo único que quiere es divertirse jugando al fútbol y ya está. Debes hablar con él para decirle que tiene razón. 

 

La culpa la tenemos en un 90% los padres porque no hemos sabido enfocar bien el deporte de nuestro hijo. Quizá nos hemos obsesionado demasiado con su afición y la hemos hecho un poco nuestra. Eso es posible. Por lo tanto, él ha sentido, día a día, una nueva presión que es la de no fallarte. Con toda la ilusión que le pones, ahora no puede decepcionar a papá. Un fallo, un movimiento equivocado… y mi padre me lo reprochará. Sí, reconoce que lo haces. Quizá solamente con la mirada, con un gesto, con una palabra que no viene a cuento, pero seguro que lo nota. Y esa presión se hace en tu hijo una montaña, una carga que,al final, no puede soportar y decide rechazar a pesar de gustarle el fútbol.

 

Los padres tenemos también la culpa porque les protegemos demasiado. Les hacemos que la vida para ellos sea demasiado fácil. Les damos de todo y no valoran lo que cuestan las cosas. Piensan que van a conseguir el éxito en cualquier actividad simplemente por su cara bonita. Y eso no es así en la vida ni en el deporte. Las cosas cuestan esfuerzo y se consiguen a base de trabajarlas duramente. Si les entrenamos a no rechazar el esfuerzo desde pequeños, cuando se encuentren a los 10 años con una situación así, nos costará mucho menos convencerlos de que deben esforzarse por conseguir remontar.

 

Vuestro hijo no debe dejar este bello deporte porque, bien enfocado, le va a hacer mucho bien. Estamos a tiempo de rectificar y hacerle ver las cosas de una forma diferente. Hay muchas atracciones en la vida que no nos convienen y otras como el deporte que, aunque cuestan, vale la pena intentarlas.

 

Tiene tiempo para estar con los amigos porque el fin de semana es muy amplio. El fútbol le va a dar otras cosas. Otros amigos diferentes, quizá más sanos y con costumbres más adecuadas.

 

Si se siente muy presionado por el entrenador, búscale la forma de darle la vuelta para que no le afecte tanto. No le hables ya más de fútbol e intenta ser solamente un padre para él. Verás que poco a poco va ilusionándose de nuevo por el fútbol…

 

Mira los que me cuenta otro padre de un hijo de 12 años que dejó el fútbol:

 

Hola, a mi me pasa algo similar, mi hijo de 12 años juega al fútbol desde los 5. Desde el año pasado empezó a no tener ganas de ir a jugar partidos, siempre tuvo mucha presión porque era el que se ponía el equipo al hombro, y ese último año jugaba con pocas ganas y el entrenador le gritaba mucho porque quería que jugara como antes….Este año no quiso empezar a entrenar y dice que no va a jugar más al fútbol. El problema es que no quiere hacer nada, sólo jugar con la compu.Se pasa demasiadas horas ahí. Pasó de entrenar a diario y jugar sábados y domingos a no querer jugar más. No sé que hacer. Siempre pensé que hacer deporte era lo mejor que podía hacer, junto con la escuela, sobre todo en la etapa de la adolescencia y fue hasta ahora una forma de vivir. Gracias

 

Ten cuidado porque dejar el fútbol no es la mejor solución y eso no es necesario que lo entienda el niño por ahora porque tiene 10 años. Es importante que lo tengas claro tu.