Existen dos teorías enfrentadas sobre la educación del esfuerzo en los niños. La primera defiende que con una buena motivación, podemos conseguir que un deportista se esfuerce por conseguir algo. Defienden que si no hay motivo, no hay esfuerzo. La segunda pretende decirnos que si desde pequeño se le educa así, adquirirá el habito de hacer las cosas con esa intensidad y que no hace falta que esperemos a las motivaciones para que aprenda a poner esfuerzo en lo que hace.. 

No se trata de generar un foro de discusión entre los partidarios de uno y otro bando porque realmente ambos tienen razón. Es mucho más sencillo que los niños se esfuercen cuando están motivados. Sin embargo, hemos de conseguir que adquieran ese hábito desde pequeños aunque no tengan esa motivación. 

¿Cómo motivo a mis jugadores?

  1. Hemos detectado que los niños excesivamente consentidos por sus padres o por nosotros mismos, les cuesta motivarse por cualquier cosa porque ya lo tienen todo y no están dispuestos a esforzarse porque no lo necesitan y nunca lo han tenido que poner en práctica.
  2. Cuando los niños son pequeños, responden muy bien a las motivaciones extrínsecas: esas recompensas externas en forma de puntos, pequeños obsequios, etc. Es lógico ya que no son capaces de valorar el más allá de lo que hacen. Son motivaciones muy superficiales con  las que hemos de tener mucho cuidado ya que el motivo por el que realizan ese esfuerzo es poco sustancial aunque es cierto que genera el hábito que ayuda a la adquisición de la virtud. Con el tiempo, irán respondiendo a motivaciones intrínsecas, más adecuadas para su formación, ya que lo que le mueve a poner ese esfuerzo son motivos más profundos.
  3. Los entrenadores hemos de ser exigentes porque es la forma de conseguir que se impliquen en lo que tienen que hacer. Cuando exigimos, ellos responde con esfuerzo, sobretodo cuando aquella exigencia tiene un sentido. No hemos de tener miedo a exigir. Con sentido o sin él, ellos se dan cuenta de que si se lo pedimos es porque lo consideramos importante y eso ya es suficiente para que pongan esfuerzo. Si lo podemos reforzar con una motivación intrínseca, mucho mejor, aunque no siempre es necesario. Eso sí, evitemos imposiciones donde el niño deba responder por miedo.
  4. Otro punto clave es trabajar con nuestros jugadores marcándoles metas y objetivos ambiciosos y accesibles, a su medida. Preséntale esos objetivos con un aspecto atractivo, que se sienta partícipe de esa elección, que se vea capaz de conseguirlo. La motivación es una habilidad extraordinaria del entrenador que debe saber utilizar con mucha habilidad y destreza para conseguir lo mejor de cada uno de sus jugadores.
  5. Si desde pequeños les hemos enseñado a entrenar bien, con mucho esfuerzo e intensidad, habremos creado en el niño una fuerza de voluntad muy necesaria para desarrollar el valor del esfuerzo. Por lo tanto, y esto va especialmente para los padres y abuelos de los chicos deportistas: guerra al capricho. No pueden hacer solo lo que les gusta. Existen las obligaciones. Necesitan disciplina. Debemos buscar el trabajo bien hecho, en todos los ámbitos de su vida. Por ese motivo hemos de enseñarles a entrenar con la máxima perfección; a esforzarse por mejorar su técnica y no contentarse con las mediocridades. Eso les va a llevar a formar una voluntad fuerte que les ayudará a poner esfuerzo en todo lo que hagan. 
  6. La mejor motivación para que nuestros jugadores pongan esfuerzo en las cosas es nuestro ejemplo. Ellos se fijan en los que tu haces y jamás pondrán esfuerzo si tu no lo pones en el día a día. No existen entrenadores vagos y jugadores esforzados. Todo se contagia, especialmente lo negativo. 
  7. Cuando llegue el fracaso deportivo, que siempre llega, hemos de saber darle la vuelta y verlo como algo formativo que podemos reconducir a través del esfuerzo. El que siempre gana, no tiene la oportunidad de experimentar lo que significa la derrota en cuanto a capacidad de superación personal. 
  8. Hay que procurar fomentar actividades que lleven consigo un esfuerzo prolongado. Es mejor que pongan esfuerzo en algo todos los días que un día aislado. Estamos entonces trabajando también otro valor, la constancia, que tiene una gran importancia en el deporte. El deporte bien planteado, es un medio muy interesante para desarrollar el esfuerzo ya que han de superar fatigas y cansancios y llegar hasta el final con perseverancia, superando adversidades.
  9. Es bueno reconocerles y valorar positivamente cuando se esfuerzan en algo difícil. Una sonrisa cuando aguantan la sed en un entrenamiento o se comen algo que no les gusta o dejan preparada por la noche la ropa del entrenamiento.
  10. Educar la voluntad tiene como objetivo procurar que cada alumno se forme en el esfuerzo y la responsabilidad personal, desarrollando hábitos que fortalezcan su capacidad de decisión y le permitan ejercer su libertad.

Algunos ejemplos para poner en práctica en el día a día:

En la vida diaria podemos encontrar un montón de oportunidades para ejercer el esfuerzo. El fútbol es, si nos lo proponemos,  una escuela de valores:

•Resistir un impulso ante una injusticia o una acción violenta

•Soportar un dolor o molestia

•Superar un disgusto, una derrota, un descarte, un comentario negativo.

•Dominar la fatiga o el cansancio

•Acabar hasta el final aunque esté agotado

•Cumplir el plan de entrenamiento antes de jugar partido

•Cumplir un encargo que me den con responsabilidad y constancia.

Por lo tanto, no privemos a los jugadores de oportunidades para esforzarse pues llegarán a la adolescencia sin una base para afrontar los problemas de esta etapa. No es bueno la excesiva protección, les llevamos a una vida cómoda, sin exigencias, donde consiguen todo lo que quieren. Se trata de acompañarles y ayudarles para que, superando ellos las dificultades, sean felices con su fútbol.