Paseando por estos campos me doy cuenta de que una gran parte de los entrenadores tienen a los niños estresados con largas charlas antes del partido o con sus gritos en el campo convirtiéndose en los protagonistas del partido ante el público, los padres de familia, etc. Es una pena.
Un niño/a o adolescente no es una adulto. En ocasiones, los entrenadores se olvidan de este detalle importante a la hora de tratar a los jugadores de su equipo. No hablamos del aprendizaje ni de los conceptos técnico-tácticos, sino de la manera de comunicarse, importante para que los mensajes se entiendan y no queden palabras perdidas por el camino como migas de pan.
Extraigo de “Fútbol Dinámico” 5 puntos para tener en cuenta y que no hay que olvidar nunca. Cinco consejos para aquellos que trabajan en este mundo o para padres que, por desconocimiento, en ocasiones se alejan de estos principios:
Mensajes concretos: Hay que evitar las largas explicaciones. El niño/a quiere entender y para ello hay que utilizar un lenguaje simple, llano, y repetir el mensaje si es neceario para que lo capten.
Mirarle a los ojos: La capacidad de concentración y de atención de los niños/as es menor a la de los adultos y más cuando, precisamente, un adulto se comunica con ellos porque pueden interiorizar las correcciones como una represalia. Por eso mismo hay que percatarse de que el niño/a nos está escuchando. Es bueno ponerse a su altura y crear proximidad.
Evitar alzar la voz: No por gritar más te entenderán mejor. Todo lo contrario. Hay que mantener un tono entendible, seguro, sin dudas pero sin levantar la voz. La paciencia es básica para que los jugadores entiendan cuál es la mejor manera de aprender.
Aconsejar y no amenazar: Aprender es descubrir y para ello el entrenador debe guiar a sus jugadores y no obligarles. Tampoco hay que amenazar. El objetivo es que los jugadores entiendan por ellos mismos y mediante sus explicaciones qué es lo correcto y por qué es así.
Escucharle y premiarle: De la misma manera que reclamas la atención del niño, él también reclamará la tuya. Hay que saber escuchar, detectar sus problemas, prestar atención. Y premiarle, gratificarle en cada acción que ha realizado de forma positiva. El premio siempre es un acicate a que siga esforzándose.
Admiro tremendamente a estos entrenadores que tienen muy claro estos conceptos y lo aplican en cada partido de fútbol porque realmente están consiguiendo, con su actitud y su admirable forma de comunicar, que cada uno de sus jugadores rindan al máximo de sus posibilidades.
Y es que el arte de dirigir un equipo es algo que se valora tanto como el propio fútbol. Es una meta muy atractiva para todos los que trabajan con jóvenes deportistas.