Estamos convencidos de que el mundo del deporte puede ayudar, y mucho, a formar personas con grandes valores. Ya desde el inicio trabajamos en esta dirección y, ahora, enseñamos a los más de 10.000 alumnos que tenemos repartidos por todo el mundo este enfoque del deporte, tan atractivo para los padres y para los propios deportistas.

Mientras muchos se esfuerzan por cosechar logros deportivos olvidando lo fundamental, en nuestra escuela de futbolistas queremos seguir insistiendo en lo importante que es esta etapa formativa del niño para adquirir esos valores que le servirán para toda la vida.
Fue Aristóteles quien dejó escrito que los hábitos buenos adquiridos en la juventud son los que marcan la diferencia.
Es necesario un deporte bien enfocado donde se destaque el sacrificio, el trabajo, el espíritu de superación, la búsqueda de soluciones, la aceptación de unas reglas, el respeto, el acato de la autoridad, el adquirir el sentimiento de formar parte de un equipo (bueno para la integración) y el aprender a aceptar la derrota, el fracaso…
Hemos de tener muy claro que es falso aquello que comentan algunos padres:”mientras que mi hijo practique deporte, estoy tranquilo porque está haciendo algo sano”. Hemos de ser conscientes de la naturaleza ambivalente del deporte. La práctica deportiva puede ser fuente de educación, de salud, de integración…,pero pude ser también motivo de ignorancia, enfermedad, violencia, exclusión…
Desgraciadamente, la mayor parte de los niños que practican un deporte, están dirigidos por personas que no quieren saber absolutamente nada de todo esto. Tienen otros objetivos más personales y egoístas. Sin embargo, esos niños están en el mejor momento y situación para poder adquirir unos hábitos o valores a través del deporte que practica. En definitiva, están perdiendo la mejor oportunidad de su vida para aprender algo esencial en su formación integral.
Un proyecto de formación en valores a través de deporte significa, por parte de las personas que intervienen, una dedicación de tiempo y de esfuerzo considerable. ¿Estamos dispuestos realmente a entregarlo? Es mucho más sencillo y práctico despreocuparse de estos aspectos que pueden a uno complicarle la vida.
Nuestros deportistas profesionales, en muchas ocasiones, no son un modelo deportivo ni profesional para los jóvenes sino todo lo contrario y eso hace mucho daño. No podemos permitir que el mal ejemplo que, además difunden los medios de comunicación, sea el espejo donde se miren nuestros jóvenes deportistas.
Existen estudios científicos que han detectado un nivel similar en valores en grupos que practican deporte con otros que no lo hacen. Por tanto, está claro que se adquieren cuando realmente uno los busca y se esfuerza por conseguirlos.
¿Es el deporte una herramienta interesante para conseguir valores? Por supuesto que sí. Es más, diría que es un medio educativo extraordinario para la formación de nuestros hijos que en muchas ocasiones echamos a perder.
Fundamentalmente, el problema está en no darse cuenta de que el deporte tiene una finalidad como juego que es ganar. Hasta aquí estamos de acuerdo pero si se pone como único fin, estamos perdidos porque la competición deportiva se convierte en un campo difícil al buscar derrotar al otro como sea. Si es un medio para seguir mejorando, entonces, si se pierde, no pasa absolutamente nada porque esa derrota nos lleva a reconocer nuestros fallos para seguir mejorando. Estamos hablando ya de valores: humildad, espíritu de superación, esfuerzo, respeto…
El deporte como tal, no educa en valores, todo depende de la utilización que se haga del mismo. Para que realmente se de una educación en valores, es necesario establecer una metodología precisa, con unos objetivos concretos; actividades y estrategias que los hagan operativos y unas técnicas de evaluación adecuadas que nos permitan confirmar si se ha producido una mejora en los valores y actitudes de nuestros alumnos tras nuestra intervención. Y así estamos trabajando en nuestra escuela de futbolistas.
Ya basta de declaraciones de principios superficiales y sin fundamento. Trabajemos los valores a través del deporte con la seriedad que se merece. Vale la pena intentarlo.