El mundo del fútbol ha cambiado mucho. La información va rapidísima y hay que hacer las cosas muy diferentes. Al principio la cuestión fundamental era la técnica, luego se enfocó más a la preparación física, posteriormente se giró hacia los aspectos tácticos… 

Todo va transformándose y sin embargo la forma de enseñar en el mundo del fútbol base ha cambiado muy poco. Estamos viendo los mismos entrenamientos que recibíamos nosotros cuando éramos niños y jugábamos al fútbol. No nos hemos puesto al día. Los niños son distintos, sus familias han cambiado, su educación es completamente otra. ¿Por qué cambia tan poco la forma de enseñar en el fútbol? Sigue siendo muy tradicional.

Hoy en día hay que hacer las cosas de forma completamente diferente. Es llamativo que la forma de enseñar haya cambiado tan poco porque aprender es siempre cambiar. Si mis jugadores no cambian su manera de hacer las cosas o de enfocarlas, si no cambian su comportamiento, no han aprendido.

Voy a poner un ejemplo real de un entrenador inquieto. Esto es lo que me contaba:

Al final del entrenamiento, practico faltas con barrera con los jugadores. Lo primero que hago es pedirles que lancen y no les digo nada. Esto me permite observar cómo lo hacen y qué he de conseguir cambiar en ellos para mejorar el tiro. No les digo nada pero recibo una información importante en cada uno de sus disparos. Me doy cuenta de que algunos jugadores están más cerca que otros en cuanto a la calidad del tiro. En realidad les estoy evaluando individualmente su situación inicial. Es fundamental saber dónde estás con cada uno de tus jugadores.

Les marco unos objetivos muy claros: quiero potencia y precisión. Deben buscar un equilibrio entre la fuerza de su disparo y la colocación, siempre cerca de uno de los dos palos. Pregunto por qué y razonamos todos. Queda claro que es la forma de conseguir que el portero no alcance el balón y podamos introducirlo en la portería. 

Lanzan de nuevo con un objetivo claro, pero no es tan fácil. Algunos no pasan la barrera, otros lanzan fuera, otros disparan al centro de la portería. Cada uno tiene algo que rectificar y reciben consejos diferentes: esta es la superficie del pie con la que debes golpear al balón, hay otras pero puedes empezar por ahí y posiblemente te irá mejor; te ha ido muy alta la pelota, será porque golpeas al balón demasiado abajo o pones el cuerpo hacia atrás en el momento del golpeo. Fíjate y decide qué debes cambiar. 

Ya tienen toda la información necesaria y seguimos lanzando balones. Les pregunto cuál ha sido su error cuando no lanzan bien y ellos mismos me responden correctamente. Piensan cómo pueden mejorar ese lanzamiento y toman decisiones. 

Estamos en un auténtico laboratorio del fútbol. Prueban, se equivocan, piensan, sacan conclusiones, vuelven a probar, comprueban resultados, y van avanzando. 

Hay momentos en los que veo que el jugador se estanca y no mejora nada, que cae constantemente en los mismos errores y es el momento para hablar con él y analizar su situación. ¿por qué no está modificando su golpeo? Pueden ser muchas las razones y hay que saber descubrirlas con paciencia.

Desde el primer momento decidí que esas sesiones de lanzamiento debían tener un ingrediente especial y lo enfoqué como una competición entre ellos, puse reglas conforme avanzábamos e intenté que hubiese la misma presión que la que ellos encuentran en un parido. Les encanta esta fórmula y la sesión se convierte en algo divertido y a la vez formativo. 

Si queremos que el fútbol base del futuro mejore, debemos ser entrenadores que consigan entusiasmar a sus jugadores. Nuestro equipo debe ir a entrenar con una gran ilusión por aprender. Hemos de conseguir que nuestros alumnos disfruten aprendiendo.

No quiero que mis jugadores sean meros receptores. Máquinas de lanzar sin ningún sentido. Que vayan haciendo lo que yo les digo. Evité desde el primer momento darles muchas instrucciones.   Pocas y muy claras. Y, por fin, un buen lanzamiento. Me ilusiono más que ellos. Lo hago grande. Este pequeño éxito es importante para él y para mi. Pero no me quedo satisfecho. ¿Puedes repetirlo? Piensa cómo lo has hecho. Arriésgate porque ya lo tienes. Eres capaz de lanzar muy bien las faltas. Los demás siguen investigando y probando. Fallan pero también aciertan o se acercan bastante a lo que les he marcado como objetivo.

Porque está claro que para aprender tienen que querer. Se nota que los chicos quieren aprender esta complicada técnica y se esfuerzan por hacerlo cada vez mejor. 

Uno viene a preguntarme cómo es que la pelota se le va tanto a la izquierda, otro me consulta cuál era la zona de golpeo que le había aconsejado en la última sesión. ¿No es un síntoma claro de que desean aprender?

Se trata de compartir conocimientos. Me da igual lo que enseño y cómo lo enseño. Lo que importa es lo que aprenden. Ellos son los protagonistas del proceso. ¡Cuánto hemos de mejorar nuestra metodología de enseñanza en el fútbol base! 

A menudo queremos mostrar lo mucho que sabemos en lugar de preocuparnos en que aprendan mucho. Hablamos mucho y enseñamos poco. Se acabó el método instructivo donde yo soy el que sabe y vosotros los que aprendéis. Ya no sirve el hablar, escuchar y aplicar. 

Yo estoy aprendiendo tanto como ellos mientras disfrutan de sus lanzamientos. Voy descubriendo nuevas formas de incentivar, de motivar, de aprender. 

Mientras realizan los lanzamientos, modifico mi enfoque para intentar mejorar y quizá me equivoco y lo intento de otra forma y entonces acierto un poco más. ¿Existe un único método para lanzar las faltas? Creo que no. Puede haber estilos diferentes que a uno le funcione y a otro no. Por ejemplo, utilicé la técnica del modelo: intenté que se fijarán en uno de ellos que lanzaba muy bien y con un promedio de acierto bastante alto. No conseguí una alta motivación pero sé que les ayudó a modificar cosas. 

En otro momento, me di cuenta de que les pedía que lanzaran fuerte pero, revisando un vídeo de Messi lanzando faltas, descubrí que no siempre lanza con fuerza, muchas veces utiliza más la colocación, la precisión en el golpeo. 

Me pregunté qué era más importante en este tipo de lanzamiento, la potencia o la colocación y comprobé que cuando los chicos colocaban sin tener en cuenta la potencia, era más fácil para ellos introducir la pelota en la escuadra consiguiendo el gol sin que el portero pudiera hacer nada para atajar el balón. 

Cuando intentaban hacer lo mismo pero con más potencia, el balón salía fuera con una frecuencia alta. Rectifiqué mi enseñanza y les pedí que encontraran el equilibrio entre fuerza y precisión. Descubrimos que el proceso podía ser primero buscar la colocación y más adelante ir imprimiendo más fuerza al balón hasta conseguir un equilibrio.

Necesitamos que nuestros jugadores se impliquen mucho más en el aprendizaje porque les interesa y apasiona. Más implicación. Tiene que haber caos, libertad, autonomía y a la vez orden. Hemos de crear espacios educativos donde se investigue, se conecte con las otras personas.

Pero nuestros jugadores, por desgracia, se aburren porque no sabemos enfocar su aprendizaje como si fuera una aventura llena de asombrosos descubrimientos. Hay una crisis de sentido en el fútbol base. Los entrenamientos jamás deben ser aburridos.

Muchos entrenadores están utilizando un ritmo anticuado. Falta sintonía con los jugadores. Hay que imponerse un nuevo ritmo. Muchos entrenamientos  son hablar y hablar sin parar y eso debe desaparecer. Hay que saber escuchar más y ser capaces de sorprender. 

Pasadas unas semanas practicando los lanzamientos, me preguntaba cómo podía sorprenderlos. Se me ocurrió grabar en vídeo los lanzamientos. De esta forma podían verlos inmediatamente. ¡Verse lanzando la falta!¡Impresionante! En el mismo momento. Fue increíble y la sorpresa tuvo su éxito. Eso les motivaba aún más y les llevaba a objetivos más ambiciosos.

Los entrenadores estamos perdiendo la capacidad de sorprender que es el motivo para aprender: Para aprender hay que sorprender. La palabra sorprender viene del francés surprendre compuesto por el prefijo sur- “sobre”, derivado del latín super y del vocablo prender “tomar, coger”, del latín vulgar prendere y este de prehendere, “sobre”, “prender”, con el sentido de “coger desprevenido, causar sorpresa, maravillar”.

En nuestros entrenamientos debemos prender, pillar desprevenido, descubrir lo que alguien ocultaba. Sin embargo cuántos de nosotros utilizamos otro método que llamamos reprender, reñir. ¡Qué lejos estamos de nuestro verdadero objetivo!