Uno de los principales valores que te ofrece el deporte cuando lo practicas en serio es el esfuerzo. Precisamente andamos escasos de este valor en la sociedad actual. Buscamos por todos los medios conseguir lo que queremos sin esfuerzo: inglés sin esfuerzo, estudiar sin esfuerzo, adelgazar sin esfuerzo, triunfar sin esfuerzo…

Como contraste, en el mundo del deporte ves cosas increíbles: Nadia Comaneci llegó a sacar un 10 en las Olimpiadas pero no fue por casualidad. Aquel ejercicio lo había practicado tantas veces durante tantos meses que podía hacerlo con los ojos cerrados. Detrás quedaban miles de horas de esfuerzo y de trabajo muy duro. Correcciones y más correcciones hasta que se conseguía esa perfección.

Es precioso ver esos reportajes de escaladores imponentes en la cima de un 8 mil. Lo que quizá no se ve es todo el esfuerzo que han tenido que realizar durante un montón de días hasta llegar a lo más alto si es que llegas porque muchas veces se fracasa por el clima, por un accidente, por el frío, por la falta de oxígeno, etc.

Lamentablemente tengo que decirte que no hay nada en la vida que sueñes en conseguir sin poner esfuerzo. Como padres, hemos de ser conscientes de esta realidad y aprovechar las oportunidades que te ofrece el deporte para formar a nuestros hijos en el esfuerzo.

Uno de los problemas más importantes que nos encontramos los educadores dentro del mundo del fútbol base es la proliferación de niños bluf, niños muy blanditos que continuamente están mirando a su madre o a su padre por exceso de protección.

Son padres que inmediatamente les solucionan los problemas que van surgiendo en su situación deportiva: déjame la bolsa que pesa mucho, bébete este refresco que te servirá para recuperar tu cansancio, no vayas al entrenamiento porque tienes un poco de fiebre o estás muy cargado de deberes del colegio. Con esta lluvia es mejor que te quedes en casa.

El esfuerzo, valor fundamental

Dentro del programa de formación en valores que la Fundación Marcet ha desarrollado, el esfuerzo es de vital importancia ya que es la base de todos los demás.

Para ser sincero, he de poner esfuerzo porque decir la verdad cuesta, la generosidad te pide poner esfuerzo porque siempre buscamos la comodidad, el compañerismo no es más que ese esfuerzo por ayudar a los que te rodean, el orden es el esfuerzo por ser capaz de tener cada cosa en su sitio. Podríamos seguir enumerando. Todos los valores se basan en el esfuerzo personal.

¿Resultados o formación de la persona?

En el deporte profesional, lo único que importa son los resultados. Si ganas eres bueno y si no ganas no vales nada. Es así de duro el deporte. También lo es cualquier trabajo profesional. Se buscan resultados y si no los hay has fracasado.

Todo esto se traslada muchas veces al mundo del niño que está en proceso de formación y queremos aplicar los mismos parámetros con ellos y es muy injusto. Hemos de trabajar con un punto de vista muy diferente.

Se trata de dar prioridad a la persona , no al resultado objetivo (importa más el esfuerzo del alumno que el nivel alcanzado). ¿Qué busco con mis alumnos? ¿Resultados o actitudes? Si le felicito únicamente cuando gana o mete un gol, no le estoy ayudando.

Si lo que valoro es su esfuerzo y su tenacidad por conseguir el objetivo, entonces le estoy motivando para seguir en esta línea con lo que, a largo plazo, conseguiré mejores resultados ya que su esfuerzo es siempre el máximo.

Este valor le permitirá alcanzar metas importantes para su vida ya que ante las dificultades sabe superarse a sí mismo con su esfuerzo.

Si el entrenador valora solo resultados, cuando estos no lleguen, el niño se hundirá o no sabrá qué hacer porque nunca ha puesto esfuerzo por conseguir las cosas o no tendrá ningún motivo por el que tenga que esforzarse. Pensará, soy malo para este deporte, no valgo. Mejor que lo deje. Tiran la toalla ante las primeras dificultades.

La actitud de los padres frente al esfuerzo

Muchas veces son los padres los que metemos la pata con nuestros comentarios. Cuántas veces les preguntamos cómo han quedado en el partido, si han metido un gol o si han hecho buenas paradas. Nos enfadamos con ellos porque fallaron un gol que estaba cantado o les felicitamos porque han conseguido una gran victoria.

Ellos entienden, con nuestra actitud, que ganar es lo único que importa. Nos equivocamos completamente y les hacemos mucho daño porque, en realidad, lo que realmente nos debería interesar de su deporte es el esfuerzo que han puesto por conseguir ese resultado o al menos por intentarlo.

Los resultados no son lo importante sino el esfuerzo que ponen por conseguirlo.

Siempre he dicho que es muy fácil saber si un niño de 12 años tiene futuro como deportista de élite. Verle entrenar y jugar un rato es suficiente para saber si en el futuro va a poner empeño en todo aquello que se propone.

-Los campeones persisten ante la dificultad, nunca se rinden.

-Los campeones toleran grandes cantidades de trabajo, no existe la pereza.

-Los campeones toleran grandes dosis de presión en las competiciones (lo que está en juego) y en los entrenamientos (la fatiga)

Vale la pena esforzarse

Una de las ideas que más llama la atención de esta virtud es que para ponerla en práctica es necesario que sepamos transmitirles a nuestros jugadores por qué vale la pena esforzarse. 

Cuando lo conseguimos, podemos asegurar que nuestros jugadores no cesarán en su esfuerzo. No es algo impuesto por su entrenador o por su padre sino una decisión libre y consciente por parte de los alumnos: en realidad les estamos ofreciendo las razones  de su trabajo, despertando en ellos la satisfacción por la obra bien hecha.

No les evites el esfuerzo

Al poner esfuerzo, estás consiguiendo educarle,  al incidir directamente en la mejora personal de cada uno: es importante exigir un trabajo bien hecho.

Como entrenador no puedes ser blando. Dicen que el que realmente te quiere te hará llorar. Es muy cierto este refrán porque lo fácil a un niño es decirle qué bien lo has hecho cuando en el fondo lo que cuesta es añadirle algo más a esta afirmación como por ejemplo: todavía puedes mejorar con tu pierna izquierda, o quizás debes procurar no enfadarte tanto con las decisiones de los árbitros porque pierdes fuerza y concentración y eso no beneficia ni a ti ni al equipo.

Es, por tanto, un error, evitarles el esfuerzo, realizando por ellos un trabajo que puede contribuir a su formación. Muchos padres hacen las tareas del niño porque lo ven muy complicado o porque no quieren que piensen en el colegio que no sabe la lección. Y eso no les forma sino que deforma.

Tampoco es bueno que el entrenador no les exija mucho porque tiene miedo a que no sean capaces de superar las dificultades del partido o la complejidad del entrenamiento. No aprieto más porque los veo muy cansados. Y en el fondo pueden mucho más de lo que pensamos.

El buen ejemplo de los padres y de los entrenadores

Ha de estar siempre presente en la vida familiar y en el equipo. Nunca podremos exigirles que se esfuercen si nosotros no vamos por delante. Ellos siguen nuestros pasos y es una gran responsabilidad el ejemplo que damos. Ponemos esfuerzo en los entrenamientos, en la preparación de las sesiones, en la dirección del grupo, en la superación de los problemas que van surgiendo. Este ejemplo cala en nuestros niños y les da sentido a la necesidad que tienen de esforzarse por algo.

La fuerza de voluntad

Es una de las grandes carencias de la juventud de hoy en día. Es necesario más que nunca, ayudarles a generar esa energía interior, básica para afrontar las dificultades, retos y esfuerzos que la vida plantea continuamente. Si no hay esfuerzo, no es posible adquirir virtudes.

Exigencia de los padres

Una voluntad fuerte es un elemento imprescindible en la búsqueda de la felicidad. Cuando un equipo lo da todo en un partido, pese a no conseguir la victoria, se va feliz del partido porque se ha dejado la piel durante todo el tiempo.

El permisivismo con que mucha gente ha sido educada, fruto de un mal entendido sentido de la libertad, ha impedido formar en la exigencia. Tenemos niños flojos y blandos que no son capaces de poner esfuerzo por conseguir las cosas. Se rinden antes de tiempo. Y eso hace mucho daño en el deporte.

Si tuviera que elegir hoy entre un niño trabajador y un niño con mucho talento, me quedo con el trabajador porque es la base del progreso deportivo. El que tiene mucho talento, normalmente se acomoda y fracasa. Es muy triste.