Para aprender a esforzarse seriamente resulta muy práctico procurar sujetarse a un plan exigente. Tu, como entrenador, ¿ofreces este plan a los jugadores de tu equipo o te contentas con ir tirando semana tras semana? ¿Te planteas metas a corto y medio plazo para cada uno de tus jugadores o te pierdes en la mediocridad del día a día?.

¿Quieres que tu hijo sea realmente feliz? Te voy a dar algunos consejos que no te esperas: apriétale en todos los ámbitos de su vida: en sus estudios, en sus obligaciones, en sus relaciones, en sus responsabilidades…Ejercítale en la necesidad de poner esfuerzo en todo lo que hace y destaca siempre ese valor en su vida.
Verás que la felicidad no está en los resultados que obtiene sino en el esfuerzo que ha puesto por alcanzarlos y entenderá que, aunque posiblemente no llegue a conseguirlo todo, él es feliz porque el esfuerzo que ha puesto ha valido la pena. El camino para llegar hasta allí  es el que le ha enriquecido, no la meta.
Los momentos formativos del día a día.
La vida de nuestros hijos y la nuestra está llena de momentos formativos donde debe elegir entre hacerlo bien o de cualquier forma. Y esto es así porque hacer lo que uno entiende que debe hacer supone un esfuerzo considerable muchas veces.
Hoy, Pablo ha terminado el entrenamiento a las 20,30. Mañana tiene un examen global que decide bastante la nota final de curso. Sus padres están fuera y él está bastante cansado. Juega España en la Eurocopa a las 21,00 horas. Son muchas las cosas a favor de dejar sus estudios para otro momento. Sin embargo, sus padres le han educado bien y le han transmitido esos valores que le permiten a Pablo actuar correctamente.
Llega a casa, cena rápidamente y se pone a estudiar. No podemos negar que se necesita fuerza de voluntad para hacerlo. Nadie se da cuenta de la acción de Pablo, sin embargo él sabe que ese esfuerzo vale la pena porque así le han entrenado en la vida.
Lamentablemente no todos los niños tienen esta formación y este es el motivo por el que muchos niños fracasan en sus estudios, en el deporte y en todo aquello que en principio les hace ilusión. Les falta la fuerza de voluntad para decir no cuando hay que decirlo y se dejan llevar por lo fácil, lo más cómodo en ese momento que es tumbarse en el sofá y ver el partido de España.
Educar la voluntad 
Tiene como objetivo procurar que cada alumno se forme en el esfuerzo y la responsabilidad personal, desarrollando hábitos que fortalezcan su capacidad de decisión y le permitan ejercer su libertad.
Quizá tu, que me estás leyendo en estos momentos, piensas que no eres capaz de formar así a tus hijos o a tus jugadores. Pero he de decirte algo que puede sentarte mal. ¿Tu quieres a tus hijos? ¿Quieres a tus jugadores? Pues debes exigirles siempre. Ellos esperan esto de ti y no lo entenderían si no lo hicieras. Es más, eso les da mucha confianza.
Exigir a los alumnos con una exigencia cordial y amable que les ayude a reflexionar sobre su propia situación y a esforzarse por superar los defectos y por consolidar sus cualidades positivas es una muestra patente de que les apreciamos. No exigir esto es una muestra de falta de respeto.
Esa exigencia debe ser adecuada.
Julio es un entrenador con unos conocimientos del fútbol extraordinarios. Es capaz de leer los partidos y motivar al equipo con un grado de genialidad. Por desgracia es muy competitivo y exige mucho a sus jugadores. Su ambición le lleva a marcarles objetivos muy altos y eso les produce a los chicos una fuerte presión. Algunos serán capaces de resistir esa exigencia y otros posiblemente se derrumben por el camino como así fue. El equipo fue desapareciendo debido a los abandonos y fracasó por haberse marcado unos objetivos inadecuados al nivel de los niños.
Leo es un entrenador afable con los chicos, con unos buenos conocimientos del fútbol base. Es de los que piensa que los niños deben ser capaces de tomar sus decisiones en los partidos y en los entrenamientos. Es muy tranquilo y poco exigente con los chicos. Cuando salen al campo, se nota su impronta: les falta un cierto nivel de exigencia. No hay intensidad, no hay esfuerzo, falta lucha. Son tan tranquilos como su entrenador.
Son las dos caras de la moneda. Ni tanto ni tan poco. Hemos de saber exigir de forma adecuada. Mucha exigencia puede causarles un desánimo al ver que no la alcanzan y poca les produce una falta de motivación por el deporte en general.
Exigir cuesta esfuerzo 
Puede parece que todo se hace más rápido y menos conflictivo si los profesores o los padres cargan con todos los esfuerzos, renuncias y sacrificios. Pero es completamente falso.
Cuántas veces hemos visto la misma escena en casa. La madre se sienta con su hijo para ayudarle a hacer los deberes y termina haciéndolos ella. No tenemos la paciencia necesaria para verlos equivocarse una y otra vez. Queremos hijos con los deberes bien hechos y lo solucionamos por la vía rápida pero equivocada.
Queremos ver la habitación ordenada y al final lo colocamos todo en su sitio nosotros. Queremos que sea responsable con sus cosas pero al final si las pierde se las volvemos a comprar.
Y en el deporte, lo mismo. No tenemos paciencia y, en lugar de exigirle que llegue puntual o que entrene con más intensidad, o que dispare con las dos piernas, al ver lo complicado que es todo esto, preferimos girar la cabeza y olvidarlo antes que seguir exigiéndole en estos temas que le ayudarán a ser mejor jugador y mejor persona.
No privemos a los chicos de oportunidades para esforzarse pues llegarán a la adolescencia sin una base para resistir tranquilos a los problemas de esta etapa.
No es bueno la excesiva protección,
Con esta actitud, les llevamos a una vida cómoda, sin exigencias, donde consiguen todo lo que quieren.
Haile Gebrselassie uno de los mejores atletas fondistas de la historia comentaba:
“En el deporte es imprescindible sufrir. Si me acomodo, se acabó el atletismo para mí”
Si quieres que tus hijos se formen con el deporte, has de enseñarles desde pequeños a no rendirse nunca ante las dificultades. Deben ser capaces de trabajar muy duro para conseguir sus objetivos.
Victor acaba de llegar a la Fundación y jugará el año que viene en los equipos de competición. Para él esto es un gran sueño y me comentó de pasada:
–voy a trabajar muy duro para dar la talla en el equipo.
Me gustó su planteamiento porque significa que está poniendo mucho esfuerzo por una meta objetiva y clara.
No me imagino un jugador perezoso en un equipo donde el entrenador es exigente. Terminará por abandonar el deporte porque sin progresión, no hay ilusión y uno termina dejándolo, o lo que es lo mismo, eligiendo otras opciones donde la exigencia sea menor o nula.
Es una pena pero también una realidad. Muchos padres se esfuerzan porque su hijo practique un deporte precisamente por este motivo, para que cuando tenga 16 o 18 años, siga luchando y esforzándose por unos ideales tan sanos como son los que ofrece el deporte.
Acompañarles y ayudarles para que puedan superar ellos las dificultades.
Esta es la postura correcta de los padres y de los entrenadores ante las dificultades que puedan surgir en el deporte y en la vida. No le ayudas si cada vez que surge una dificultad, la solucionas tu pensando en que tu hijo no puede sufrir tanto, o que no es capaz de superar esa dificultad.
Piensas quizá que no tiene edad, que no tiene recursos, que se va a hundir, que es una injusticia… Todo esto pasa por nuestra mente y, sin embargo, lo que hemos de hacer es mantenernos al margen y apoyarle para que sea él quien salga a flote.
Si estamos cerca pero no intervenimos, lo conseguirá y eso valdrá mucho más que si se lo solucionamos nosotros. Y, lo más importante, conseguiremos que esté muy bien entrenado en la cultura del esfuerzo y de la superación personal.
Sabemos que en la vida se va a encontrar muchas situaciones como esta y quizá ya no podremos ayudarle. Pero ese entrenamiento recibido durante años, le va a permitir salir adelante con una gran fortaleza. ¿Sembramos en nuestro hijo o lo convertimos en un inmaduro toda su vida? ¿Qué buscamos?