Aprender a no quejarse para que no vean ese valor como algo pesado y desagradable.

Quejarse cuando aparece una dificultad contribuye a crear un ambiente en el grupo contrario a la fortaleza.

Es muy interesante resaltar este aspecto en el equipo. Cuando uno se queja, aunque tenga razón, lo que produce es mal ambiente en el grupo porque esto se contagia.

Si lo que en el ambiente se está palpando es que no vale la pena el esfuerzo que hemos de hacer en el equipo para superar una dificultad, el grupo puede derrumbarse en cuanto aparezcan las primeras dificultades.

Permitir esas quejas pueden producir un daño irreparable al grupo. Es por este motivo que debe cortarse de cuajo cualquier comentario que suene a queja.

Valorar positivamente cuando se esfuerzan en algo difícil.

Una sonrisa, un guiño, un abrazo cuando aguantan la sed en un entrenamiento o se comen algo que no les gusta o dejan preparada por la noche la ropa del entrenamiento.

Hemos de tener la piel muy fina para reconocer esos momentos tan positivos de nuestros hijos o de nuestros jugadores. Sería una pena que pasáramos por encima de estos detalles sin tenerlos muy en cuenta. Seríamos malos padres y malos entrenadores.

Fomentar la motivación interna.

No somos nada partidarios de los premios y las pequeñas compensaciones por hacer las cosas bien. Es su obligación. Lo que más vale para una persona es la satisfacción de una obra bien hecha.

Estamos cansados de ver a padres que utilizan los premios por goles conseguidos. Me parece una falta de todo. El fin no justifica los medios. El fin es correcto: motivar al niño para que rinda más. El medio es incorrecto: regalos, dinero, premios.

Cuando son pequeños también les puede motivar el satisfacer a los profesores, que los demás tengan una buena imagen de él…

Oportunidades para desarrollar el esfuerzo en la vida diaria

En la vida diaria podemos encontrar un montón de oportunidades para ejercer el esfuerzo. El fútbol es una escuela de valores:

• Resistir un impulso

• Soportar un dolor o molestia

• Superar un disgusto

• Dominar la fatiga o el cansancio

• Acabar hasta el final aunque esté agotado

• Cumplir el plan de entrenamiento antes de jugar partido

• Cumplir los encargos que me den.

Fomentar actividades que lleven consigo un esfuerzo prolongado.

Es mejor que ayuden en algo todos los días que un día aislado. Se trata de crear un hábito que quede arraigado en la persona y que les sirva para toda la vida. Y para conseguirlo debe trabajarse durante un tiempo ya que se trata de la repetición de ese esfuerzo de forma continua.

Queda claro que los educadores y los padres hemos de ser constantes con estos objetivos. Hemos de insistir uno y otro día para que ese acto se convierta en un hábito personal.

Deporte y esfuerzo

El deporte bien planteado, es un medio muy interesante para desarrollar el esfuerzo ya que han de superar fatigas y cansancios y llegar hasta el final con perseverancia, superar adversidades, etc.

Estas son algunas ideas que pueden ayudarte a concretar

  • Enseñar a no quejarse: la palabra “es que” no existe.
  • Enseñar a hacer pequeños esfuerzos para la buena marcha de la casa o del equipo.
  • Aguantar la sed o el cansancio sin pregonarlo cada quince minutos
  • Superar los miedos infantiles de quedarse solo a oscuras, vergüenza para hablar o para reconocer la propia culpa o el sentido del ridículo.
  • No patalear cuando las cosas no salen como quisiéramos o al sufrir un contratiempo.
  • Adoptar posturas correctas en el entrenamiento y en casa, no tumbarse.
  • Procurar comer de todo y terminar toda la comida
  • Levantarse a una hora fija y cumplir un horario
  • Hacer con intensidad los ejercicios en los entrenamientos
  • hacer las cosas en el momento previsto aunque no tenga ganas
  • Marcarse, con el entrenador o sin él, pequeñas metas y cumplirlas.

“No hay que llorar cuando se pierde, hay que llorar cuando se traiciona el compromiso”