Nicolás Almagro, después de ponérselo muy difícil a Rafa Nadal en la final de la Roland Garros, declaró:
– “el haber puesto un poco más de orden en mi vida, me ha llevado a mejorar mi tenis”
Como ya comentamos en su momento, se juega como se vive. Es evidente que existe una consecuencia muy directa entre cómo vivo y como juego. Los deportistas que desean llegar al máximo rendimiento lo tienen muy claro y sus descensos deportivos están muy relacionado con los desórdenes en sus vidas.
Hace poco he podido ver la película de Maradona, la mano de Dios. Es una pena que un jugador con su talento llevara una vida tan desordenada. Sin disciplina. Además de faltarle humildad, careció de un entorno adecuado que no le frenó del todo su carrera pero que limitó su vida.
Los entrenadores y sobretodo los padres hemos de preguntarnos cómo fomentamos el orden en las vidas de nuestros hijos. Si realmente queremos ayudarles, hemos de poner orden en su vida. Como es un hábito, si desde pequeños lo fomentamos, cuando sean mayores, lo tendrán como costumbre y les será mucho más fácil aplicarlo en su vida personal y deportiva.
Miki es un chico de 13 años que viene de Galicia con la ilusión de llegar a ser futbolista profesional. Si abres su armario de la ropa, te encuentras un desorden impresionante. La ropa la tiene sucia, come por los ojos y solo lo que le gusta, Llega tarde a los entrenamientos de la mañana porque se le pegan las sábanas y con frecuencia se queja porque está cansado o no le apetece mucho. Tiene la cabeza puesta en la diversión, en el juego, en el descanso o en no hacer nada.
Al detectar esta actitud tan negativa para su rendimiento deportivo, decidimos hablar con él y explicarle que no coincidía en absoluto su sueño como deportista y su actitud desordenada en su vida personal. El chico se puso a llorar porque era consciente de lo que le pasaba pero no sabía cómo pararlo porque eran costumbres adquiridas desde pequeño que le costaba mucho corregir. Veía a sus compañeros levantarse puntual, ordenarse el armario, hacerse la cama, darlo todo en el entrenamiento. Él lo intentaba pero le duraba un día la ilusión y se derrumbaba.
En su casa era todo muy fácil. Se levantaba tarde y se acostaba tarde. No tenía que preocuparse de nada porque tenía personas que se lo hacían todo. No estaba su madre para cuidarle y lo fácil era que comiera solo lo que le gustaba. Nunca había tenido que esforzarse para nada porque sin estudiar ya sacaba buenas notas y sin esforzarse mucho era titular en su equipo.
Miki no progresaba nada en el primer mes de entrenamiento en la Fundación. Decidimos ayudarle a cambiar esos hábitos para que llevara una vida más ordenada. Le pusimos dos normas muy claras:
  • Ser muy puntual y constante en las actividades que realizaba
  • Ser muy ordenado en sus objetivos: Primero lo más importante y no lo que le apetece más.
Estos dos conceptos ayudaron a Miki y empezó a notarse una mejora en lo deportivo. El orden en su vida estaba sirviéndole ahora para rendir más en el fútbol. Le está costando esfuerzo y sacrificio pero sabemos que la vida de un deportista no es un camino de rosas sino algo duro y muy sacrificado.