El entrenador que desea ser un líder dentro del equipo debe ser auténtico con sus jugadores. No puedes mostrarte pedante, vanidoso, autosuficiente.

Lamentablemente, cuando te encuentras con un entrenador que no le puedes decir nada porque ya lo sabe todo, te sientes como impotente y te das cuenta de que es uno de los problemas más importantes que nos encontramos en el fútbol formativo.

Son entrenadores que piensan que lo hacen todo muy bien. Cuando ganan es porque los cambios que realizó en el partido fueron muy acertados, o porque supo leer el planteamiento táctico del entrenador contrario, etc. Cuando pierde, todos los demás son los culpables: los jugadores estaban dormidos, no aplican lo que les enseño en los partidos, no quieren correr. Luego se pasa al árbitro: iba con ellos de forma descarada, si no llega a anular el gol por fuera de juego hubiera sido diferente, etc.

Nunca o muy pocas veces oímos de nuestros entrenadores unas palabras humildes reconociendo su culpa en todo lo que ha ocurrido. Pues aprovecho esta situación para comentártelo a voz en grito:

¡Tus jugadores no tienen la culpa de las derrotas que estás recibiendo. No seas soberbio. No te excuses echando la culpa a los demás!

Puede ser que el equipo con el que has jugado lo ha hecho mejor que el tuyo, y ya está. Pero no, esta posibilidad nunca se contempla.

También puede ser que ocurra otra circunstancia que no reconoces: quizá es que tú lo has hecho mal. Te faltan conocimientos pero no lo aceptas, no has sabido leer el partido porque te cuesta, no has acertado en los cambios porque tienes muchas dudas, no estás entrenando bien porque improvisas cinco minutos antes el trabajo de ese día, no te preocupas de tus jugadores, sus problemas, sus necesidades, porque no tienes tiempo para eso. Y podríamos seguir la lista de forma interminable.

¿Es posible que esté ahí el problema? El problema del equipo es tu falta de humildad. Nada más. No pongas como excusa a tus jugadores porque ellos funcionan si tu funcionas. Ellos están dispuestos a darlo todo por ti, por su equipo. Pero tú no les arrastras, no eres su líder sino que eres todo lo contrario. ¿Y sabes por qué? Porque esto otro es más complicado, exige mucho esfuerzo y mucho sacrificio y tú no estás dispuesto a eso. Buscas únicamente colocarte una estrella en la solapa y subir escalones que te lleven a la gloria. Pero estás muy equivocado porque al final, todo esto no vale nada.

El ego de un entrenador puede levantar una muralla que te separe inconscientemente del equipo. Los jugadores acaban cansados de los comentarios despectivos que realizas sobre ellos, pues el equipo espera que también valores otras cosas que no son el propio resultado como es el esfuerzo que han puesto o la ilusión por superar el bache que están pasando. Poco a poco, por la falta de confianza que les vas manifestando, se va creando una distancia que puede llegar a ser abismal con tus jugadores.

Los entrenadores sabelotodos y arrogantes consiguen aburrir a sus jugadores. Qué pena da ver a tantos entrenadores que hablan y hablan y en realidad están queriendo demostrar lo mucho que saben. Les da igual que lo entiendan o no, se olvidan que la comunicación debe ser en las dos direcciones para poder captar si lo que se dice llega realmente al otro o simplemente le rebota.

No te das cuenta del ridículo que estás haciendo porque los jugadores no tienen el más mínimo interés en seguir escuchándote y lo único que están esperando es que les des la posibilidad de entrenar con el balón. Sus oídos están completamente cerrados a tus peroratas que llegan a cansar de forma desagradable. Los jugadores procuran huir de ti en todo momento porque un entrenador arrogante es siempre odiado por todos.

Da gusto ver entrenadores que lo hacen muy bien en el campo, que dirigen bien a su equipo y que son capaces, cuando hay un problema deportivo, de realizar una consulta a una persona con más experiencia, que les puede ayudar a tomar una decisión complicada en ese momento. No hay nadie que lo sepa todo. Dependemos unos de otros.

La humildad no es más que el conocimiento de uno mismo. El entrenador líder es capaz de mostrarse tal como es sin máscaras de ningún tipo.