–¿Pero tu que haces, atontado? Lo importante son los resultados, nada más. Ganar el domingo es lo único que te debe de preocupar. Y si tengo que desconvocar a un jugador porque no da el nivel lo haré; o si he de gritar e intimidar al árbitro para marcar mi espacio con claridad, lo haré; y si hay que hacer alguna pequeña trampa en la alineación, si tengo que pedir a mis jugadores que se tiren dentro del área,…lo haré porque me juego mi puesto como entrenador.  No lo dudes, es lo que hay. Tu a lo tuyo, como los demás.

He de ser más valiente y fuerte para desarrollar mi trabajo como entrenador a contra corriente. Me tacharán de retrógrado, de poco práctico, de teórico. Me dirán que en el fútbol moderno las cosas funcionan de otra manera. Pero me da igual. Aunque hasta ahora yo era así, un sencillo cambio me ha hecho replantearme las cosas de otra manera muy diferente.

Si estoy dispuestos a trabajar a favor de mis jugadores, necesito un corazón libre y fuerte. Tengo que llegar a ser cada vez más independiente y no dejarme influir por los juicios de los otros entrenadores. Si quiero ser un auténtico “formador” debo asumir serenamente ser tomado por loco. 

–Pero…¿estás loco? ¿Qué haces sacando a tu mejor jugador en este momento del partido donde tienes que remontar un gol en contra? ¿Por qué no te quejas ante los errores del árbitro? ¿Por qué no les dices a tus jugadores que pierdan tiempo ahora que estás ganando el partido? ¿Por qué lanzas el balón fuera en este penalti que te iba a dar la victoria? ¿Por qué sonríes tras esta derrota tan humillante?  

En realidad, me considero más sano que una persona denominada “normal” porque no renuncio a mi capacidad de pensar por mi cuenta, ni a mi espontaneidad; sigo, a pesar de los obstáculos, mi propia conciencia, y me opongo a todo lo que empequeñece al hombre, le masifica o cosifica, le manipula y engaña.

Realmente, hay situaciones sumamente duras donde recibes la presión de la gente del fútbol. Existe el peligro de tambalearse, y es posible que caiga, si no tengo convicciones fuertes, muy personalizadas y arraigadas en una visión completa de lo que busco con mi trabajo. Me propongo ser mucho más fuerte ante la responsabilidad que adquiero como entrenador.

He vivido situaciones muy tensas en algunos partidos y me he dado cuenta de que en alguna ocasión no he sido lo suficientemente valiente para decir que no. Como en aquel partido en el que el público no dejaba de gritarle al árbitro y me faltó la fortaleza para decirle en la media parte al entrenador y al árbitro del partido que nosotros no íbamos a seguir el  partido si continuaban los insultos. Tenía miedo a ser criticado, a ser ridiculizado, a perder los puntos. Me faltó demostrarles a mis jugadores que en la vida hay que remar contra corriente siempre en la buena dirección y no dejarse llevar por el viento o por la marea.