Ser entrenador de un equipo de fútbol no es un trabajo sencillo. Si realmente quieres hacerlo muy bien, necesitas estar muy comprometido. Es la disposición más importante de un entrenador. En una escuela de futbolistas valoramos de forma especial esta actitud pues entendemos que es la clave para que un entrenador funcione.

Puedes ser un entrenador con el título nacional, con unos grandes conocimientos y grandes dotes estratégicos. Puedes tener un montón de masters en psicología deportiva, biomecánica, preparación física, etc. Puedes haber jugado con Iniesta y compañía. Muy bien, pero si no estás comprometido con los objetivos que se marcan al principio de temporada y con tus jugadores para mejorarlos como persona y como deportista, no interesas. Porque el compromiso que demuestras, debe estar por encima de todos tus conocimientos y más ahora que estás trabajando con el fútbol formativo.

Sentirse comprometido con el proyecto que se establece al principio de la temporada. Eso es importante porque los principios que estamos discutiendo requiere un enorme esfuerzo por parte del entenador. Y, si no está dispuesto a realizarlos, es mejor no comprometerse desde un inicio.

Compromiso es sacrificio. Es dedicar todos tus esfuerzos por conseguir aquellas metas que nos hemos marcado con nuestros jugadores. Si no estás dispuesto a poner ese esfuerzo por tu parte, no vale la pena que lleves un equipo de fútbol porque lo que puede ocurrir es que lo destroces. Se honrado y no empieces algo que no vas a ser capaz de llevar con responsabilidad. Si empiezas, debe ser con todo lo que eso significa.

Hoy en día hay poco compromiso en la sociedad: si no queremos al niño, abortamos, si no queremos a nuestra mujer, nos divorciamos, si no queremos al abuelito, la eutanasia. Es una sociedad de usar y tirar. La gente está dispuesta a implicarse pero no a comprometerse.

El entrenador comprometido está consagrado a un desarrollo integral de cada jugador de su equipo y a una mejora continua. Se compromete a llegar a ser el mejor entrenador que pueda llegar a ser, el que la gente a la que dirige se merece. Es también una ilusión por conseguir  que cada uno de los miembros del equipo progrese tanto como le sea posible. 

Pero eso no podemos pedírselo si nosotros no lo hacemos. Hemos de ser un ejemplo para ellos. ¿lo somos realmente? ¿qué vocabulario utilizamos? ¿cómo vestimos? ¿les tratamos con respeto? ¿estamos bien preparados? ¿gritamos? ¿sabemos perder o ganar? ¿somos comprensivos con todos? ¿aceptamos las decisiones del árbitro? ¿tenemos buena relación con los padres? ¿hablamos con nuestros jugadores? La lista es interminable. Podemos comprobar que ser un ejemplo para ellos requiere compromiso, esfuerzo y una visión por parte del líder de hacia dónde vas con tu grupo.

Ser líder cuesta mucho esfuerzo. Decidimos dar lo mejor de nosotros mismos a los otros y eso requiere esas cualidades que hemos repasado.

Puede ser que todo esto suene a manipulación, sin embargo manipular es influenciar a la gente en beneficio propio. En cambio el modelo de liderazgo que proponemos es influir en la gente para beneficio mutuo. Si de veras estoy identificando las necesidades de mis jugadores, éstos tienen que beneficiarse de esta influencia en tanto les sirva adecuadamente.

El compromiso se nota especialmente cuando desaparecen los sentimientos. En un equipo, por ejemplo, la emoción del inicio puede llevarnos a sentir la necesidad de entrenar muy duro pero cuando ya ha pasado un tiempo y los sentimientos se apagan, hemos de seguir con las mismas intenciones y eso es compromiso.

El entrenador de verdad es el que es capaz de dar lo mejor de uno mismo con los jugadores que peor nos caen o por los de menor calidad. Ahí es cuando descubrimos hasta qué punto estamos comprometidos.

Cuando lideras con autoridad, estás necesariamente llamado a dar lo mejor de ti mismo, a hacer cosas por los demás, a servir e incluso a sacrificarte por ellos. El amor no es lo que sientes por los demás si no lo que haces por ellos.