eres magnífico

Guillermo se siente una cosa sin valor: nació sin piernas y sin brazos y así se quedó. Todo el mundo se reía de él o le miraba como si fuera un bicho raro. Desde muy pequeño necesitó ayuda para todo: para vestirse, para comer, para desplazarse. Lo llevaban de un sitio a otro como si fuera un bulto.

Los dueños de un circo lo adquirieron porque sus padres no sabían qué hacer con él. Era un circo donde se reunían las personas más raras del mundo y consistía en mostrarlas como si fuera un zoológico para que la gente pudiera verlas y reírse de ellas, como si fuera un espectáculo pues  era difícil ver normalmente personas así: una mujer barbuda, una chica con dos cabezas pero un solo cuerpo, una mujer con 300 kilos de peso.

El público entraba al circo para ver el espectáculo y burlarse de ellos. Mientras, esas personas diferentes, debían aguantar todas las risas y brutalidades de la gente. Incluso les tiraban comida a la cara y los señalaban en plan de burla.

El señor Méndez tenía el circo de la Mariposa. Era muy diferente porque allí, las personas que trabajaban con él eran auténticos artistas, cada uno en su especialidad: payasos, forzudos, trapecistas, contorsionistas…

Coincidió que un día pasaban por este pueblo donde estaba el otro circo, el de las burlas, y fueron a verlo. Cuando entraron en la carpa de las personas raras, se quedaron muy tristes al ver cómo se burlaban y les tiraban comida. Justo en el momento en que dos niños iban a tirarle un tomate a Guillermo, el señor Méndez les frena y les pide que le dejen en paz. No podía soportar esa falta de respeto a personas humanas.

Entonces se queda mirando fijamente a Guillermo, se quita el sombrero, se acerca a él y le susurra algo que jamás nadie le había dicho nunca: 

––eres magnífico. 

Guillermo no se lo puede creer y piensa que se está burlando de él y lo que hace es escupirle ya que está a un palmo suyo.

El señor Méndez no se enfada y encima le pide disculpas porque quizá se había acercado demasiado a Guillermo. 

Cuántos de los que estáis leyendo esta historia os habéis sentido así alguna vez. A mí me ha pasado. ¿A ti no? Cuando estoy en mi equipo me siento un mal jugador porque no sé hacer las cosas que realizan otros con el balón. Me siento un inútil y creo que jamás podré llegar a jugar a fútbol bien. 

Entonces, un entrenador te dice, oye, que tu eres magnífico, tu no lo sabes pero yo te aclaro que tu vales mucho y puedes hacer cosas increíbles si te lo propones. Pero si vas a seguir pensando que eres muy malo, nunca mejorarás.

¿La reacción de Guillermo es buena o mala? Es mala porque escupe al señor Méndez al pensar que se está burlando de él. ¿Cómo reaccionas tu cuando te pasa esto en el fútbol? Cuando se ríen de ti o se meten contigo por lo que sea. ¿Respondes?¿escupes? ¿insultas? ¿te enfadas? 

El señor Méndez no se enfadó porque sabía que Guillermo no le había entendido y quizá pensaba que se estaba burlando de él pero no era así. Contrólate y piensa que todo esto que te dicen no es más que un obstáculo que has de superar para conseguir sentirte que eres buen jugador y hacer buenas cosas en el fútbol.

Guillermo estuvo pensando en lo que le había dicho el señor Méndez y decidió irse a su circo de la Mariposa porque seguro que allí le tratarían mejor, aunque le preocupaba mucho una cosa: él no sabía hacer nada. Se metió en uno de las camionetas del Circo entre las muchas maletas y bultos, aprovechando que era de noche, en un momento de descuido.

Se quedó dormido y, al día siguiente, le descubrieron entre las maletas. ¡Vaya susto que se dieron! pero, al ver quién era, lo recibieron con agrado.

¿Cómo recibes y aceptas a un jugador nuevo que viene a tu equipo para hacer la prueba? ¿Se siente a gusto contigo o eres incapaz de darle la bien venida? ¿Te interesas por saber cómo se llama y de dónde viene? ¿Le dices tu nombre y le presentas a los demás del equipo? ¿Te preocupas de explicarle las costumbres del equipo para que se sienta como en su casa?

Todo esto es lo que Guillermo notó a partir de entonces. En el otro circo le trataban como si fuera un monstruo (por no tener piernas ni brazos) y en cambio aquí estaba como si fuera su casa de toda la vida. Notaba que la gente del circo le quería. Fue una sensación increíble y se alegraba de haber tomado esa decisión.

Sin embargo estaba muy preocupado porque todas las personas del circo sabían hacer algo y por eso estaban allí. Pero él no sabía hacer nada y quizá nunca haría nada porque no podía ya que le faltaba lo fundamental para poder conseguirlo: brazos y piernas.

¿Cuántas veces tu te has sentido un inútil para el fútbol? Y, al ver a tus compañeros que son tan buenos has dicho que nunca serás como ellos. Este es un gran error porque si piensas esto, nunca mejorarás y nunca llegarás a alcanzar tus sueños. Si te crees un inútil, estás perdido.

El señor Méndez le invitó a quedarse en el circo todo el tiempo que quisiera con la esperanza de que algún día se diera cuenta de que no era tan malo como pensaba y que se pusiera a trabajar duro para hacer algo más que quejarse y decir que no vale nada.

Guillermo pudo ver bastantes actuaciones del circo y se quedaba maravillado de las grandes cualidades que tenían sus amigos: el hombre forzudo era capaz de levantar y pasear a dos personas, una en cada brazo; otro era capaz de aparecer dentro de una pequeña maleta completamente doblado y deshacerse dentro del agua de unas cadenas que le ataban por completo; el trapecista, con más de 80 años, era podía realizar grandes mortales en el aire, a gran altura; y un montón de personas mas, que provocaban los aplausos del público admirado por lo que veía.

Un día, un niño que vivía en el circo le preguntó si él iba a trabajar con ellos. Guillermos se quedó muy pensativo y algo triste porque él quería pero no sabía hacer nada. No tenía ni piernas ni brazos con lo que era imposible pensar en trabajar en un circo tan maravilloso.

El señor Méndez, que pasaba por allí, oyó la conversación y le contó la verdad de cada uno de las personas que estaban allí: 

––Mira, el hombre forzudo pensaba lo mismo que tú hace un tiempo, cuando no trabajaba en el circo. Era un hombre que utilizaba su fuerza para pelearse con todo el mundo y como esto no se puede hacer, le metieron en la cárcel después de golpear en una pelea a una persona del pueblo. 

Cuando salió de la prisión, hablamos y le dije que él era magnifico, que tenía grandes cualidades y que lo quería contratar en el Circo. Ahora utiliza su fuerza para divertir a la gente. Y está feliz porque se siente útil utilizando su fuerza para algo bueno. Y así todos los demás. El circo les ha ayudado a ser mejores personas.

Guillermo se quedó pensativo un buen rato y le respondió al señor Méndez:

–Si, pero es que yo soy diferente. Yo no tengo ninguna cualidad. No voy a poder hacer nada en el circo.

Cuántas veces te ha pasado que vas a empezar un partido y lo primero que haces al salir al campo es observar al equipo contrario y decir a tus compañeros: 

––Uff, este partido no lo vamos a ganar porque ¿habéis visto cómo son de grandes y fuertes? ¡Cómo corren! ¡Cómo disparan a puerta! Imposible ganarles. 

No te fijes tanto en cómo son los demás y piensa que tu también vales mucho y que son ellos los que van a tener problemas con vosotros porque también sois buenos y además estáis muy bien preparados.

El señor Méndez se le quedó mirando fijamente y le dijo algo que le animó mucho:

––Cuanto más dificultades tengas, mayor será tu éxito.

Guillermo se quedó pensativo y convencido. Tú también sabes que si tus dificultades son grandes, debes alegrarte porque el triunfo que conseguirás, si pones esfuerzo, será muy grande.

Pero una cosa es tenerlo claro y otra empezar a actuar. Guillermo estaba dispuesto a esforzarse para cambiar de actitud y atreverse a hacer algo para el circo pero, por otro lado, se preguntaba cómo lo iba a conseguir porque no tenía piernas ni brazos y era complicado. Poco a poco se iba convenciendo que había un obstáculo que no podía superar y seguía sin solucionarlo.

Pero sus compañeros del circo estaban dispuestos a ayudarle dándole una gran lección que no se esperaba. Un día, estaban todos en el río bañándose y tomando el sol cuando apareció Guillermo y pidió ayuda para cruzar el río . Solo podía trasladarse por un caminito muy estrecho hecho con piedras y troncos de árbol. Si cruzaba por ahí, podía estar con todos sus amigos del circo.

Al ver lo complicado que era atravesarlo solo, pidió ayuda pero nadie le hizo caso ya que se habían puesto de acuerdo para que lo intentara él solo. Desde pequeño y debido a su situación, cuando necesitaba hacer algo que pensaba que no podía, enseguida pedía que le ayudaran pero eso no era bueno para él porque entonces no se esforzaba y nunca podría saber si quizá él podía conseguirlo sin ayuda de nadie.

¿Qué pasa con los equipos cuyos jugadores dejan de esforzarse cuando les meten un gol o incluso dos? Lo ven tan complicado remontar que se abandonan y ya no luchan, dejan de esforzarse y entonces es cuando llega la goleada. Puede ser que no remontemos el partido pero moriremos en el intento por conseguirlo. Esa debe ser la actitud de un deportista que ha entendido lo que significa el esfuerzo. No puedes dejarte vencer por las dificultades, por los goles.

Guillermo, al ver que sus compañeros no le hacían caso, intentó atravesar el río él solo, no muy convencido y, claro, a los dos pasos tropezó y quedó tendido entre las rocas. Lo había hecho con poca confianza en si mismo y eso provocó que no aguantara ni dos pasos.

El fútbol está lleno de personas pesimistas que no se creen que pueden hacer grandes cosas y se retiran antes de enfrentarse a las dificultades del partido. Y, cuando deciden enfrentarse a ellas, lo hacen con tan poco convencimiento de que lo van a poder superar, que al final caen o fallan.

Un pequeño pero importante consejo quiero darte hoy a través de esta historia: confía en ti mismo, tu eres mucho más de lo que te crees, no eres tan malo como piensas, tu puedes conseguir tu sueño siempre que confíes en ti mismo y seas valiente para superar con optimismo las dificultades.

Guillermo estaba en el suelo porque tampoco creía en sí mismo pero sus amigos ni se movieron para ayudarle, siguieron jugando en el agua o en la orilla. Si quería solucionar su problema que era, en esos momentos, poder levantarse, tendría que hacerlo él solo, nadie le iba a ayudar.

Ya basta de mirar a papá para saber si lo que hago está bien. Ya basta de decirle que te ayude con la bolsa de deporte, ya basta de llorar cada vez que lo pasas mal para que vengan a ayudarte o a consolarte. Decídete de una vez por todas a solucionar tus problemas y a actuar sin la ayuda de tus padres. Será el momento en que empezarás a mejorar de verdad.

Guillermo apoya su cara en la roca para levantarse y utiliza el hombro para aguantar el equilibrio. Tras un esfuerzo increíble, consigue reincorporarse él solo. Cuando se da cuenta de que lo ha conseguido solo, se pone muy contento porque era la primera vez que realizaba una heroicidad como esta. 

Llama a sus amigos para explicarles su hazaña pero ellos no responden porque piensan que todavía debe seguir el esfuerzo, debe atravesar el río él solo y no acudirán a ayudarle porque confían en él. 

Guillermo está ahora muy emocionado y con una moral tan alta que se siente con fuerzas para atravesar el río sin ayuda de nadie. Sin pensarlo más, decide subirse al grueso tronco que llevaba a la otra orilla del río. Empieza bien pero como era muy complicado, pierde el equilibrio y cae al agua y, poco a poco, va sumergiéndose al fondo. No sabe nadar o al menos nunca lo ha intentado. Posiblemente Guillermo muera en el río si los amigos del Circo no se dan cuenta pronto de que ha caído al agua.

Los grandes futbolistas han pasado por muchas dificultades antes de llegar al éxito. Hay momentos en que se han visto poca cosa, derrotados por los malos resultados, por los comentarios de sus compañeros, la crítica de la prensa, con miedo a lesionarse, con errores delante de portería imperdonables, burlas, incomprensiones…Pero todo eso es lo que le hunde a un jugador si no decide luchar y superarlo. Las dificultades te hacen más fuerte cuando luchas por superarlas. Y esa fuerza es la que te permite salir a flote cuando te estabas ahogando.

Guillermo estaba en el fondo del río y no sabía nadar, nunca lo había intentado con lo que podía morir ahogado en ese momento. Podía dejarse ir o luchar contra la muerte. Decidió luchar y eso le salvó porque se dio cuenta de que, moviendo sus pies diminutos, podía impulsarse y así lo hizo y empezó a ascender. No lo sabía porque nunca lo había probado. Pensaba que era un inútil pero se equivocaba. Podía incluso nadar.

Cuando apareció en la superficie, se encontró con las caras de sus amigos que lo buscaban asustados porque no le veían ya que había permanecido en lo más profundo del río bastante tiempo y no eran capaces de encontrarlo. Cuando apareció su cara en la superficie, todos se llevaron una gran alegría e intentaron recogerle para llevarlo a la orilla pero él no se dejó. 

Quería demostrarles lo que había sido capaz de conseguir él solo, sin ayuda de nadie y ellos lo agarraban y le felicitaban emocionados. Había conseguido nadar y se daba cuenta de que servía para algo, que podía hacer muchas cosas pese a sus limitaciones evidentes.

––¡Mirad, puedo nadar! ––gritó Guillermo mientras se metía en el agua y se impulsaba con sus pequeños pies. Estaba lleno de felicidad y se sentía como transformado, como el gusanillo de seda y la mariposa. De gusano inútil, que solo puede arrastrarse lentamente por las ramas de los árboles, a mariposa que puede volar revoloteando por todas partes y llenando de color las montañas y los valles.

Esa transformación solo se puede conseguir si te enfrentas con esfuerzo a las dificultades que te vas encontrando en la vida. Eso te da fuerza para poder afrontar los retos más altos que te propongas. Si no luchas y te esfuerzas, nunca serás nada, no conseguirás ser un futbolista de nivel.

Guillermo cambió de forma de ver las cosas. A pesar de no tener ni piernas ni brazos, ya no se sentía un inútil. Se veía capaz de hacer cosas que jamás hubiera imaginado realizar. Era verdad lo que el señor Méndez le había dicho una vez. ¿Te acuerdas? Le dijo que era magnífico. Guillermo se creía que se burlaba de él y por eso le escupió pero ahora se daba cuenta de que era completamente cierto.

Cuantas veces tu entrenador te ha dicho lo mismo y tu no le has hecho caso.Te dice que eres magnífico cada vez que te corrige y te anima a cambiar algún defecto. Porque si te corrige es porque confía en ti, te ve capaz de realizarlo. Y, sin embargo, tu te enfadas con él y no le escuchas porque crees que te tiene manía. 

Guillermo le pidió al señor Méndez que quería entrenarse para ejecutar un número espectacular que superaría todos los que hasta ahora se hacían en el circo de la Mariposa. Todos le ayudaron a realizarlo porque ahora sí confiaba en sus posibilidades. Trabajaron mucho tiempo hasta que salió perfecto. Era peligroso pero seguro y digno de este gran circo.

Llegó la noche del estreno y el circo estaba lleno de gente. Por fin Guillermo iba a formar parte de verdad del circo realizando algo sorprendente. Ya le estaba presentando:

––Señoras y señores, ––decía el señor Méndez al público asistente, ––van a presenciar ustedes un número increíble: sin brazos y sin piernas, Guillermo va a ascender hasta 15 metros de altura para lanzarse a esa pequeña piscina. 

A Guillermo le suben con cuerdas y lo colocan en una repisa a 15 metros del suelo. Ahí le espera una piscina que se ve, a esa altura, diminuta. Respira hondo, cierra los ojos, y se lanza al vacío sin dudarlo. Mientras cae se escucha una exclamación llena de admiración por parte del público. Todos sus compañeros del circo miran preocupados cómo va cayendo, orgullosos de su valentía. Por fin alcanza la piscina y se hunde hasta el fondo. Un silencio desgarrador desfila entre el público que se transforma en griterío y en aplausos cuando ven aparecer la cabeza de Guillermo sonriente. ¡Lo había conseguido! Sus compañeros se abrazan emocionados. 

El circo de la Mariposa tenía un nuevo artista, sin brazos ni piernas que era capaz de hacer grandes cosas. 

La gente del público se había dado cuenta de la hazaña y, una vez finalizada la función, querían hablar con Guillermo. En un momento reunió a mucha gente que le hacía preguntas, llenos de admiración.

Pero lo que más le emocionó a Guillermo es ver a un niño con muletas, le faltaba una pierna, que se acercaba con su madre y su hermano para saludarle. Cuando les tocó el turno, el niño cojo se acercó a Guillermo y llorando se abrazó a él. Mientras, la madre le daba las gracias. Su hijo se sentía un inútil porque no podía hacer lo que los demás niños realizaban. Se sentía un inútil y, al ver a Guillermo hacer todo aquello, se dio cuenta de que había sido un tonto. Él también podía hacer muchas cosas si se lo proponía. Total, a él solo le faltaba una pierna, en cambio Guillermo no tenía ni brazos ni piernas y había sido capaz de realizar ese gran espectáculo. Le miró a la cara tras el abrazo y le dijo muy serio:

––Yo también puedo, lo voy a conseguir. Voy a intentarlo.

Guillermo había conseguido con su ejemplo animar a muchas personas con problemas físicos que, como él, se sentían como gusanos, inútiles, despreciables. No, ellos también eran magníficos. Viendo a Guillermo, ya no había dudas.

Acudo aquí a reclamarte esa gran responsabilidad que tienes tu en tu equipo de fútbol. Tú puedes cambiar a tu equipo como Guillermo cambió a tantos niños con problemas físicos. ¿Cómo? Ya empezamos con excusas: que no eres bueno, que no sé hacer nada, que hay otros mejores que yo. No, tu puedes cambiar tu equipo con tu ejemplo. Si tu vas a cada entrenamiento y lo das todo, tus compañeros de equipo te imitarán. Si estáis perdiendo y subes el ánimo del equipo, ellos te seguirán y ganarás el partido. Si llegas todos los días puntual, conseguirás que los entrenamientos empiecen a la hora porque serás un ejemplo para ellos. Si te tomas en serio lo que te dice el entrenador, si te preocupas de los demás, si eres un ejemplo, arrastrarás a los demás y tu equipo cambiará, de gusano a mariposa, como en la historia.