No rendirse jamás

Su nombre es Juan y está orgullosos de llamarse así. 

  • ¿Alguno de los aquí presentes se llama Juan? 

Le gusta porque es un nombre corto pero sobre todo porque el día de su santo coincide con la verbena de san Juan. Ese día se celebra una gran fiesta, con petardos, fuegos artificiales y una coca que está buenísima.

  • ¿Os acordáis de la última verbena? ¿Cómo lo celebrasteis?

Pero a Juan, lo que realmente le gustaba de la verbena era el concurso de hogueras que cada año se celebraba en su pueblo. Lástima que nunca lo ha podido ganar. 

El concurso consistía en encender una hoguera con todos los muebles viejos que podías reunir y ganaba el que conseguía la hoguera más potente.

A finales de marzo, Juan reunió a su pandilla y les comentó:

––¡Que cada uno busque tantos muebles viejos como pueda!

El grupo se esforzó tanto, que a principios de junio ya tenían un montón de trastos para quemar. El abuelo de Juan, Sebastián, les había dejado un almacén para irlos amontonando.

––Ya veréis como este año conseguimos ganar a los de la calle de Abajo––dijo Miguel mientras arrastraba el viejo sillón que le había dado su abuela.

Pero la pandilla de Narciso, llevaban ganando el concurso los últimos 6 años y seguro que este año también querían ganarlo con lo que era un asunto complicado arrebatarles la victoria.

  • ¿Cuántas veces nos ha pasado en el fútbol que queremos ganar el campeonato pero nos tenemos que enfrentar a un equipo que no ha perdido ni un solo partido?

Juan y sus amigos, cada tarde, después del colegio, paseaban arriba y abajo por las calles del pueblo arrastrando un cajón roto, una mesa destartalada o un par de sillas abandonadas e iban acumulando todo eso en un enorme montón de madera. Esta vez, pensaban ganar el concurso y trabajaban en eso sin descanso. Cada pedazo de madera que traían era una inyección de moral. 

Pero una tarde, llegó Laura muy nerviosa a la plaza donde siempre se encontraban:

––¡Chicos!…No os imagináis lo que he visto, ––dijo Laura resoplando. Había estado en la calle de Abajo e intentaba recuperar el aliento para explicarles lo que había visto. 

––¡Qué ha pasado? ––preguntó Juan un poco asustado. 

––He averiguado dónde guardan las maderas los de la calle de Abajo, ––aclara Laura. ––Y tienen, tienen…

––¿Qué tienen? ––Insistían los del grupo que por más que lo intentaban no conseguían nunca descubrir el escondite donde Narciso y sus amigos guardaban los muebles que iban recogiendo.

––Tienen una montaña enorme. ––Aclara Laura. ––Mucho más alta que la nuestra.

Los rostros de Juan y sus amigos se estiraron como si estuvieran totalmente decepcionados pensando que no había valido la pena tanto esfuerzo: ¡de nuevo iban a perder el concurso!

Pero Juan no estaba dispuesto a perder tan fácilmente. Tenían que hacer algo. ¿Pero qué?

  • Esto me recuerda a un equipo de fútbol que quería ganar el campeonato. Iban primeros empatados con otro equipo muy bueno. Llegó el momento de enfrentarse por primera vez a ellos y perdieron. Sabían que habían perdido una oportunidad para ganar el campeonato y pasaron a ser segundos. Algunos comentaron el hecho como una derrota definitiva. ¿Tú qué piensas de esta situación?

Pero volvamos a la historia de Juan:

––¡Ya sé! ––dijo Juan. Doblaremos los turnos. Tan pronto como salgamos de la escuela, ni meriendas ni juegos de ordenador. Tenemos que seguir pidiendo maderas por las casas y si es necesario pediremos maderas al pueblo de al lado.

Miguel se excusó porque tenía un examen, Laura debía presentar un trabajo, Carlos tenía clase de inglés. Poco a poco, todos los integrantes del grupo se disculparon aunque el plan de Juan era una buena idea. Se dieron cuenta del problema: san Juan era justo el día que terminaba el colegio. La idea de ganar el concurso les hacía mucha ilusión pero eran conscientes de que no podían suspender el curso por culpa de esto.

––Pues tenemos que encontrar una solución pero no nos podemos rendir. ––afirmó Juan.

Y no se rindieron.

¿Qué hicieron? 

Revisaron el tiempo que dedicaban a sus tareas después del colegio y se dieron cuenta de que si en lugar de volver al colegio, charlando y jugando, iban directos a casa, ganaban media hora de tiempo. 

Una vez en casa, en lugar de merendar y jugar un poco antes de los deberes, llevarían la merienda en el trayecto de vuelta y eliminarían el tiempo de juego con lo que ganaban otra media hora. 

Por último, una vez que se ponían a hacer los deberes, se levantaban un montón de veces a beber agua, al baño, a molestar a un hermano…Se impusieron la obligación de no levantarse para nada hasta el final. Eso les permitía ganar otra media hora. 

Medía hora de la salida del colegio + media hora de merienda y juegos + media hora de estudio sin levantarse para nada equivalía a hora y media diaria de tiempo. Eso les permitiría poder salir después de los deberes para seguir buscando madera hasta la hora de cenar.

Además, se ayudaban unos a otros: cuando uno se despistaba y se ponía a charlar a la vuelta del colegio, el otro le recordaba la situación y cuando uno tenía problemas, por ejemplo, con las matemáticas, el otro le ayudaba para que no se quedara rezagado y le saliera bien el examen.

Aunque costó mucho ajustarse a esta nueva situación, la cosa funcionó y al ver que aquellos chicos trabajaban tan duro, muchos del pueblo les prometieron más muebles y colaboraron de forma especial. 

El final de curso llegó y todos aprobaron las asignaturas. Contentos, fueron recogiendo una gran cantidad de muebles que la gente del pueblo les había prometido por su gran esfuerzo. La montaña de muebles en el almacén del abuelo Sebastián llegaba casi hasta el techo. Estaban seguros que este año sí iban a ganar aunque les había costado muchos sacrificio conseguirlo.

Por fin llegó la noche de san Juan. Estaban todos muy nerviosos. Llegada la hora, llevaron las maderas entre todos los de la pandilla e hicieron una gran montaña de muebles en la plaza del Centro.

Pero Narciso, que venía de la calle de Abajo para presumir, comentó:

–––¿Esto es todo lo que habéis conseguido? ––Y se burlaba. ––Creo que este año ganamos de nuevo: nuestra pila es el doble de grande.

Y era cierto.

Juan y sus amigos no se lo podían creer. Observaban esa pila de muebles y se preguntaban de dónde habían podido sacar tanto tiempo para reunir tanta madera. 

Tristes y desanimados, esperaron la noche para encender la hoguera. A pesar de la derrota, olvidaron las penas comiendo coca, cantando canciones y saltando las brasas de la hoguera.

No se dieron cuenta de que el alcalde se acercaba a su hoguera.

––Estoy aquí para entregar el primer premio a Juan y a sus amigos por tener la hoguera más alta––dijo sonriendo mientras les entregaba el trofeo.

Sin entender nada, todos los chicos se abalanzaron sobre el trofeo felices y contentos. Pero, ¿qué había pasado con los de la calle de Abajo? Todos habían visto cómo su montaña de madera era mucho más alta que la suya.

––Es muy sencillo ––aclaró el alcalde. ––En la calle de Abajo no se ha presentado nadie y no la han encendido. Se ve que todos los niños han sido castigados por haber suspendido el curso. Si la madera no se enciende no es una hoguera.

Juan y sus amigos no se lo podían creer. Era la primera vez que ganaban. Cogidos de las manos comenzaron a girar y a girar alrededor del fuego. ¡Lo habían conseguido! Había costado mucho esfuerzo pero lo más importante es que todos habían aprobado el curso.

Volvamos al equipo de fútbol que os contaba antes:

  • ¿Qué hicieron cuando perdieron contra los mejores? Al finalizar el partido, estaban un poco desanimados porque tenían ilusión por ganar la liga y ese equipo era tan bueno que nunca perdía. Era imposible ganar el campeonato pensaban algunos. Esta derrota les dejaba ya como segundos. Pero la verdad es que quedaba mucha liga todavía y debían enfrentarse de nuevo en el partido de vuelta.

En el primer día de entrenamiento tras la derrota, el entrenador se reunió con el equipo y revisaron el partido jugada a jugada. Analizaron qué les había fallado para que les metieran dos goles. 

Una vez reconocidos los errores, el entrenador les lanzó un nuevo reto: Tenemos un montón de semanas antes de volver a enfrentarnos a ellos. Tenemos una nueva oportunidad si entrenamos duro y trabajamos esos errores para que no vuelvan a aparecer. ¿Estamos dispuestos a trabajar duro para conseguirlo o nos rendimos?

Habría que trabajar duro pero todos estaban dispuestos a conseguirlo. Decidieron aplicar algunas medidas en los entrenamientos: empezar muy puntuales, aprovechar cada minuto, ayudarse entre ellos, escuchar los consejos del entrenador, esforzarse al máximo, dormir más y comer mejor. Pusieron tanto esfuerzo en todo lo que hacían que cuando llegó el momento del partido salieron todos a una y arrasaron al rival con un 3 a 0 contundente que les dio la victoria y el campeonato.

Pienso que es un buen ejemplo para que te lo apliques en todo lo que haces. En el fútbol y fuera del fútbol. En todo. 

Ahora estás viviendo unos días muy especiales encerrado en casa. Es momento de demostrar que has entendido la historia y te propongo varios retos:

  1. Esfuérzate por SONREIR siempre.
  2. Esfuérzate en CUMPLIR TUS ENCARGOS en la casa
  3. Esfuérzate en AYUDAR A PONER Y RECOGER LA MESA
  4. Esfuérzate en OBEDECER A TUS PADRES  A LA PRIMERA aunque a veces cueste un poco.
  5. Esfuérzate en TENER ORDENADA LA HABITACIÓN. 

No te rindas en estos días. No pongas excusas como que son muchos días, que estás cansado, etc. Es el momento de demostrar que con esfuerzo puedes llegar a ganar este partido que estamos jugando contra este VIRUS que está afectando a tanta gente. Con tu esfuerzo y tu buen ejemplo, ganarás el partido. Estoy seguro.