futbol sin esfuerzo

¿Cuál es el propósito de una escuela de fútbol?

La misión que tiene una escuela de fútbol es proporcionar conocimientos y destrezas a sus jugadores para que puedan desarrollarse como futbolistas y como personas.

Desde hace tiempo me sentí atraído por las nuevas tendencias pedagógicas en las que se defiende que el niño aprenda por si mismo a través de un descubrimiento guiado. Me pareció muy atractivo y sugerente.

Pero con los años me di cuenta de que no todo el aprendizaje sale de forma espontánea del jugador, sino que mayoritariamente procede del contexto de la escuela de fútbol. Normalmente la iniciativa parte del entrenador y a partir de ahí si que hay lugar para hacerse preguntas. Esta aclaración es importante para no equivocarnos. Yo me equivoqué, he de reconocerlo pero me ha servido para rectificar y estar más seguro de lo que quiero para mis jugadores.

¿Qué es lo que realmente pretendo?

Ciertamente es muy romántico pensar que nuestros jugadores vayan descubriendo por ellos mismos los conocimientos y destrezas del fútbol. Si les damos toda la responsabilidad de tomar la iniciativa, habrá muchos que no harán nada porque no sabrán qué hacer. Lo que no puede ser es que si el niño no quiere correr o no quiere saltar, tengamos que esperar a que el niño se le ocurra hacerlo. Aquí hay algo que no funciona.

¿De dónde vienen estas ideas tan revolucionarias que me cautivaron?

Esta idea no es nueva, viene de Rousseau que decía que todo aprendizaje debe salir del niño. Hay una tendencia parecida ahora que afirma que el niño vaya aprendiendo según sus intereses. 

Lamentablemente hay mucha confusión entorno a las tareas que debe desempeñar una escuela de fútbol. No está claro lo que debe aprender. Ahora el entrenador debe preguntarle al jugador: “Qué quieres hacer” y después debe acomodarse a su preferencias.  

¿En qué me estaba convirtiendo sin darme cuenta?

El entrenador, no transmite conocimientos ni destrezas sino que se convierte en un facilitador. El objetivo es la felicidad del niño y ya no se valora el arte del aprendizaje. Van a la escuela de fútbol a pasar un rato agradable.

Parece ser como si la instrucción, todo aquello que se enseña a base de repetición y esfuerzo, haya adquirido mala fama porque se considera algo un poco mecánico, reiterativo y automatizado: insuficiente para las exigencias de nuestro tiempo. El planteamiento es tan recurrente que puede llegar a convencerte si no estás atento a lo que tiene de trampa. 

Primero el conocimiento y luego el interés

Ahí estaba mi error. Pensar como Rousseau me llevó a equivocarme. La experiencia práctica me ha enseñado que para despertar su interés he de primero darle conocimiento. Lo que tildan como malo es para mí la base del aprendizaje.

Aprender a base de repetición y esfuerzo y después automatizar lo aprendido no tiene nada de malo. Es más, cuando aprendes algo, quedas libre para realizar tareas más creativas y originales.

El niño está en el centro del aprendizaje, ciertamente, pero hemos de dejar muy claro que lo que ha de aprender es algo que está fuera de él. Son conocimientos elaborados y trabajados durante muchos años. No podemos pretender que los descubra sin más, por arte de magia. 

El aprendizaje de cualquier habilidad futbolística cuesta esfuerzo y sabemos que cualquier niño, si no es por una razón muy especial, evita el esfuerzo. El entrenador debe darle un pequeño empujón para animarle a dar los primeros pasos. Una vez descubre esos pasos, sí que aparece el interés y la utilidad. Primero el conocimiento y luego el interés, no al revés.

Cuanto más aprendes más te diviertes y para aprender hay que exigir

Muchos padres o entrenadores argumentan que el fútbol es para divertirse e inmediatamente bajan el listón de la exigencia de forma equivocada porque no quieren que aparezca nada que no sea divertido.

No se dan cuenta de que cuanto más domines la técnica del fútbol, más te vas a divertir. Si realmente queremos que el niño se divierta, hemos de ofrecerles conocimiento y hemos de exigir. Hay partes del entrenamiento más duras y otras partes más divertidas pero no podemos eliminar las duras por no ser divertidas.

El problema está cuando el profesor tiene un grupo poco homogéneo y se les exige que no se aburran y se porten bien. Lo afectivo queda por encima de los contenidos y el entrenador diseña sus ejercicios simplemente para que lo pasen bien y no para que aprendan.

No se dan cuenta de que muchos niños acuden a la escuela de fútbol con la idea de aprender más pero no avanzan y se van o lo dejan por aburrimiento. Cuanto más enseñemos y mejor lo hagamos, más atractivo haremos el fútbol. Estaremos haciendo un favor a este deporte y a estos niños.

Por otro lado, existen muchas familias que valoran especialmente la cultura del esfuerzo y quieren que sus hijos tengan una escuela donde esto sea una prioridad: desean que a sus hijos se les exija en el esfuerzo por alcanzar sus metas porque saben que no hay otro camino para el deporte y para la vida.

No echar la culpa a los demás, ayuda a obtener mejores resultados

Lo verdaderamente educativo es el esfuerzo que realizan los jugadores por aprender cada día más. Y si los resultados no son buenos la culpa no es del entrenador, ni del árbitro, ni del equipo contrario. Existe la responsabilidad personal. 

No toda la culpa la tiene el jugador pero ellos deben ser conscientes de que una buen aparte de culpa debe ser personal. Debes salir de su boca afirmaciones como estas: “no he puesto el esfuerzo suficiente”, “he estado poco concentrado”, “he puesto poco interés”. Son frases que se oyen poco  y, si la educación del niño es lo más importante para la familia, esta situación debe corregirse ayudando al jugador a superarla. No echar la culpa a los demás, ayuda a obtener mejores resultados. 

¿Hay aprendizaje sin esfuerzo? 

Muy poco, pero sobre todo, aprenderá más quien más se esfuerce. Existe una idea que se repite hasta la saciedad que no tiene nada de cierta. Es la mentalidad de que todo se puede conseguir con esfuerzo. Cada niño tiene la posibilidad de llegar a su nivel óptimo, que no tiene que ser el mismo que el de los demás jugadores. Lo que sí es cierto es que cada jugador tiene la posibilidad de dar el máximo de sus posibilidades y para eso se necesita esfuerzo. 

Pero desgraciadamente no todos los jugadores se esfuerzan al máximo. Para conseguirlo hay un método infalible: que padres, entrenadores y clubes digan la misma cosa, remen en la misma dirección. Si hay opiniones diferentes el niño se aferrará a la propuesta del menor esfuerzo.

Hemos descubierto a lo largo de estos años a muchos niños que quieren dejar el fútbol porque están muy estresados. Hay mucha presión sobre los niños que juegan al fútbol, con una obsesión por destacar, ser los mejores, triunfar en este deporte. Buscan una felicidad a corto plazo pero no se dan cuenta de que eso les destroza.

¿Qué buscamos en nuestros jugadores? Quizá valga la pena formularnos esta pregunta hoy. Puede ayudarnos a reorientar nuestra forma de enseñar.