javier cendón

––Lo que os voy a contar hoy es algo muy duro pero estoy seguro de que estáis preparados para oírlo. Además es real, no me lo invento, está pasando actualmente.

Se produce un silencio en la sala, necesario para poder conseguir el ambiente adecuado que me permita transmitir con eficacia un importante mensaje.

––¿Cuántos años tenéis ahora?––pregunto en general a los jugadores que me escuchan

––Entre 13 y 14 años ––me responde el primero que toma la palabra.

––Pues bien, dentro de 5 ó 6 años muchos de vosotros seréis ya jugadores profesionales y estaréis en uno de estos equipos con los que ahora estáis soñando ––afirmo con mucha seguridad.

He de detenerme porque hay algunos que se sonríen como poniendo en duda lo que estoy diciendo. 

––No entiendo estas sonrisas ––aclaro––. Yo he conocido chicos como vosotros que llegaron aquí y eran muy flojitos jugando al fútbol. Recuerdo a Javier, un niño de 12 años, gordito, que venía con su hermano, que era el bueno. Lo admitimos como portero porque era un pack de dos. Recuerdo que el primer año Javi era un desastre. Le metían goles ridículos. Pero no se desanimaba,  peleaba, entrenaba y se esforzaba. 

Al año siguiente, vino más delgado y más ágil. Los entrenamientos le fueron bien y le pusieron en un equipo mejor. Un día le llamaron para sustituir al portero del mejor equipo de su categoría porque se había lesionado y lo hizo bien. Tan bien que se quedó en ese equipo. Tuvo suerte porque el ojeador del Villarreal, lo vio en un partido y lo invitó a estar una semana entera entrenando en la ciudad deportiva. Y gustó mucho y se quedó un año. Seguía progresando tanto que lo llamaron para jugar en la Selección Española sub 15. ¿Qué será de él ahora? No lo sé pero os puedo asegurar que vosotros sois mucho mejores que él cuando llegó. ¿Qué os parece? ¿Se puede o no se puede?

Los chicos que me escuchaban, se pusieron muy serios. Aquello les había impactado y quizá les había ayudado a renovar su ilusión. 

––Bueno, os estaba contando que uno de vosotros, ya está en un equipo profesional. Es tu primer año en ese equipo y estás jugando bien. Tienes un contrato profesional, un buen coche, una buena casa…La liga se está terminando. Has quedado en mitad de la tabla y queda un solo partido para irte de vacaciones. El último partido será en casa contra un equipo de la parte baja de la tabla que se juega todo para mantenerse en Primera División. Será un partido como de despedida con la afición. Ya estás un poco cansado porque la vida de un futbolista es dura ya que en cada partido debes darlo todo. 

Estás en la zona del bar del estadio tomando un refresco porque ya sabes que un futbolista debe cuidarse mucho: ni bebe, ni fuma, ni se vea dormir tarde y controla muy bien lo que come. Todo esto no lo cuida una persona que no juega al fútbol de tu misma edad y por eso siempre he dicho que hacer deporte te ayuda a no meterte en los líos de las drogas, del tabaco, del alcohol… Sin embargo puede ocurrir que surjan otro tipo de dificultades como veréis ahora mismo.

––Mi padre dice que hay chicos muy buenos que no llegan a ser profesionales porque no se han sabido cuidar. ––Salta uno inmediatamente apoyando lo que estaba diciendo.

––Efectivamente, tu padre tiene razón, si antes del partido duermes poco, o no te alimentas bien, o no pones esfuerzo en lo que haces, normalmente no llegas porque hay otros que quizá con menos que tú avanzan más por la actitud que tienen. Aunque tú seas muy bueno. Es una elección que debes hacer cuando decides tomarte en serio el fútbol. Jugar sin esfuerzo y sin disciplina o a por todas y de verdad. Tú ahora también debes decidir cómo vas a tomarte las cosas del fútbol porque depende de esto tu futuro como jugador y como persona.

––Pero sigamos con el relato ––añado.––Estás a punto de pagar al camarero del bar cuando se acerca una persona desconocida, elegante y sonriente para hablar contigo.

––Hola, no me conoces pero pertenezco al equipo que ésta próxima semana se enfrenta a vosotros antes de finalizar la liga ––se presenta el personaje, muy sonriente y ofreciéndote la mano en señal de saludo. ––Esta temporada lo hemos pasado muy mal y nos jugamos la liga en este partido. Querría pedirte un favor. Somos conscientes de que vosotros no os jugáis nada y nosotros podemos bajar a segunda si no ganamos. Queremos darte un dinero si consigues que tu equipo se deje ganar el domingo. 

––Tu, que no estás acostumbrado a cosas de este tipo, te sorprendes e incluso sonríes pensando que nadie puede estar seguro del resultado final del partido hasta que se termina ––aclaro al público que me está escuchando atónito por lo que les estaba contando. ––Pero el hombre que seguía hablando muy serio ahora, saca un maletín repleto de billetes grandes. Había mucho dinero. Más del que uno ha visto jamás.

––Esto es un regalo que te hace el club en señal de agradecimiento y hay otro maletín igual al final del partido para repartir entre las personas que te ayuden a conseguirlo. Háblalo con los que tengas más confianza ––afirma el personaje. ––Tu sabrás con quién puedes contar para conseguirlo. Y, por cierto, no te preocupes porque esto no lo sabe nadie y nadie se enterará nunca. Además es un favor que nos haces porque estamos necesitados de esa victoria. No hay nada malo porque tu ya no te juegas nada en la liga. 

––Tu, como jugador tienes un buen sueldo pero el dinero que te ofrecen es mucho, más del que jamás has tenido y parece que nadie se va a enterar y si no lo haces tu, se lo dirán a otro y perderás la oportunidad de ganarte todo ese dinero. ¿Puedes ser tan tonto de rechazarlo? Es la oportunidad del siglo. Un regalo del cielo. Lo haces y, al día siguiente, el dinero en mis manos. ¿Cuántas cosas podrás hacer con ese dinero? ¿Qué? ¿Lo haces o no lo haces?

Aprovecho el interrogante para preguntar a los jugadores que me estaban escuchando. Y viene de inmediato la prueba:

––¿Tú lo harías? ¿Si o no?––Pregunto mirando al que tengo más cercano. ––Ten en cuenta de que no pasa nada, que nadie se va a enterar. Estáte seguro. Pero no respondas para quedar bien, di lo que harías de verdad en esa situación. La verdad. 

Un nuevo silencio se produce en la sala porque la pregunta la formulo al primero pero saben que se lo voy a preguntar a todos. Los veo totalmente metidos en el dilema.

Insisto de nuevo para ayudarle a responder con sinceridad que es mucho dinero y si no lo hace él, lo hará otro, que nadie se enterará, que no pasa nada porque es algo seguro: hacerlo y el dinero en el bolsillo y ya está, que no es nada malo porque se trata de ayudar a un equipo que está a punto de descender, etc.

El primero, al final dice que sí, que lo haría, el segundo, el tercero, el cuarto, todos dicen que sí. Solo hay uno que dice que no porque aunque te digan que no pasa nada, recuerda que no es lícito dejarte ganar.

Las respuestas afirmativas de la mayoría refuerzan la posición de quedarse con el dinero. Ciertamente me quedo perplejo de la decisión de estos chicos de 13 y 14 años, aunque soy consciente que la he fomentado con una serie de mensajes tranquilizantes. 

Llegaba el momento de dejarles claro las consecuencias de su decisión:

––Todos los que habéis decidido quedaros con el dinero, que sepáis que en estos momentos estáis en la cárcel ––les aclaro mirándoles a la cara mientras subrayo la palabra cárcel y dejando claro lo que significa: perdida absoluta de lo más importante que tiene el hombre, la libertad; aislados de la familia, los amigos, sin posibilidad de hacer lo que uno quiera durante muchos años: marcados de por vida por la sociedad porque cuando salgas todos saben lo que eres: un tramposo, una persona en la que no puedes confiar. Muy complicado conseguir un trabajo pese a estar arrepentido de haberlo hecho. 

––Pero nos habías dicho que era seguro y que no se enteraría nadie ––saltaron enseguida varios de los afectados.

––Precisamente ahí está la trampa, ––respondo inmediatamente. ––Os engañaron con consejos falsos para tranquilizaros la conciencia pero no era verdad. 

Inmediatamente les cuento que el caso es tan real que se ha dado en España en estos días y que todo se ha descubierto: 

https://navarra.elespanol.com/articulo/tribunales/vizcay-osasuna-amano-partidos-liga-juicio-caso-osasuna/20200121123654308447.html

Muchos de los asistentes afirman que les suena la noticia pero que no le habían dado mucha importancia porque no entendían de qué se trataba exactamente. 

Es el momento de llegar a su corazón con algunos datos más para ayudarles a darse cuenta de que es algo que les puede salpicar en cualquier momento y que en el fútbol existe muchas situaciones en las que te debes plantear siempre ser honrado y valiente para decir o elegir la verdad.

––Imagínate que estás en un partido en el que quedan pocos minutos y necesitas ganarlo. El entrenador te dice que te tires dentro del área para provocar un penalti ––les planteo en esta ocasión. ––Me diréis que no podéis hacerlo, pero vamos a lo mismo: el entrenador os lo pide para poder ganar el partido que os llevará directamente a la final del torneo. Os dirá que no pasa nada porque ellos han metido un gol de la misma forma y por justicia nosotros podemos hacerlo. Además, os insiste que si lo haces bien, no se entera nadie de que ha sido provocado… El entrenador os dirá que son trucos del fútbol pero en el fondo es una forma de disfrazar una trampa. Si eres un cobarde, le harás caso para no decepcionarle, para no perder tu puesto en el equipo, por seguir la corriente, porque te dejas llevar por la emoción del partido buscando la justicia en la trampa. Pero si eres valiente, le dirás al entrenador que eso es una trampa y que no estás dispuesto a jugar con trampas. Sin miedo a las consecuencias que eso pueda tener.

––Hay muchos jugadores que lo hacen ––añade uno de los presentes mientras comienza a enumerarlos. ––Suarez, Neymar, entre otros, tienen fama de lanzarse a la piscina del área sin apenas tocarles. 

––Es completamente cierto lo que dices ––respondo a esa afirmación.––Pero ya sabes lo que digo de los jugadores profesionales: no hay que tomarlos nunca como ejemplo porque no lo son. Todo lo contrario, es mejor no fijarse mucho en lo que hacen o dicen. Es una pena que la prensa les destaque tanto porque hace mucho daño. Si hay jugadores en la primera división que hacen trampa es porque nunca han tenido, de pequeños, la oportunidad de que alguien les explique la importancia de ser honrados. Tú estás en esta escuela de futbolistas y tienes personas que te enseñan a actuar correctamente que quizá ellos no han tenido. No son tan afortunados como vosotros. 

Es el momento de ir a lo concreto para que puedan ver algo que está muy cercano y que existen multitud de situaciones en las que se puede ser valiente y sincero.

––Si un jugador se tira para provocar penalti es porque de pequeño lo hacía y ni el entrenador ni sus padres le han corregido. ––asiento con firmeza.––Son trampas que se aprenden de pequeño y que se siguen haciendo de mayor y cada vez son más grandes.

––¿Cuántas veces os habéis quedado un euro de vuestra madre o no habéis devuelto el cambio al ir a comprar el pan? ––pregunto ahora a modo de repaso general. ––O le habéis contado a un amigo los tres goles que habéis metido en el partido aunque no sea verdad, simplemente para quedar bien. ¿Cuántos habéis dicho a mamá que hoy no os han puesto deberes para poder jugar más tiempo con el ordenador? Todo esto son pequeñas mentiras, mini trampas, que se convertirán en cosa más grandes cuando seamos mayores porque nos acostumbramos a mentir, a pensar que no pasa nada por engañar a los demás. Muchas de las personas que están en la cárcel, de pequeños eran ya pequeños delincuentes.

––Pero, la mayor parte de la gente miente alguna vez, son muy pocos los que no hacen alguna trampa.–– Contesta uno de los jugadores más listos y con más sentido común del equipo.

––Es cierto que todos hacemos cosas que están mal ––le respondo inmediatamente porque la pregunta es muy buena ––y fallamos porque el hombre no es perfecto, tiene muchos defectos pero la diferencia entre el delincuente y el que no lo será, está en que desde pequeño ha luchado y ha sido valiente por decir siempre la verdad, pese a que algunas veces no lo ha conseguido. El que no pelea por ese objetivo, acaba creyéndose la propia mentira y de mayor es un verdadero tramposo, de esos que hacen grandes trampas hasta que le descubren y acaba donde nadie quiere estar.

Los chicos asienten dándome a entender que la idea la han asimilado correctamente y que entienden la diferencia. Podemos apretar un pco más para ir sacando conclusiones prácticas.

––Las tres haches que tenéis en el uniforme son importantísimas. La del medio es la de la honradez. En una escuela de futbolistas se aprende a ser valiente para decir siempre la verdad y no mentir jamás, aunque sabemos que alguna vez no lo conseguimos.

––Pues yo creo que hay una ocasión en la que no hay que decir la verdad nunca––salta uno de los jugadores que participan en la reunión. En mi clase estábamos trabajando unos dibujos y cuando finalizó, un amigo me enseñó lo que había hecho y tuve que decirle que estaba muy bonito cuando realmente no era así. Yo creo que esto no es mentir aunque no le estoy diciendo la verdad.

––Tienes toda la razón––respondí. ––Para no herir a la persona que ha hecho el dibujo, muchas veces tendremos que decir que algo horrible está muy bien. No le engañamos sino que le respetamos. Te agradezco que hayas tocado este tema porque queda ahora más claro este concepto.

Habíamos pasado unos minutos muy interesantes hablando de fútbol y de un valor tan importante para ellos. ¿Serán capaces de ponerlo en practica en su vida como futbolistas y como personas? Para reforzar su voluntad les quise añadir una última idea que sirviera para apoyar todo lo que habíamos comentado.

––Recordad que cuando uno es honrado es feliz porque no tiene nada que ocultar. El tramposo siempre tiene en su conciencia algo que le pesa y no puede quitarse de encima. Además, el que es sincero y honrado, tiene muchos amigos porque es uno de los valores que la gente más aprecia. El tramposo siempre anda solo porque todos desconfían de él y saben que en cualquier momento puede engañarles. Aunque ser sincero cuesta esfuerzo, creo que vale la pena intentarlo por todo lo bueno que lleva consigo.

––Bueno, ya es la hora y tenemos que ir a entrenar.

Los chicos se levantan y se disponen a ir al campo con el propósito de ser más honrados en el campo y fuera de él.