somos personas

¿Qué hacemos con los jugadores que no rinden tanto como los otros? Normalmente, en el fútbol base actual, los desechamos. No sirven para el propósito que nos interesa que es ganar la competición. Sin embargo, en una escuela de futbolistas nos damos cuenta de que, muchas veces, estas personas tienen más ganas de aprender que ningún otro. Son chicos que tienen problemas de aprendizaje, problemas emocionales, problemas sociales pero, bajo esta situación, si ponemos la lupa, puede verse mucho potencial. Si realmente nuestro objetivo es formar, hemos de saber calibrar lo mucho que se puede hacer con estos niños prácticamente desahuciados por el fútbol.

Lamentablemente estamos aplicando al fútbol base un sistema educativo de masas que se basa en moldear a los jugadores para que reúnan determinados requisitos que exige el fútbol moderno. No todo el mundo sale adelante en el sistema y algunos se ven rechazados. Los jugadores son tratados como objetos de una fabrica, si no alcanzan unos niveles de calidad determinada, se rechazan. Está muy relacionado con la demanda del mercado. Los entrenadores se adaptan a la producción para satisfacerla. 

El problema que deseo plantear en estos momentos es qué hay muchas personas que no son capaces de adaptarse a este tipo de enseñanza. Hemos de darnos cuenta de que cada jugador es diferente. Nuestros jugadores no son iguales y por lo tanto no podemos enseñarles de la misma forma. Es un error valorar a los jugadores que tienes con un único criterio de capacidad. No podemos pensar que aquellos jugadores que no cumplen con estos criterios son menos capaces. 

Quiero ofrecer una visión diferente dejando claro el valor de la diversidad. Las capacidades de cada jugador adoptan muchas formas y hay que impulsarlas de modo diferente con cada uno de ellos. Cada jugador es único. Unos más altos y otros más fuertes; unos más listos y otros menos inteligentes. El resultado de tratarlos a todos igual tiene como consecuencia el rechazo de aquellos que no se adaptan a lo que tu buscas en esos jugadores cuando quizá pueden darte cosas diferentes siendo útiles al equipo de otra forma.

En el sistema actual, un jugador que se adapta a la normativa tiene todas las posibilidades de realizarse como futbolista y quienes no se adaptan, pierden esa posibilidad y acaban abandonando el fútbol porque no sienten ninguna motivación por seguir adelante ya que no hay espacio para ellos por sus condiciones personales. Y eso es un error y una gran injusticia que hemos de subsanar con urgencia porque cada vez son más los que se quedan por el camino por poseer unas cualidades inmensas pero poco valoradas.

Este sistema lineal puede ser útil para fabricar balones, coches, pero cuando se trata de personas hemos de tener en cuenta otros factores. Quizá le estamos dando demasiado valor a la fortaleza del jugador, su condición física, su estatura y no valoramos otros aspectos que pueden potenciarse con el entrenamiento como son la capacidad de tomar decisiones, la gran actitud en los entrenamientos, la disciplina y el orden. 

Muchos jugadores se sienten desmotivados por no destacar en los factores que el entrenador trata de enseñar y, por desgracia nunca nadie le ha dicho que posee otras capacidades muy interesantes que si las potencia pueden serle de mucha utilidad. Son jugadores desganados porque no encajan en el esquema de su entrenador. Cuántos jugadores vemos con falta de autoestima, con poco interés por esforzarse en los entrenamientos. Se dan cuenta de que su aportación al equipo cada vez es menor porque no encaja en esos modelos que el entrenador exige y poco a poco es apartado. Sin embargo, a menudo son jugadores con un verdadero talento que hay que descubrir. Simplemente hemos de ser capaces de apreciar esas otras cualidades que posee y que pueden hacerle, a la larga, mejor que los demás.

Este sistema lineal está haciendo mucho daño al fútbol base ya que se están quedando en el camino jugadores con verdadero talento simplemente porque no hemos sabido apreciarlo, descubrirlo, potenciarlo. Es una importante responsabilidad la que tenemos y espero que puedan servirte estas líneas para hacerte reflexionar en el enfoque que le das a la formación de tus jugadores. Posiblemente tengas joyas ocultas en tu equipo que hay que desempolvar. No te fijes tanto en los que ya dan o crees que dan y dirige tu mirada a los jugadores que quizá no están rindiendo porque no has sido capaz de descubrir su verdadero potencial.

Este sistema industrial de crear jugadores de fútbol está destinado a construir futbolistas ganadores y perdedores según unos conceptos fijados por el sistema de la demanda y la oferta pero quizá podríamos evitar los efectos colaterales de ese rechazo si le diéramos a cada futbolista la posibilidad de explorar sus verdaderas capacidades y poder así realizarse como futbolista. Nos llevaríamos verdaderas sorpresas.

Mi propuesta pasa por intentar que los entrenadores sean capaces de realizar innovaciones radicales en su forma de enseñar. Hay que ser valientes y salirse del guión habitual de tus entrenamientos con el objetivo de crear en las escuelas de futbolistas las condiciones adecuadas para que los jugadores desarrollen todo su potencial.

Los jóvenes jugadores tienen motivaciones, sentimientos, talentos y unas circunstancias vitales. Se ven afectados por lo que les sucede y, a su vez, influyen en la vida de los demás. Pueden oponerse o colaborar, implicarse o desentenderse. Está claro que lo que propongo no es sencillo porque se trata también de una implicación por parte del entrenador que debe cambiar su forma de enseñar.

En nuestra escuela de futbolistas ofrecimos la posibilidad de mejorar la pierna menos hábil a lo largo de una temporada mediante sesiones de 20 minutos semanales antes del entrenamiento habitual. Lo primero que establecimos es que fuera una decisión del jugador. Es importante este punto para conseguir esta implicación por su parte. Para que aceptara implicarse le dejábamos muy claro que el método exigía venir antes al entrenamiento cada semana y, además, que deberían practicar luego en sus casas los ejercicios que iba realizando en el campo. De los 40 alumnos de un turno, aceptaron 12 el proyecto. Muchos no podían asumir llegar tan pronto a la escuela con lo que entendimos la situación. 

Con esos 12 jugadores empezamos el método de aprendizaje y les pusimos una muñequera en la pierna menos hábil de color blanco. Les dejamos claro que si trabajaban duro, al cabo de un mes la muñequera iba a ser de color amarillo, subiendo un nivel. Luego vendría el color verde, el azul y finalmente el rojo. La idea era llegar al final de curso con un objetivo muy claro y ambicioso: ser ambidiestro. Sin esos pasos intermedios los niños no son capaces de mantener su grado de motivación alta durante todo el año y que en los inicios mostraban. 

Los ejercicios que les enseñábamos no era lo más importante. La clave que había detrás de todo esto es ofrecerles las herramientas para poder trabajar en casa, en la calle o en un campo. Ellos podían inventar, en base a lo que les habíamos enseñado, otros ejercicios diferentes a los que habían experimentado en la pequeña sesión semanal de 20 minutos. 

Para que se sintieran apoyados, creamos un grupo de Whatsapp donde ellos mandaban los vídeos breves de sus entrenamientos. De esta forma, recibían un feedback inmediato de cómo lo estaban trabajando y eso les motivaba más a seguir intentándolo porque sabemos que es una habilidad que se adquiere a base de mucho entrenamiento utilizando únicamente la pierna menos hábil. 

Por qué cuento esto. Porque la implicación de los jugadores en este proyecto es máxima al conseguir revolucionar el sistema de enseñanza: meta muy ambiciosa, objetivos por colores a corto plazo para mantener esa motivación, utilización de elementos impensables hasta hace poco para la enseñanza. Pero esto no es todo. De los 12 jugadores, había uno pequeño, cuatro medianos y cuatro mayores y además dos porteros que también querían mejorar su pierna menos hábil. Niños de diferente edad, con niveles muy distintos y con roles en el campo totalmente desiguales. Un gran reto que solo puede entenderse si se trabaja en grupo pero de forma individual, personalizando el trabajo de cada uno. En el momento en que no se sientan valorados en su aprendizaje dejarán de implicarse y el método fracasará. El esfuerzo del entrenador está en mantener esa ilusión por aprender. Uno ya está golpeando con fuerza, sin embargo otro todavía no levanta la pelota del suelo. Ninguno es mejor o peor que el otro mientras valoremos las diferentes capacidades de cada uno.

Todos los jugadores son personas únicas, con esperanzas, talentos, preocupaciones, pasiones y aspiraciones propias. Tratarlos como individuos es esencial para aumentar su rendimiento deportivo.