El objetivo de cualquier equipo no debe ser ganar un partido o un campeonato sino también MERECERLO.
Cuando llegó a mis manos el libro de Xesco Espar “Jugar con el corazón”, agradecí a la editorial Plataforma el que me lo hubiera facilitado porque ha sido un placer poder analizarlo con detenimiento. 
Esta afirmación con la que inicio el tema, me llamó mucho la atención y me prometí que hablaríamos a fondo de este tema que tanto nos interesa a todos y que reafirma una vez más la importancia de ganar pero no a cualquier precio.
Ganar depende de muchos factores y algunos no son controlables: lesiones, cansancio del viaje, decisiones arbitrales. Ganar es muy complicado. Pero lo que sí podemos hacer es trabajar cada día para merecernos ganar ese campeonato, para construir un equipo que merezca ser campeón. Y eso, sin darnos cuenta es lo que nos enriquece.
Siempre me ha sorprendido ver un partido de fútbol desastroso  y comprobar que, todas las opiniones de la prensa e incluso de los entrenadores es que el equipo que al final gana ha jugado bien y se ha merecido ganar y cuando pierde, es porque ha jugado mal. El resultado del partido influye completamente en la impresión final que te llevas del partido.
Siempre me ha gustado aquel entrenador que, a pesar de haber ganado, no está satisfecho con la forma de jugar de su equipo. Este entrenador demuestra, con esta actitud, una mayor objetividad y descubres que no se deja influir por los resultados de los partidos. Son entrenadores que buscan metas altas y no simples victorias. 
Me impresionó muchísimo un comentario de un gran entrenador que nunca pasará a la historia por haber hecho algo grande pero que para mí es gigantesco. Estábamos en un torneo donde nos jugábamos la clasificación en un Torneo en Burgos y se jugaban dos partidos de fútbol 7 a la vez. La organización nos preguntó qué árbitro queríamos de los dos que iban a pitar (una pregunta curiosa). Yo comenté que me daba igual pero el otro entrenador indicó que el que más en contra le había pitado hasta ahora es el que él quería. Me llamó la atención porque lo que estaba buscando no era algo favorable para obtener la victoria porque lo que buscaba en el fondo es que los chavales aprendieran, se esforzaran, les costara. Tenía las ideas muy claras.
Merecer ganar siempre depende de nosotros, ganar no. Y por eso mismo, ganar no es suficiente, hay que ganar y haberlo merecido. 
Yo puedo cambiar lo que depende de mi. Las victorias dependen de muchas variables pero el merecer la victoria solo depende de mi esfuerzo personal, de mi capacidad de adaptarme al juego en equipo, de aplicar aquellas estrategias que el entrenador ha preparado, en definitiva donde no puedo fallar es en aquello que depende de mi. Luego posiblemente ganes, siempre que no te lesiones, el árbitro no se equivoque, hayas podido descansar antes del partido, etc.
Recuerdo las Olimpiadas de Londres 2012. Personalmente quedé muy impactado al ir siguiendo algunos deportes que son para mi bastante desconocidos como son el kárate, el balonmano y la natación sincronizada. Los medios de comunicación se portaron francamente bien y pudimos vivir muy de cerca todos estos deportes en los que se juega al límite y donde te has preparado durante cuatro años con un objetivo muy claro. 
Me dio mucha pena ver que lo único que los periodistas tenían en cuenta era el número de medallas que se conseguían. Si una persona ganaba muchas medallas era un héroe y si no ganaba ninguna quedaba completamente ignorado. La diferencia entre unos y otros estaba en que uno había ganado y el otro no. No se valoraban las impresionantes historias que había detrás de esos deportistas.
Lo que a mí me atraían no eran las medallas sino el esfuerzo y la lucha de estos grandes atletas. El gran sacrificio que había detrás de aquellas personas significaba para mi mucho más que las medallas. 
Las chicas de balonmano no consiguieron ganar el partido contra las chinas pero siempre me quedará en el recuerdo el impresionante partido que realizaron y que un gol en el último momento fue la diferencia entre ganar medalla o no. ¿Se merecían ganar? ¿se merecían perder? Los dos equipos merecían la victoria y únicamente uno podía conseguirla. Sin embargo, estamos seguros que no se fueron a casa con la cabeza gacha por haber perdido porque demostraron que la diferencia entre ellas y las chinas era mínimo. 
Pensar en positivo es lo que te ayuda a afrontar esos momentos tan difíciles donde tienes que responder a la pregunta ¿ha valido la pena tanto esfuerzo para volver a casa vacíos, sin la medalla? Posiblemente, la primera impresión es pesimista pero tras el partido ya debemos ponernos en clave positivo y pensar: ¿qué es lo que todavía tengo que mejorar para conseguir ganar y merecerlo de verdad? 
 Mejórate. Transfórmate. Crece
Los porteros que trabajan y se forman en la Fundación Marcet, aplican este principio y se lo inculcamos constantemente. Si un gran portero juega con un equipo muy bueno, posiblemente actuará muy poco y posiblemente gane los partidos pero no aprenderá nada. Necesita equipos que le hagan trabajar mucho y que por lo tanto, cuantos más goles te meten, más  vas a aprender. Pero necesitas preguntarte cada vez: ¿dónde he fallado para corregir este error y que no me vuelva a ocurrir? Si nunca te tiran a puerta, te aburres y jamás podrás descubrir dónde están tus puntos débiles porque no tienes oportunidades para descubrirlo.
¿Qué es lo que les inculcamos a estos porteros? Que ahora no importa el ganar o perder. Si ganas, muy bien. Si pierdes, bien porque puedes mejorar. Los grandes futbolistas han fallado muchas veces pero han sido capaces de corregir esos errores lo que les ha hecho mejores. Si se hubieran hundido ante el primer fracaso deportivo, no hubieran llegado a donde han llegado.
Hay que seguir formándose día a día. Cuando uno piensa que ya lo sabe todo, está equivocado. Debe seguir aprendiendo. 
Cuentan la historia de un estudiante que estaba realizando unas prácticas de laboratorio con gusanos de seda. El profesor le mostraba cómo el gusano fabricaba un capullo y que allí se producía esa transformación ya que al romper con sus propias fuerzas el capullo, surgía una mariposa capaz de volar con gran energía. 
El profesor tuvo que dejar a su alumno durante un tiempo. El alumno continuó con la observación de esta preciosa transformación pero se dio cuenta de que uno de los gusanos no era capaz de romper el capullo aunque lo intentaba. Con toda la buena intención del mundo, tomó un pequeño bisturí y ayudó a salir a la mariposa hacia el exterior. Cuando quedó liberada, la mariposa intentó volar pero no lo conseguía.
En estos momentos, el profesor llegó y al observar que no volaba descubrió lo que había pasado y le comentó al alumno que en el proceso de eclosión, las mariposas hacen un esfuerzo muy grande el cual fuerza al sistema cardiaco y envía mucha sangre a todos los extremos de su cuerpo, logrando con ese sobretrabajo que se asiente la vida y las capacidades, como la de volar de forma autónoma.
Esos errores que van apareciendo en nuestro caminar deportivo, nos ayudan a conocer mejor nuestros puntos débiles para seguir creciendo. Si somos humildes y nos esforzamos en estudiar, conocer experiencias nuevas, mejoraremos como personas y como deportistas.
Todos los grandes héroes enseñan que alcanzaron su objetivo, no con el valor demostrado en la lucha por conseguirlo, sino porque han sabido transformarse mientras tanto, poco a poco, con esfuerzo.