Los niños lo aprenden todo mediante la observación. Es sorprendente analizar lo que ocurre en esas cabecitas con esos ojos siempre tan abiertos ansiosos por encontrar las respuestas a sus interrogantes. Mientras nosotros, ingenuos, pensamos que nuestras adornadas charlas deportivas son las que producen un impacto educativo fulminante. Si supiéramos lo poco que vale lo que decimos comparado con lo que hacemos. Los niños copian, reproducen con una extraordinaria exactitud lo que ven. Hemos de aprovechar esta cualidad del niño para enseñarle cuantas más cosas mejor. Mediante modelos lo más perfectos posibles.
 
El profesor siempre debe ofrecer el modelo para que puedan entender cómo se ejecuta el movimiento técnico con la calidad necesaria. Sin el modelo, no estamos enseñando bien ya que lo que realizan ellos es sin referencia alguna. Por ejemplo, indicamos que se dispara con el interior del pie, marcando la superficie de contacto, indicando como ponemos el cuerpo y el pie de apoyo. Pero luego, una vez explicado todo esto, el profesor debe realizar correctamente este tipo de golpeo. El niño, a partir de lo que nosotros mostramos, intentará repetirlo lo más exacto posible. Pero si no le damos esta referencia, lo único que se le queda son una serie de consejos de cómo hay que ejecutar el movimiento que nunca será tan eficaz como el propio gesto técnico hecho por nosotros mismos. 
Por eso, para ser un buen formador  es necesario dominar con muy buena calidad los distintos gestos de la técnica del jugador y del portero. Sabemos que esto es fundamental para que el niño lo aprenda correctamente. No podemos fallar en este aspecto.También este es un motivo para repasar muy bien los vídeos confeccionados  para enseñar todos esos gestos técnicos. Es importante tener en cuenta que el profesor que se dedica a la formación de jóvenes jugadores no puede ser el que está aprendiendo o el que te sobra. No, debe ser una persona muy bien formada y con unos conocimientos y habilidades muy completas.
Si en alguna ocasión no sabemos realizar ese gesto técnico con la perfección necesaria, hemos de encontrar recursos adecuados para seguir ofreciendo ese modelo. Puede servir el utilizar un jugador como modelo que sabemos que lo realizará muy bien. Podemos trabajar con vídeos de muestra y enseñarlos en el campo o en una sesión teórica inicial. Pero lo que está claro es que el modelo hemos de darlo siempre.
Lo mismo ocurre en la transmisión de valores a través del fútbol. Ya podemos hablar y hablar hasta quedar satisfechos. Posiblemente les digas cosas muy interesantes y quizá algo se queda en la cabecita de ese jugador. Pero lo que realmente importa e influye en nuestros jóvenes jugadores es nuestro ejemplo. Cómo nos comportamos. Una simple acción como dar las gracias cada vez que te ayudan en algo puede ser más interesante que todos los comentarios sobre este tema que quieras explicarle.
Por lo tanto, tenemos una grave responsabilidad en este asunto y hemos de procurar ser ejemplares como personas. Si llegas tarde, no exijas la puntualidad en los niños, si no eres profesional en tus entrenamientos, no les pidas que se esfuercen, si te enfadas con los árbitros y les recriminas, no esperes que te respeten a ti, etc.
Con los padres ocurre algo similar. Nos dedicamos a sermonearles constantemente hasta que llega un momento en el que ya no nos hacen caso. No nos damos cuenta de que el argumento con más autoridad que podemos ofrecerles es nuestro ejemplo: ser ordenado, ser generoso, ser respetuoso, ser paciente, ser amable. Con nuestro ejemplo inculcaremos en nuestros hijos esos valores tan importantes para su vida.