Antes de emitir un juicio…
La semana pasada hubo que para un partido porque un padre del equipo visitante estuvo increpando al árbitro desde el principio. En el primer tiempo, el delegado del equipo contrario se dirigió a dicha persona para pedirle que dejara de molestar. Nos pareció adecuado y el partido continuó.
En la segunda parte, el hombre empezó a molestar de nuevo con insultos que no venían al caso. El partido se paró hasta que no abandonara el campo dicho sujeto. Un padre del propio equipo lo sacó de la instalación medio a la fuerza y un agente de seguridad lo acabó de reducir mientras la policía acudía a nuestra llamada.
El hijo, que estaba en el campo, lloraba desolado. Sus compañeros de equipo le consolaban. Bonito detalle por parte de esos jugadores. Deprimente escena la que estaban contemplando nuestros hijos.
Mientras el partido estaba parado, los delegados de los dos equipos hablaron con el árbitro para establecer una medida prudente. No entendíamos que en el club se permitiera tener padres tan violentos. ¿Era esta la primera vez que ocurría? Nos comentaron que sí pero no lo creímos. No podía ser. Echamos la culpa a la entidad que estaba permitiendo este tipo de comportamientos.
A los dos días del suceso, pude hablar con un padre del club visitante que no había estado en el partido. Le comenté lo que había ocurrido y aproveché para criticar a los dirigentes del club y a los padres del equipo por permitirlo. Es entonces cuando me di cuenta de mi error. Me faltaban datos para poder emitir un juicio y estaba cometiendo una auténtica injusticia.
Este padre me contó que en el club estaban ayudando a esta familia. El padre violento estaba separado y el club había decidido no tomar medidas pues estaban ayudando a la madre y al niño que estaban pasando un mal momento. El fútbol era la única ilusión que conservaba el niño y se daban cuenta que no podían apartarlo ya que no tenía la culpa de todo lo que sucedía. Los padres del equipo, conscientes del problema, estaban ayudando también pero el asunto era complicado.
Felicitaciones al club por la medida y mal, muy mal mi valoración sin conocer a fondo el problema. Una lección más que he aprendido del fútbol. Si no puedes alabar, mejor cállate porque puede sucederte lo mismo.
Por si fuera poco, la semana siguiente el árbitro paró el partido porque había oído insultos violentos y racistas hacia nuestros jugadores de color entre los padres visitantes. Hizo vaciar el campo y el partido continuó.
Cuando terminó el partido, los jugadores se fueron a dar la mano. Los nuestros habían ganado y el entrenador del equipo contrario, muy nervioso durante todo el partido, comentó que no hacía falta que dieran la mano a nadie. Esto le indignó a nuestro portero e hizo un comentario despectivo de la acción del entrenador.
No pude ver nada más porque había mucha gente en el campo pero los gritos me hicieron volver al portero que, en esos momentos, se estaba defendiendo de una posible agresión por parte de un jugador del equipo contrario. Alguien los separó y aquello quedó en nada pero algún padre acusó a nuestro portero de insultos que éste negó.
Es un portero muy tranquilo que siempre ha tenido un comportamiento muy deportivo y pensé que algo gordo tenía que haber pasado para llegar a todo esto. Los padres del equipo contrario comentaron que era también muy extraño la actitud del agresor ya que nunca se metía con nadie.
De nuevo mi crítica fue para el entrenador del equipo contrario que había sido capaz de incendiar a sus jugadores provocando una agresión a nuestro portero.
Aproveché para hablar con el portero que me contó su versión. Tal como había entendido, le había reprochado al entrenador contrario su falta de deportividad al decirles a sus jugadores que no dieran la mano (norma obligatoria en todos los partidos).
El padre del portero, tras indagar un poco lo que hábil ocurrido, me contó la realidad del problema. Parece ser que un jugador de nuestro equipo había insultado al agresor con unas palabras muy duras y por error pensó que había sido nuestro portero el que lo había hecho. Esa es la razón del intento de agresión. Ahora todo encajaba perfectamente.
Yo, había trasladado toda la culpa al entrenador del equipo contrario. Y, sin embargo, ahora quedaba claro que el mal comportamiento había sido en realidad de un jugador de nuestro equipo. Pensamos siempre mal del contrario cuando muchas veces el veneno lo tenemos dentro.
Si realmente hay un jugador que le ha faltado al respeto a un contrario, hemos de actuar con velocidad y contundencia porque es un mal ejemplo para todos. Una actuación a tiempo permitirá que no se repita nunca más y será un ejemplo para todos.
Una vez más hemos de tener cuidado con los juicios que emitimos. Posiblemente cometeremos muchas menos injusticias.