La fórmula mágica para conseguir una escuela de fútbol de calidad.

Cuando me preguntan por la clave del éxito de una escuela de futbolistas, siempre respondo que se basa en una buena formación del profesor que imparte las clases de fútbol. El perfil que proponemos no es el de un un mero transmisor de técnicas y de movimientos en el terreno de juego, debe ser también un modelo para sus alumnos.

Su actitud hacia el trabajo, sus hábitos y comportamiento, su honradez,  forman parte esencial del mensaje que transmite, con frecuencia de forma inconsciente. Un buen profesor enseña fútbol porque posee buenos conocimientos y, gracias a su buen ejemplo, transmite unos modelos muy interesantes al alumno que le sirven de guía en su conducta. De ahí su gran responsabilidad ya que su influencia en el alumno puede ser muy grande, tanto para bien como para mal.

La gran ilusión del entrenador es conseguir que sus alumnos lleguen a ser grandes futbolistas y grandes personas. Para conseguirlo, se esfuerzan en el día a día y consiguen sacarles el máximo rendimiento a cada uno de sus jugadores. Su éxito no está en sus victorias en el terreno de juego sino en el impacto que deja en las vidas de sus jugadores.

En los últimos cincuenta años, han surgido diversas escuelas y tendencias que han estado en la primera línea. Recordamos la escuela holandesa, la francesa, la alemana, la brasileña, la italiana y ahora la escuela española. No vamos a analizar aquí el contenido de cada una de estas tendencias que aportaron en su momento su granito de arena al fútbol formativo. Los entrenadores de todo el mundo iban como locos a estos lugares con la ilusión de descubrir la pócima mágica que les llevase a la cima en sus clubes.

Y esto sigue siendo igual ahora con el éxito del F.C.Barcelona. Ellos han sabido vender bien una idea: la Masía y ahora es objeto de peregrinación de miles de entrenadores de todo el mundo que desean imitarles porque piensan que el secreto del éxito está allí. Invierten millones en infraestructura y en la selección y formación de talentos para conseguir ganarlo todo.

Puedo confirmar que son muchos los países que están revolucionando su forma de preparar el próximo mundial. Pongamos como ejemplo a los ingleses que, a pesar de inventar el fútbol, no han estado muy finos en lo que se refiere a los últimos mundiales. Ellos no quieren quedarse atrás y han tomado decisiones importantes para detectar y formar a los jóvenes talentos que tienen en su país y que quizá no han sabido tratar adecuadamente. 

Lo mismo ha ocurrido con los alemanes que quedaron eliminados de un mundial reciente y lo consideraron un fracaso. A partir de ahí, la federación alemana de fútbol ha estudiado la situación y ha decidido invertir mucho dinero en un plan a largo plazo que pasa por crear una serie de infraestructuras en diferentes puntos del país donde concentrar periódicamente a los jugadores con talento e irles preparando poco a poco,  con entrenadores de máximo nivel que tengan muy claro el perfil de jugador que se necesita para ganar un mundial. 

Se han dado cuenta de que los entrenadores del país no están preparados para trabajar correctamente con los niños en los pequeños clubes y han organizado unidades móviles con entrenadores de la federación para mostrarles cómo deben ser los entrenamientos para estos niños. De ahí surgirán los talentos.

Estamos convencidos de que lo que realmente marca la diferencia es la calidad del profesor de fútbol, del entrenador. La escuela holandesa tuvo éxito cuando algunos grandes entrenadores impulsaron experiencias ambiciosas y fracasó cuando entrenadores mediocres tomaron el relevo. Lo mismo ocurrió con la escuela alemana y lo mismo ocurrirá con la Masía del Barça al no haber ganado dos años consecutivos la liga o la Champions. El interés de las personas se dirigirá hacia otro lugar porque eso ya no tiene éxito. Y lo que antes parecía oro, ahora, ya no vale nada. Son los profesores los que marcan la calidad y no los sistemas.

Pese al interés del Barça en destacar los valores de la Masía, todo el mundo sabe que hoy en día es un fracaso:  ya que no se incorporan jugadores al primer equipo que es lo que antes sí ocurría. El Barça tiende a fichar jugadores externos a la Masía, eso sí, con un perfil adecuado que sea capaz de adaptarse al juego del Barça, tan peculiar. Algo tiene que estar fallando para que esto ocurra o quizá es que nunca han existido esos valores de la Masía y lo que sí hubo fue un entrenador que apostó por esos jugadores y los catapultó a lo más alto. Siempre recordaré aquel partido en el que los once que jugaban habían salido de la Masía.

¿Cómo es un buen entrenador?

Una de las reglas más importantes del fútbol formativo moderno es que las cosas no se imponen sino que tu trabajo como formador es conseguir convencer al jugador. Cuando lo tienes convencido, ya has ganado la partida porque todo lo que le digas lo hará no porque se lo dices sino porque está convencido de que eso que le indicas es lo mejor para él.

Tú puedes decirle muchas veces, que dispare con su pierna izquierda y lo hará porque se lo exiges. Pero si consigues convencerle de lo importante que es eso para su progresión como deportista, las ventajas que va a tener ese esfuerzo a largo plazo, entonces es cuando todo funciona porque el jugador lo va a realizar siempre que pueda, sin que tu se lo tengas que decir más veces y con toda la intensidad del mundo.

Un buen entrenador es un catalizador del aprendizaje. Debe existir en el alumno una confianza total en lo que el entrenador transmite y en la competencia del entrenador para transmitir. Entonces encontramos la eficacia. La confianza permite crear el clima que produce la fertilidad en el aprendizaje.

Y esa confianza la crea el buen entrenador con su grupo. Por eso decimos que la clave del éxito en una escuela de futbolistas se basa en la calidad del profesorado que es capaz de crear ese clima de confianza entre los jugadores, los padres, la directiva y el resto de entrenadores.