Educar compitiendo

El padre de Jorge tiene un dilema importante con su hijo del que quiero dejar claros algunos principios. Esto es lo que él comenta:

Tengo un problema con mi hijo. Tiene 8 años, es su primer año como Benjamín y está con niños distintos a los del año pasado (donde era titular y jugaba todos los partidos). Este año, el primer partido, a pesar de haber ido a todos los entrenamientos, no fue convocado, mientras que niños que habían faltado sí. Hablé con el entrenador y me comentó que el próximo lo convocaba. Así ha sido, pero ha estado todo el tiempo en banquillo excepto los últimos cinco minutos. ¿qué hago? ¿Cambio al niño de equipo o lo dejo que acepte que no va a jugar?.

Prohibir la convocatoria en los clubes de fútbol base

Tu hijo solo tiene 8 años. ¿Dónde lo has metido? No puedo aceptar que exista un club, donde se entiende que se busca la formación del jugador–, que todavía pueda mantener en sus principios de funcionamiento la filosofía de la convocatoria. ¿Pero qué es lo que nos está pasando? ¿cómo pueden los padres permitir que esto ocurra en un club de fútbol base? 

 

Acepto esta situación en el mundo profesional, donde juegan 11 y los demás, ya veremos. Depende del partido, de las lesiones, de las expulsiones, etc. Pero, en el mundo infantil, donde debe primar la formación y donde el fútbol es simplemente un juego, no puede haber convocatoria. Los niños entrenan para disfrutar de su partido semanal y nadie puede arrebatarles esa satisfacción. NADIE.

 

Es este el motivo por el que solicito a las altas instancias del deporte que regule un poco más su normativa para que fomente la obligación de alinear a todos sus jugadores en cada partido, en beneficio de los niños. Eso permitirá eliminar las triquiñuelas: 

  • no alinear a los más débiles en los partidos más complicados y  
  • bajar y subir jugadores para poder ganar que tanto daño está sometiendo a nuestros hijos.

 

Fomentar la participación de cada jugador en un mínimo del 50% del partido

 

Es necesario que los coordinadores de los clubes se preocupen menos de las victorias de sus equipos y controlen más los porcentajes de participación de cada uno de los jugadores de sus equipos. 

 

En la Fundación Marcet, los equipos que compiten, buscando ese modelo ideal. Tienen como norma que cada jugador participe como mínimo en el 50% del partido. Y digo como mínimo porque siempre que se pueda jugará más. Para conseguirlo, se procura no tener muchos jugadores por equipo. Eso favorece mucho la máxima participación de cada uno de los jugadores. 

 

Los niños están mas contentos cuanto más participan y, aunque no les da igual si ganan o pierden, lo que más les interesa es poder jugar. Es el deporte por el que dedican tanto esfuerzo y ponen tanta ilusión. ¿Tendría sentido dedicarle tanta pasión y luego jugar 12 minutos en todo el partido como indica la Federación?

 

Señores de la Federación, a veces me pregunto quiénes son las personas que están al mando de estos organismos. ¿Realmente entienden las necesidades formativas de estos miles de niños que están en sus manos en este gran monopolio que es el fútbol formativo? Es así como ellos lo llaman pero luego tienen la desfachatez de organizar este deporte como lo hacen en el mundo profesional. Hay buenas intenciones al imponer la obligatoriedad de jugar como mínimo una parte de las 4 que forman el partido completo. Sin embargo me parece un insulto para un niño entrenar dos días o tres a la semana y levantarse temprano para jugar su partido y encontrarse desprotegido al presenciar que juega únicamente 12 minutos de partido.

 

Adaptar las normas federativas a las realidades de las familias

Y si profundizamos un poco más, te das cuenta que la persona de la federación que confecciona el calendario de la liga no debe tener familia porque un benjamín preferente (8 años) debe empezar los entrenamiento en agosto para tener un margen de 1 mes antes de la competición. Si repasas los fines de semana donde la familia puede tener un pequeño descanso deportivo, no existe. Todos los fines de semana del año cubiertos. Este año reyes cayó en jueves y el sábado ya teníamos montada la competición de nuevo. ¿De qué vamos? ¿Es que no existe nada más que el fútbol en la vida de nuestros hijos? 

 

Olvidarnos de las categorías por el bien de nuestros hijos.

Nos hemos dado cuenta en la propia Fundación Marcet que en la medida que los equipos iban ascendiendo de categoría, los problemas iban aumentando. Es necesario dejar muy claro a los padres, cuando llegan a la Fundación, que las categorías nos deben dar igual. Esto que parece una tontería, es fundamental. 

 

Cuando un padre llega a la Fundación se le explica que no debe pensar en qué equipo va a jugar. Solemos tener tres opciones y jugará en una de las tres dependiendo de cómo este en ese momento. No hay compromisos para jugar en la máxima categoría. Eso permite al jugador darse cuenta de que no puede relajarse porque siempre hay otros que le pueden quitar su puesto el fin de semana. 

 

Cada fin de semana puedo ver diferentes partidos y puedo aseguraros que los niños de segunda división son tan felices o más que los de preferente. Juegan y se divierten. Donde veo peor ambiente de padres es en las categorías altas y donde más disfruto es en las categorías que están por debajo. 

 

Cuanto más alta la categoría, más problemas existen.

Los problemas surgen en las categorías altas. Fundamentalmente el problema son los padres que se emocionan bastante en estas competiciones. Lo viven más que los propios niños. La mayor parte de los niños que juegan en esas categorías tienen un nivel alto y son los que más nivel tienen los que a menudo presentan problemas dentro del equipo. Y los clubes se ven ante un gran dilema. Si “limpio”, posiblemente el equipo bajará su nivel competitivo pero ganará en ambiente y cohesión. ¿Qué hago? La mayoría optan por aguantar al niño o al padre por no bajar la competitividad del equipo. 

 

En la Fundación Marcet nos planteamos algo realmente diferente. Limpiamos poco a poco toda la “basura” que hay en los equipos altos y nos quedamos sin jugadores estrellas. Los sustituimos por otros que estaban por ahí escondidos que inexplicablemente dan  más de sí de los que podía parecer y, para colmo, el ambiente del equipo mejora ostensiblemente. No hemos echado de menos a los que nos parecían estrellas y hemos decidido organizar los equipos del año que viene buscando un perfil de familias sin tanto estrellato para evitar este tipo de problemas. De la vida se aprende.

 

El segundo paso que estamos realizando (te estoy hablando de forma transparente del proceso que realizamos a día de hoy en la Fundación para rectificar el rumbo en las categorías altas) es plantearnos el perfil de entrenador que deseamos. Para las categorías altas, está claro que debe ser un entrenador con conocimientos de la propia competición pero sin olvidarse que primero (sin ningún tipo de excepción) es la formación. Encontrar entrenadores de este estilo es muy complicado pero los hay. Normalmente este tipo de entrenador se dejan llevar por la competición y olvidan mantener los aspectos formativos en primer lugar. Tienen como una excusa permanente en la competición. Argumentan:

 

– Si quieres competir, has de olvidarte de muchas cosas

 

En realidad están diciendo que te saltas lo más importante, que es la formación, para poder ganar. No puedes ganar si no presionas constantemente al árbitro, si no dices palabrotas, si no gritas en los partidos, si no odias al equipo contrario, si no dedicas todos los entrenamientos a preparar el partido del fin de semana, etc.

 

Y, mientras tanto, ¿qué puedo hacer?

 Si tu hijo no juega lo mínimo en cada partido,

  • Si tu hijo no está protegido por la normativa de la federación
  • Si en tu equipo existen las malditas convocatorias,
  • Si el entrenador de tu hijo está más concentrado en ganar los partidos que en formar a sus jugadores,
  • Si en el club no se fomenta la máxima participación de todos los niños en los partidos,

 

No lo dudes, haz un buen estudio de mercado y

  • busca un equipo sin importarte la categoría, 
  • donde tu hijo juegue muchos minutos cada fin de semana, 
  • donde se preocupen del él como persona y no tanto como jugador, 
  • donde realmente salga cada día feliz.

 

Porque yo sé los que tu buscas en realidad. Quieres que tu hijo juegue al fútbol sin más pretensiones que las que te proporciona este bello deporte: jugar y divertirse. Ver a tu hijo que tiene 8 años ir con ilusión a los entrenamientos y salir feliz. Y luego a los 12 y a los 15 y a los 18 y a los 21 y a los 50 años. 

 

Tenemos miedo a que pierda esa ilusión por culpa de un mal enfoque de este deporte…

… y eso no lo podemos permitir ni tu ni yo.

 

Mientras termino de escribir este artículo, me llega este mensaje desde Argentina:

 

Hola, soy de Córdoba, Argentina. Hace media hora mi hijo de 12 años me comunica que no quiere ir mas a fútbol, me dice que no está cómodo, que el entrenador no lo tiene en cuenta, y tiene un poco de razón. En lo que va del año, lo ha citado 1 sola vez y jugó 10 minutos, pero lo que más me preocupa es que se queda sin hacer ninguna actividad física. ¿Que será lo mas conveniente? ¿le buscaré otro deporte? ¿cual? Es hijo único y me gustaría que haga un deporte colectivo. ¿Que hago?