El corto trayecto que hay entre su casa y el club, Jaime y su padre lo hacen en un completo silencio. Entran en las dependencias del club y solicitan al presidente de la institución si les puede dedicar unos minutos. Este, al ver las caras largas de ambos, deja lo que estaba haciendo para atenderles.

El padre de Jaime inicia la conversación explicándole lo que le ha contado su hijo y que quiere abandonar el fútbol. Es un presidente cercano y que tiene muy buena relación con las familias de los jugadores y cierta habilidad en lo que respecta a las relaciones públicas.

Tras escuchar atentamente durante unos minutos, el presidente, mirando a Jaime a la cara, con una sonrisa, le comenta:

–Todo lo que me está contando tu padre no es para mí algo nuevo. Son muchos los jugadores que con tu edad o quizá con un par de años más que tu, abandonan el fútbol. Soy consciente de esto y me da mucha rabia comprobar que tu eres un producto más. Te he visto crecer aquí. Poco a poco te has ido haciendo mayor y cada año, es verdad, tu sonrisa inicial se ha ido transformando en una expresión más seria. Siempre he pensado que algo te preocupaba pero pensaba que eran cosas de niños.

–¿Cosas de niños? Pienso que  las cosas que me pasan podían haberse evitado pero no sé por qué, los directivos del club no se dan cuenta de lo que consiguen con sus omisiones. Yo no digo que no haga muchas cosas buenas. Mantener un club de la categoría del nuestro, formar un cuerpo de entrenadores para atender a centenares de jugadores, pienso que no es nada fácil.

–Es cierto, no somos profesionales de esto y dedicamos el tiempo que podemos dedicar y hacemos lo que podemos. Pero es verdad que lo que me cuentas del entrenador es muy grave. No puede ser que haya entrenadores que no se preocupen en absoluto de vosotros. Son muy competitivos y se les va la cabeza en ganar y ganar. Pierden incluso el control personal y son capaces de hacer las mayores barbaridades que te puedas imaginar.

–Perdón, señor presidente, pero en mi humilde opinión, la culpa no es del entrenador sino de la persona que lo ha nombrado que no es ni más ni menos que usted. Y si no tiene tiempo para atender el club, lo que no puede hacer es seguir en él porque luego pasa lo que pasa.

–Perdona Jaime, yo no elijo a los entrenadores, ya hay un coordinador que lo hace y es de mi total confianza ya que ha demostrado con creces que sabe lo que quiere y por esta razón el club tiene un gran prestigio.

–Indirectamente es usted el responsable de que haya entrenadores como el que estamos hablando en el club. No puede justificarse con el coordinador ya que este está contratado por usted y depende de usted. Existe una falta grave por parte de los directivos que permiten muchas cosas y omiten otras muchas con la responsabilidad que todo ellos lleva consigo.

El presidente se muestra algo nervioso porque no se esperaba que un mocoso de 12 años le pudiera decir las cosas tan claras. Él era consciente de todo lo que le decía pero le costaba admitirlo. Decide ponerse a la defensiva.

–Lo que pasa es que las urgencias hacen que elijamos entrenadores sin casi conocerlos. Eso es lo que me dice el coordinador. Hay muchos puestos por cubrir y, muchas veces, los entrenadores nuestros de toda la vida no son suficiente para todos los equipos y hay que tomar decisiones de forma precipitada.

El padre que hasta ahora se mantenía al margen, interviene apoyando la opinión de su hijo. Animado por el ambiente que se estaba formando alrededor del drama familiar que estaba viviendo su hijo.

–Yo creo que a los entrenadores se les está seleccionando por currículum deportivo. Se miran “los éxitos deportivos” que ha conseguido y lo demás no importa tanto. El entrenador de mi hijo no tiene estudios. Tampoco tiene ninguna experiencia como educador excepto el de auxiliar de comedor en un colegio.

Lo sorprendente–comenta Jaime– es que él mismo nos lo ha comentado de forma descarada. No le importa en absoluto que lo sepamos.

–Tienen que tener el título de entrenador. Si no no pueden entrenar.

–Lo único que ha hecho un poco en serio es el sacarse el nivel I de entrenador y ahora está estudiando para el nivel II. Pero mi hermano mayor, que también lo está cursando, me ha comentado que esos estudios son muy básicos por decirlo de forma delicada. Si los educadores son la clave para el desarrollo de un proyecto deportivo integral en el periodo formativo, ¿cómo es que luego lo que llega a nosotros son entrenadores incompetentes y mal formados?.

–¿Te parece poco el nivel II?.

–Por lo que he podido comprobar, hoy en día cualquiera se hace entrenador. Lamentablemente son en su gran mayoría personas sin experiencia pedagógica y que lo único que hacen es soñar en ser el entrenador de moda del momento: Guardiola, Benítez, Mou…

–De todos modos insisto—comenta el padre– en que es usted el responsable de que el coordinador haga las cosas precipitadamente y como consecuencia jugadores con 12 , 13 y 14 años abandonen el fútbol cansados de tanta tontería de esos entrenadores que nos ha tocado sufrir.

–Perdona, pero este entrenador ha ganado muchos títulos en el poco tiempo que lleva con nosotros. No creo que se merezca una crítica tan severa.

–No quiero seguir hablando de esto, pero…¿y los padres? (mientras mira a su padre que está pasando un mal momento) Son el veneno del fútbol formativo. Se lo cargan todo con su forma de tomarse el fútbol. Son violentos, faltan al respeto y nos dan un pésimo ejemplo con su actitud. Pero yo siempre observo que la culpa del comportamiento de los padres es del entrenador que lo permite y de los directivos del club que contratan a entrenadores que permiten la violencia de los padres y que no mueven un dedo para solucionar el problema. Y para colmo, para quitarle hierro al asunto, comentan que es algo típico del fútbol y que tampoco hace falta darle importancia.

–Yo, que soy tu padre te aseguro que es muy complicado controlar todo esto. Yo de hecho no veo nada de todo esto que comentas. Pienso que hay un buen ambiente en las gradas.

Jaime no quiere seguir discutiendo con su padre porque quiere decirle todo lo que siente al presidente de su club.

–Señor presidente, ¿reconoce o no reconoce su culpa en todo esto?

–¿Sabes qué? Te va a sorprender pero quiero que sepas que estoy totalmente de acuerdo con lo que me intentas decir: la culpa de todo lo que está pasando en el fútbol formativo la tenemos los directivos de los clubes y entre ellos me incluyo yo, porque no hemos sabido mantener el rumbo del fútbol formativo y estamos convirtiendo a nuestros jugadores más jóvenes en profesionales del fútbol olvidándonos de que los chicos a esta edad necesitan una buena formación, unos buenos modelos y no tanta competitividad.

–¿Por qué no tiene esto una solución? Sería tan bonito poder jugar al fútbol sin presiones, sin gritos, con entrenadores que se preocupen de verdad en enseñarnos…

–Porque hemos perdido el rumbo. Se nos ha metido en la cabeza que hemos de ser el mejor club y para esto necesito tener muchos jugadores, ganar muchos campeonatos, estar en las categorías más altas. Todo lo demás se ha colocado en un segundo lugar. Hablamos de valores como argumento de calidad del club pero luego no existen en ninguna parte porque solo sirve ganar. Nos quitamos jugadores unos equipos a otros con el único objetivo de mejorar nuestro nivel sin darnos cuenta que lo que realmente hay que hacer es confiar en los que tienes y enseñarles de verdad.

–Nos hemos vuelto locos todos. ¿Entiende ahora por qué quiero dejar el fútbol? No me atrae nada una cosa así.

–Efectivamente y esa locura nos lleva a hacer cosas que me tienen alucinado: niños de 7 y 8 años que les proponen fichajes increíbles, entrenadores que van a buscar al jugador de esta edad a su propia casa y que no cejan hasta conseguirlo prometiendo hasta botas con su nombre grabado. Los padres se contagian con esta locura y se dedican a escuchar las variadas “ofertas” que va recibiendo de su hijo de 8 años. Los clubes ofrecen participación gratuita en el club para atraer a los mejores e incluso a veces ofrecen trabajo al padre para conseguir a una de estas figuras. Si viven lejos se les ofrece un coche para recogerle y devolverlo cada día. Y solo tiene 8 ó 9 años. ¿Qué está pasando? ¿Nos hemos vuelto locos?.

–Increíble, ya había oído hablar a mi padre de algo de esto. Me parece impresentable y creo que si esto está pasando en su club debería actuar con autoridad para solucionarlo.

–Lo cierto es que yo puedo hacer algo más que lamentarme pero no solucionamos el verdadero problema del fútbol formativo porque los demás clubes lo seguirán haciendo. Hemos de unirnos los directivos que pensamos así y que somos más de lo que imaginamos, y desde arriba tomar medidas para que esto no siga ocurriendo.

–Lo veo muy complicado porque hay algunos clubes que no estarán dispuestos a cambiar.

–Lo que hay es muchos presidentes y directivos de clubes que no están capacitados para formar parte de un proyecto deportivo tan importante. Debe haber personas muy bien preparadas para conseguir objetivos muy diferentes a los que se plantean hoy. Muchas veces son personas con buena voluntad pero con poco conocimiento que se dejan arrastrar por el ambiente que ya hemos comentado antes.

–Existirá algún culpable de lo que me está diciendo. ¿por qué no hay buenos directivos en el fútbol formativo?–comenta el padre al presidente.

–¿De quién dependen los clubes?.

–Supongo que de la federación de fútbol correspondiente.

–Correcto. La propia federación aplica los mismos criterios al fútbol formativo que al fútbol profesional. Para ellos es todo lo mismo. No debería ser así pero las personas que dirigen el fútbol de la federación no tienen mucho interés ni conocimientos para cambiar todo esto. Son estas faltas de omisión que estamos ya comentando. No hacen nada ni piensan hacerlo. Ya está bien como está pero, mientras tanto, miles de niños van abandonando el fútbol porque están completamente quemados.

–Es cierto, si miras la web de la federación te das cuenta que allí solo hay competiciones, clasificaciones y goleadores. Como el fútbol profesional, ni más ni menos.

–El criterio de las federaciones es destacar al que gana cuando deberían incluir otros objetivos más adecuados a la formación de los jugadores. Con estos criterios tan profesionales, lo que hacen es arrastrar a los clubes a la máxima competitividad. Aunque no se diga oficialmente, todo vale con tal de ser campeones. Eso sí, todo con un decorado preciosos de fair play  y valores que no se los cree nadie pese a las campañas de los políticos que se esfuerzan en demostrar lo indemostrable.

–¿Hay alguien que pueda cambiar todo esto?.

–En la federación debe haber personas con una gran sensibilidad en lo que se refiere a la formación de los jugadores y de los futuros entrenadores que consigan cambiar el enfoque de todo esto. Lo que hay ahora son personas, muchas de ellas corruptas, que buscan su interés personal, beneficiarse a través del deporte. Si destapáramos todo lo que hay detrás nos sorprenderíamos. Ya les llegará, como les ha llegado a otras entidades.

–Pues que se lleven el dinero pero que nos dejen en paz y podamos tener una federación modélica.

–No quieren dejar sus puestos porque el poder es el que les permite seguir enriqueciéndose a costa de nuestro deporte. Esto es así. Es muy duro pero es lo que pienso y mis fuentes son muy directas. Hay personas con nombre y apellido, que han decidido, al ver la corrupción existente, abandonar su puesto de trabajo por pura ética profesional. Y seguro que hay gente muy honrada allí dentro. No lo dudo. Conozco a pocas federaciones con lo que no puedo decir que todas sean así. Pero lamentablemente son excepciones.

Suena una llamada en el móvil del padre que interrumpe la interesante conversación que estaba manteniéndose en el despacho del presidente del club. Era la madre de Jaime que pregunta a su marido dónde están porque ya es la hora de cenar. El padre de Jaime la tranquiliza y le asegura que en diez minutos están en casa.

El padre de Jaime se levanta y se excusa por ser ya muy tarde:

–Lamento interrumpir esta agradable conversación pero mi mujer me acaba de llamar y está un poco preocupada…

El presidente y Jaime se levantan también y se saludan antes de despedirse.

–Oh, ¡no pasa nada! Lamento haberles distraído tanto tiempo. Yo también he de marcharme. Sin embargo, Jaime, me gustaría poder darte un consejo, no como presidente sino como amigo: no dejes el fútbol.

–Pero ya ve cómo están las cosas en todos los ambientes del deporte. No apetece nada seguir ahí.

–Es verdad que las cosas están mal y que hay momentos que lo lanzarías todo por los aíres pero aguanta. Has hecho algo muy bueno que es hablar con el entrenador y con tu padre.

–De poco ha servido. Es cómo si no me escucharan.

–Parece que no te escuchan pero sí lo hacen y les afecta todo lo que tu les dices. Estoy seguro que les hará mucho bien. Ahora mismo estarán rumiando lo que quizá les has comentado con bastante dureza.

–¿Usted cree?.

–Todas las personas tienen un buen corazón. Lo que pasa es que a veces lo tienen endurecido y se les nota menos pero cuando rascas y pules con fuerza, como tu has hecho, sale lo mejor de uno mismo.

–Ojalá tenga razón.

–Además me has dejado el camino libre para que yo pueda hablar con ambos urgentemente y conseguir lo que yo no he podido hacer hasta ahora: un cambio en sus actitudes. Yo voy a hacer esto por ti pero tu debes hacer algo por mí.

–¿Qué puedo hacer yo?.

–No dejes el equipo. Sigue jugando al fútbol. No te arrepentirás.

–¿Deme una razón para no hacerlo?.

–Te daré solo una y creo que es suficiente. ¿Qué pasaría si yo dejara de dirigir el club porque las cosas no salen bien? ¿porque no he sido responsable con mis decisiones?.

–Pues que elegirían a otro presidente y…

–Y yo me sentiría un fracasado, una persona que no ha sabido superar los errores y cambiar mi forma de enfocar las asuntos del club. Sería un cobarde toda la vida.

–No es para tanto señor presidente.

–Que sepas que he entendido que he de preocuparme muy en serio de elegir bien a los entrenadores por la responsabilidad que eso lleva consigo y mi primera muestra del cambio es la conversación que voy a tener con tu padre y con el entrenador.

–Se lo agradezco mucho.

–Te lo agradezco yo mucho más. Jaime, abandonar ahora sería de cobardes. Sigue con tu fútbol porque vas a ver que a partir de ahora vas a tener a las personas adecuadas para ayudarte a que disfrutes de este hermoso deporte. Además, tienes mucho talento.

Jaime está ahora bastante emocionado porque nunca nadie le había dicho algo con tanta sinceridad.

–Esto es como un partido de fútbol. Te han metido un gol y se te cae el mundo encima. Pero siempre te hemos enseñado que no hay que hundirse pese a las dificultades lógicas del encuentro. Hay que levantarse y seguir esforzándose porque el partido no ha terminado. Pues en la vida, lo mismo. No podemos lanzar la toalla cuando nos llenamos de problemas. Hemos de pedir ayudad–como tu muy bien has hecho–remangarse y seguir luchando.

A Jaime le brillan los ojos. De estar totalmente desanimado había pasado a recuperar toda esa ilusión perdida.