Cuando cambies, tu hijo volverá a ser el de siempre.

Quiero contaros un pequeño suceso que habla muy bien de los padres y de la postura que hemos de tomar ante diferentes situaciones en las que podemos equivocarnos.

Estoy presenciando un partido dentro de un curso intensivo de verano. El partido es dramático porque los niños se juegan la clasificación. De repente, en un lance del partido, uno de los jugadores de un equipo lanza la pelota con fuerza y consigue marcar un gol. Su alegría es tan grande que se pone a correr olvidándose de lo importante: sus compañeros han ido a felicitarle corriendo hacia él pero él prefiere celebrarlo solo, como único protagonista.

No me gustó nada el detalle y es bastante frecuente que esto ocurra. Los entrenadores hemos de corregir estas salidas de tono y estas faltas de respeto hacia sus compañeros que son ninguneados por el autor del gol. No creo que haga  falta  recordar que el gol lo ha metido todo el equipo. El portero inicia la jugada, el defensa realiza el pase adecuado al medio campo, desde allí recibió el balón y dispara. Todos participan en el gol pero no parece que tenga esta opinión este jugador.

No me gustó la actitud pero pensé en dejarlo pasar para poderlo comentar en grupo en otro momento porque es algo bastante generalizado.

Más adelante, cuando terminó el partido, al haber perdido siendo el equipo favorito, ese mismo jugador se mostró muy enfadado. De pronto, se le acerca un jugador del equipo contrario para darle la mano y él se la rechaza haciendo además un signo despreciativo hacia él.

El asunto no podía dejarse pasar y pedí que acudiera el autor del esta situación tan penosa. Le explicamos que su actitud había sido muy poco deportiva y que no podíamos permitirlo.

Quedaba entonces un último partido por jugarse y le dijimos que se cambiara la camiseta del equipo y que tomara la del equipo que había despreciado. Iba a jugar el último partido con un equipo que no era el suyo.

El niño se puso a llorar y pensé en un instante en perdonarle porque era muy pequeño y estaba arrepentido pero pensé en el daño que debía reparar y me mantuve firme en la decisión que asumió dócilmente aunque con mucho pesar.

Jugó el partido final con el otro equipo y yo me olvidé de la historia hasta que al final del día acudieron los padres a saludarme. Me preguntaron si había sido yo el que había tomado la decisión de cambiarle de equipo por no dar la mano al rival. Les confirmé el hecho.

Normalmente recibo un montón de quejas de los padres por situaciones como esta porque no entienden que todo lo que hacemos es por el bien del niño. Hay que discutir constantemente y normalmente no te escuchan.

Sorprendentemente los padres me agradecieron la decisión tomada y me comentaron que estaban muy de acuerdo con la forma de llevar el asunto. Que se lo merecía y que además era algo que ellos estaban preocupados porque no sabían muy bien cómo actuar ante estas salidas de tono de su hijo ante las adversidades.

Quedé muy descansado al ver que los padres apoyaban la medida. Eso me ahorraba muchas discusiones y explicaciones. Les felicité por ser conscientes de que lo que necesita el niño es ayudarle a cambiar esa actitud y que todos estábamos a favor de él corrigiéndole en todo momento si las cosas se hacen mal.

Si estamos entrenados desde pequeños para aceptar y luchar ante las adversidades con deportividad, de mayores, cuando aparezcan los problemas, estaremos muy entrenados para combatirlos de igual modo. Esto es lo más bonito del deporte, lo mucho que nos puede formar si lo enfocamos bien.

La misma película puede enfocarse mal. Puede ocurrir que la corrección que realizamos con el niño no sea aceptada por el padre. El niño se pone del lado de sus padres que le defienden y le excusan perdiendo una nueva oportunidad para formarse. Son muchos los casos que lamentablemente acaban así porque los padres no queremos ver sufrir nunca a nuestro hijo y no nos damos cuenta de que ese sufrimiento es un gran entrenamiento para la vida.

Si queremos de verdad a nuestro hijo no debemos nunca cubrirle sus errores sino todo lo contrario, corregirlos y ayudarle a mejorarlos.

Un segundo caso me ocurrió en los mismos días. Un padre de origen ruso al terminar un partido se fue a un jugador del equipo propio y le comentó que habían perdido el partido por su culpa. El niño, de 9 años se puso a llorar, lógicamente.

Al día siguiente recibo un correo de los padres del niño afectado comentando lo que había ocurrido y pidiendo que se pusiera solución a esta situación. Hablé con el padre que había causado el daño y me reconoció que efectivamente había dicho eso al niño pero que ya está y que no había pasado de allí.

Lo que para él era algo normal, a nosotros nos parecía algo muy grave y había que frenarlo cuanto antes. Le comentamos que su hijo no iba a poder jugar el siguiente partido debido al comportamiento del padre. Además debía pedir disculpas al niño afectado y a sus padres.

Quizá alguno puede pensar que el niño no tiene culpa y que hay que penalizar al padre pero si realmente lo pensamos bien, si corregimos la conducta del padre, su hijo va a salir favorecido ya que su comportamiento en el fútbol cambiará.

El padre aceptó nuestra indicación y pidió disculpas al niño y a los padres y le permitimos que su hijo jugara ya que los padres del niño afectado vinieron a pedirlo. El comportamiento del padre fue muy diferente en ese último partido.

No nos damos cuenta del daño que hacemos al meternos tanto en el fútbol de nuestros hijos.

Hace unos días que un padre me escribió desde Argentina para preguntarme qué podía hacer porque su hijo estaba perdiendo la ilusión por jugar al fútbol. Le tuve que decir las cosas muy claras: la culpa de todo la tienes tú. Cuando cambies tu actitud, cuando seas solamente padre de tu hijo y no le hables para nada de fútbol, tu hijo volverá a ser el de antes. El padre me lo agradeció. Reconoció que estaba obsesionado con su hijo y que eso le podía estar haciendo daño pero no con mala intención y sin darse cuenta.

Pienso que todas estas reflexiones pueden ayudarte a orientar un poco más tu comportamiento y tu actitud ante el deporte de tu hijo. Me encantaría poder recibir más casos parecidos para poderlos comentar entre todos los lectores del blog. Puede ser muy interesante y enriquecedor para todos.