Cuando decimos que el fútbol está lleno de valores, mentimos. Los valores los tienen las personas que viven el fútbol de una forma diferente y que aprovechan las situaciones del día a día para transmitirlos a los demás con su ejemplo y con su dedicación.

Me vas a decir que me he vuelto loco contando esta historia que ha sucedido realmente hace muy poco en la preciosa isla de Mallorca. Te la voy a contar porque quizá te ayude…

Una vez, el responsable de un club de fútbol con mucho prestigio en la ciudad por su buen hacer en el trabajo formativo de sus jugadores decidió que quería llevarse de viaje a los equipos de su entidad que nunca viajaban. Normalmente los clubes envían a sus mejores equipos a los torneos y los que forman parte de equipos con la letra C, D o E (por no seguir bajando) quedan un poco olvidados.

Con mucha ilusión se organizó un viaje que jamás pudieran olvidar procurando que se lo pasaran muy bien durante su estancia. Se decidió que fueran a Mallorca y en barco. Toda una aventura para aquellos chavales que jamás habían viajado en un buque tan grande. Cuando les enseñaban las fotos con los camarotes, la sala de mandos y su enorme tamaño, se les abrían los ojos como platos, emocionados.

Organizar un evento de este tipo no es nada fácil, pero los chicos se lo merecen todo y les proporciona una confianza grande en si mismos. Se sienten como auténticos profesionales viajando por todo el mundo. A veces nos planteábamos si realmente valía la pena todo ese esfuerzo y las horas de dedicación para que todo saliera perfecto. Lo que estaba claro es que, por primera vez como equipo, se sentían muy importantes y eso que todavía no habían partido hacia su destino.

Es una pena que al final de la temporada se vayan tantos niños a otros clubes seducidos por proyectos deportivos en los que únicamente se habla de ganar ligas y de becas. La mejor oferta deportiva está en poder ofrecer a nuestros jugadores y a sus familias una formación integral sincera y eficaz, con buenos formadores desde las edades más tempranas.

Pensamos que estas fugas son una auténtica selección natural que nos permite quedarnos con los que verdaderamente buscan esa formación para sus hijos y que les importa tres pimientos las dichosas categorías porque se dan cuenta de que su hijo nunca será un futbolista profesional. Esa selección favorece un ambiente muy sanos dentro de la institución que se agradece enormemente.

En muchos clubes, donde se busca sencillamente ganar ligas, todo esto no está permitido porque los equipos con nivel bajo no interesan. Son simplemente un apoyo financiero para poder tener un equipo altamente competitivo cubierto de niños con becas (en el fondo financiado por esos otros niños a los que quizá no se les hace mucho caso).

No se dan cuenta que en estos periodos el fútbol debe ser, sobretodo, formativo incluso en el aspecto competitivo. Hemos de quitarnos de la cabeza ese afán por ganar e ilusionarnos por otro afán que es formar. Atender muy bien a todos los jugadores del Club, independientemente de la categoría en que juega. Proporcionarles entrenadores bien preparados, espacios de entrenamiento adecuados, protagonismo, etc.

Se abrió el periodo de inscripción y rápidamente fueron apuntándose muchos jugadores al viaje. Siempre había alguno un poco más dudoso. Las condiciones para poder ir a este viaje deportivo era: buen comportamiento en casa y en los entrenamientos, buenas notas en el colegio y formar parte de la entidad.

Eso facilitó mucho las cosas a las familias ya que pudieron utilizar este condicionante para mejorar aspectos actitudinales o académicos que todavía no iban muy finos. Los chicos se daban cuenta de que lo de estudiar iba en serio y que eso de pedirles las notas no era un cuento chino sino una realidad que tenía sus consecuencias.

Como puede comprobarse, dentro de las condiciones no se exigía que fuera un buen jugador sino que pusiera esfuerzo, no se pedían unas grandes notas sino que su actitud en los estudios fuera positiva. Se trata de valorar siempre el esfuerzo que pone por conseguirlo y menos los resultados. Eso les permite saber que dependen de ellos mismos porque es algo que pueden controlar.

Los padres se estaban frotando las manos pensando en las vacaciones que iban a pasar en Mallorca mientras acompañaban a su hijo pero cuál fue la sorpresa cuando se les dejó muy claro que ningún padre iba a viajar con el grupo. Es más que desaconsejábamos que fueran para estar cerca de sus hijos.

Cuando salimos a los diferentes torneos, da mucha pena ver a los padres mezclados con el equipo, incluso en el mismo hotel. Es muy cómoda esta actitud porque no hay que estar pendientes de los niños cuando no juegan. Los padres se encargan de todo y el entrenador aprovecha para descansar y desconectar de tanto niño.

Es cierto que es una forma de fomentar la convivencia entre los padres y que lo pasan muy bien. Sin embargo estamos perdiendo una oportunidad para que nuestro hijo crezca en responsabilidad y madurez. Que sea capaz de sacarse las castañas del fuego él solo a pesar de que su madre piensa que todavía es muy pequeño para poder hacerlo. Los convertimos, sin darnos cuenta en unos inmaduros. Niños blandos y sin carácter porque nunca han tenido la oportunidad de enfrentarse ellos solos a la vida, con la posibilidad de equivocarse, de asustarse, de enfermarse, de pasarlo mal sin estar los padres allí. ¡Qué gran experiencia se pueden perder!

Un grupo de padres detectaron que había dos niños que no iban porque no tenían recursos para poder pagar el viaje. Cuál fue nuestra sorpresa cuando nos encontramos a una madre que había recogido dinero junto con otras familias para pagarles el pasaje. No podía quedarse nadie sin una experiencia como esta. Imposible describir la cara de felicidad de estos niños cuando se enteraron que ellos también iban a disfrutarlo.

Cuando decimos que el fútbol está lleno de valores, mentimos. Los valores los tienen las personas que viven el fútbol de una forma diferente y que aprovechan las situaciones del día a día para transmitirlos a los demás con su ejemplo y con su dedicación.

Nadie más se enteró de dicha donación para que esas familias más sencillas no se sintieran en ningún caso humilladas. ¿Es que acaso estos no son los auténticos valores del fútbol? Generosidad, humildad, compañerismo…

Mientras todo esto ocurre, en algunos lugares siguen las discusiones entre padres por ver quién es el mejor del equipo, las murmuraciones sobre la actuación del entrenador, las críticas a la directiva por tal asunto o tal otro. ¡Qué manera de perder el tiempo y de estropear el ambiente de un club!

Algunos entrenadores que vieron que les tocaba ir porque sus jugadores se habían apuntado al viaje intentaron despejar balones porque ese fin de semana no había liga y era una oportunidad grande para desconectar del fútbol. Les dejamos claro que el viaje no podía salir bien sin el apoyo de sus entrenadores y que era imprescindible su participación.

A la vuelta del viaje, tras la gran experiencia que tuvieron, reconocieron con sinceridad que había valido la pena, sin ninguna duda, y que era muy complicado poder pasarlo mejor a pesar de estar completamente agotado. Este viaje les había llenado de satisfacción por lo que había significado para todos.

En muchos clubes los entrenadores vienen el día que les toca trabajar, entrenan y se van. No quieren saber nada de nada y participan en muy pocas actividades deportivas extras que no sea el partido del fin de semana. No quieren sacrificar su tiempo a cambio de una experiencia enriquecedora para sus jugadores. Suele coincidir que son entrenadores con poca experiencia e interés en la formación y ciertamente es mejor que no hagan nada más ya que también hemos podido vivir situaciones incómodas por no llevar profesores preparados para una responsabilidad como esta.

La llegada a la isla a las 7 de la mañana no tiene descripción posible. Los paisajes de la Catedral de Palma y el precioso puerto que lo bordea nos deja admirados. Pasamos un día entero sin tocar el balón disfrutando de las bellezas que se nos presentaban. El domingo iba a ser un día intenso porque nos esperaba la competición.

La gente del fútbol mallorquín nos recibió con gran entusiasmo y logramos juntar 40 equipos alrededor del campeonato. Tuvimos fácil acceso a los campos y la hospitalidad del Club Constancia y Son Sardina permitió la acogida en estas sedes. La ilusión de enfrentarse a equipos nuevos, que además vienen de la península, les motiva enormemente y tuvimos que dejar claro desde un principio que veníamos a traer una experiencia diferente.

Queríamos ofrecer un torneo sin necesidad de árbitros, donde los entrenadores eran los que marcaban los límites de actuación y permitiendo por primera vez que los chicos  fueran los verdaderos protagonistas. ¿Un torneo sin árbitros? ¿Y eso como se hace?

Es imposible que esto salga adelante si no se cambia la mentalidad de los organizadores y de los entrenadores que llevan esos equipos. Si a uno lo único que le interesa es ganar, es complicado dirigir un partido sin un árbitro porque el entrenador lo que hace es perder la objetividad desde el minuto uno e intenta agarrarse a todo aquello que le proporcione una ventaja. A las trampas le llama picardía, a la violencia le llama intensidad, a los gritos y protestas le pone el cartel de “esto es fútbol”, a las broncas a sus jugadores les llama correcciones… Y podríamos seguir enumerando situaciones complicadas.

Para jugar sin árbitros uno debe ser capaz de tener un espíritu abierto para querer adaptarse a una situación así y buscar la comprensión y la colaboración con el otro entrenador cediendo en muchas ocasiones si se aprecia que no va a haber acuerdo, preocupándose menos del resultado y más de la forma de jugar de su equipo. ¿Os imagináis lo que ocurriría si esto lo aplicamos a todos los partidos de liga federada? El fútbol sería otra cosa muy diferente al espectáculo que vemos diariamente en nuestros campos.

¿Por qué esa ansiedad por ganar a toda costa? ¿No será el orgullo personal el que nos mueve a querer ganarlo todo? ¿Pero es que no nos damos cuenta de la idiotez de la situación? ¿Cuántas personas del mundo conocen qué equipo ganó el Mundialito organizado ese fin de semana en una pequeña isla perdida en medio del mundo? No se acuerda nadie y menos si le dejas pasar 5 años. Nadie se acordará de que tu equipo ganó y, sin embargo has dejado pasar una oportunidad para seguir formando a tus jugadores por tu ridícula obsesión. Nunca serás ese entrenador que ha dejado huella en tus jugadores, jamás te recordarán por nada positivo porque solo piensas en ti mismo.

El torneo sin árbitros salió muy bien. Algunos padres comentaron que quizá los niños se aprovechaban de la situación para aplicar el juego un poco más duro. Es cuestión de tiempo conseguir cambiar la mentalidad de los niños que son los más moldeables. Fue divertido apreciar que, en el torneo, los padres no sabían a quién gritar cuando se producía una falta. No estaba ese señor de negro para insultar o para gritar. Se sentían incómodos, nada más.

Ya estamos de vuelta. Caras de felicidad de los niños y de los padres. La aventura había terminado. Estamos seguros que son esas experiencias que jamás se olvidan y se llevan en el recuerdo toda la vida. Hoy es lunes y toca reunión con los chicos del club, como cada vez que empieza un mes. Marcamos objetivos para que los chicos sepan orientar su esfuerzo con más claridad. Se trabajan los valores a través de modelos reales.

Pareció buena idea pedirles que contarán alguna experiencia a los que no habían ido. Levantó uno la mano y contó que al llegar a casa, después del viaje, sus padres estaban sorprendidos porque repetía constantemente gracias y por favor. Dos ideas que habíamos propuesto utilizar durante esos días con las personas que se relacionaban con nosotros. Siempre dar las gracias y pedir las cosas por favor.

Cuando un niño te da las gracias por algo, los adultos lo valoramos mucho porque viene de alguien que normalmente es egoísta y piensa más en si mismo que en los demás y que es complicado que tenga una iniciativa de este tipo. Por ese motivo, jamás olvidaré cuando se acercó un niño de unos 10 años en el barco de vuelta, con toda su inocencia y dijo:

Gracias, ha sido un viaje maravilloso.