José Ignacio Marcet, presidente de la Fundación Marcet, ha querido publicar un pensamiento clave en el desarrollo del talento futbolísitco que nos ayudará a los entrenadores a ajustar nuestro trabajo formativo.

“En el Barça somos una piña, nadie se cree más que nadie. 

Los tres de arriba marcan la diferencia, pero se sienten como uno más”. 

Las palabras de Jordi Alba tras el triunfo contra el Sevilla dan cuenta de un equipo en el que todo el mundo encuentra su sitio. Actores principales y secundarios se reconocen en un proyecto común, porque saben que las grandes estrellas siempre necesitan grandes gregarios para poder brillar.

Cuando cada jugador se siente valorado, el equipo funciona. Sin embargo, la formación futbolística de las nuevas generaciones casi nunca obedece a este principio. De hecho, la mayoría de clubes de todo el mundo está haciendo mucho daño a las ilusiones y los proyectos de futuro de muchos jóvenes cuyas grandes condiciones innatas han sido poco a poco devaluadas durante su tránsito por el obsoleto sistema de formación de estos equipos.

Muchos niños excelentes no tienen confianza ni creen en sus capacidades porque aquellas habilidades en las que destacan nunca han sido valoradas por sus entrenadores. La mayoría de los clubes pretende que cada futbolista se amolde a un programa único y general para todos. Así, acaban anulando al individuo. En vez de fomentar su creatividad, castran su libertad.

Este sistema está privando al futbol de los mejores. La gran cantidad de niños que no triunfa en el sistema actual paga muy caro el éxito de quienes sí lo hacen.

Los que podían haber sido los mejores futbolistas del mundo ni llegan a ser profesionales. Y aquellos que salen adelante lo hacen a pesar del sistema formativo dominante, no gracias a él.

Cambiar este enfoque es posible si se apuesta por un método de aprendizaje con una personalización superlativa. Los jóvenes jugadores tienen que sentirse valorados como individuos. Hay que centrarse en cada uno de ellos partiendo de sus necesidades e intereses personales: lo que es importante para estos chicos, también lo tiene que ser para sus entrenadores.

Los equipos de fútbol precisan diversidad de competencias, funciones, habilidades y posiciones en el campo; unas relucen más que otras, pero las que más resplandecen necesitan otras que las iluminen. Muchos jóvenes jugadores disfrutan enormemente con estos roles secundarios y se sienten realizados desempeñándolos; sin embargo, los clubes se centran en los jugadores que brillan y se desinteresan por los gregarios.

Se olvidan de la luz que hace brillar el talento.

José Ignacio Marcet

Presidente de la Fundación Marcet