la motivación en el fútbol

La motivación es, sin ninguna duda, la clave del aprendizaje. Para aprender las habilidades técnicas de cualquier deporte -en nuestro caso, del fútbol-, es prioritario que el deportista se sienta motivado para poner el máximo esfuerzo y dedicación posibles en ese aprendizaje. Si un jugador no tiene esta motivación, por más que disponga de mucho talento y capacidades para convertirse en un buen jugador, difícilmente destacará en el deporte.

Los chicos acuden a nuestra escuela de futbolistas con una gran motivación por aprender. Esto es una ventaja para el profesor, puesto que le facilita en gran medida su labor de dirección del grupo de alumnos y de enseñanza de la técnica. Como ya hemos dicho otras veces, una de las funciones del profesor consistirá en mantener y aumentar esta motivación inicial de sus alumnos a lo largo del curso.
Conviene que los profesores sean conscientes de los motivos que aducen los alumnos para practicar un deporte. Son dos: el deseo de diversión, y el deseo de aprender. Estos dos motivos entran dentro de lo que se llama la “motivación intrínseca”,  que nace del propio alumno y le lleva a practicar ese deporte. En el tema anterior, decíamos que es importante que el profesor  satisfaga esta motivación del alumno, y la complemente con otros elementos que constituyen la “motivación extrínseca” (entrenamientos motivantes, refuerzos positivos, elogios,…).
Se ha considerado siempre la motivación intrínseca como la más potente y aquella que deben fomentar los profesores. Los deportistas motivados intrínsecamente persisten más en el esfuerzo, son más resistentes a las dificultades de aprendizaje, porque encuentran el placer en la realización de la actividad en sí misma y no en el resultado obtenido.
Cuando se trata de aumentar la motivación, hay que tener en cuenta tanto los factores situacionales como los personales. Con frecuencia, cuando los entrenadores trabajan con deportistas que parecen no tener motivación, atribuyen de inmediato esta carencia a las características personales del alumno: “Estos alumnos no se preocupan por aprender”, “Con alumnos tan desmotivados, no se puede hacer nada”, etc.
En otras ocasiones, los entrenadores no tienen en cuenta las cualidades personales de sus jugadores y, en vez de ello, culpan de la desmotivación a los factores situacionales: “Seguramente este material es aburrido”, “Es que son demasiadas horas de entrenamiento”. En realidad, la motivación procede de una combinación de factores personales y situacionales. Sin duda que los primeros influyen sobre la motivación de las personas, pero también interviene el ambiente en el que los chicos participan. Y, para un entrenador, es a menudo más fácil cambiar la situación que las características personales de los alumnos.
El profesor puede influir sobre la motivación de sus alumnos enseñando bien los contenidos técnicos y haciendo atractivas la sesiones de entrenamiento. Para conseguir motivar a sus jugadores durante el entrenamiento, el profesor tiene estos recursos y otros:
– dar instrucciones técnicas al alumno acerca de cómo mejorar y superarse,
– mostrarle los progresos que va haciendo en su técnica,
– proponer pequeños retos personales a un alumno o a todo el grupo,
– introducir pequeñas competiciones o concursos en el entrenamiento,
– promover la participación y la iniciativa de los jugadores en las sesiones,
– asignar responsabilidades a los alumnos en la dirección del entrenamiento,
– sorprender a los alumnos con ejercicios o intervenciones inesperadas,
– introducir cambios e innovaciones en los ejercicios, para evitar la monotonía y la rutina, etc.
 
Los ejercicios analíticos de nuestro modelo pedagógico requieren continuas repeticiones de un mismo movimiento, con mucha concentración en cada una de ellas, lo que dificulta que el alumno pueda mantener el mismo nivel de motivación durante todo el ejercicio. En ese caso, el profesor debe estar atento y cuando detecta signos de desmotivación en sus alumnos, debe intervenir durante la realización de los ejercicios, utilizando por ejemplo alguno de los recursos ante mencionados y con ello conseguirá que el entrenamiento recupere la intensidad que tenía. En este sentido, es importante que el profesor sepa transmitir motivación por medio de su expresión oral, utilizando:
– instrucciones de ánimo (“Vamos, chicos, un poco más de esfuerzo”), y
– refuerzos positivos (“Muy bien ese tiro, Carlos, así se hace”)
 
En otro momento, hemos detallado cómo deben ser los aspectos formales de la comunicación del profesor con los jugadores. El profesor nunca debe motivar punitivamente, con castigos o con amenazas (del tipo: “Si no hacéis lo que os he dicho, no tendréis partido”).
 La motivación también se transmite con el ejemplo. Un profesor esforzado e ilusionado en lo que hace, transmite espontáneamente motivación a sus alumnos.
Es fundamental que el profesor conozca las atribuciones que el deportista hace cuando tiene éxito y cuando comete errores en el deporte. Las atribuciones consisten en las explicaciones que el alumno encuentra para justificar la acción que ha relizado. Algunos chicos imputan sus errores o dificultades de aprendizaje a factores ajenos a ellos: “Es que los balones están muy desinflados”. Otros alumnos atribuyen su fracaso a su propia capacidad, diciendo cosas como: “No puedo, me pides mucho”. Por ello, el profesor debe intervenir en estos casos, para sustituir estas atribuciones incorrectas por atribuciones basadas en el esfuerzo y en el entrenamiento. Por ejemplo, un profesor puede argumentarle a un chico: “Sí puedes hacerlo. Proponte entrenar y esforzarte al máximo. Así es como se aprende, practicando más y más”.
El profesor  también puede enseñar a sus alumnos que el éxito estriba en alcanzar las metas de ejecución personal, en lugar de las metas de los demás. Cada chico hará una progresión determinada a lo largo del curso; lo importante es su progresión, y no la comparación con los demás chicos del grupo.
El profesor puede intervenir no sólo sobre la motivación de un alumno, sino también sobre el clima motivacional de todo el grupo. Recordemos que cuando el entrenador  se ha ganado la autoridad de sus jugadores, y tiene una credibilidad y un reconocimiento dentro del grupo, más fácilmente podrá motivar a sus alumnos y orientarlos hacia el logro de los objetivos propuestos.
Otro factor que influye sobre la motivación de los jugadores es la relación de los miembros del grupo entre sí. Es conveniente que el profesor sepa crear un clima de convivencia adecuado, un grupo cohesionado, en el que los alumnos tengan la oportunidad de compartir experiencias, opiniones, inquietudes, etc.
Es conveniente que el profesor  mantenga entrevistas individuales con sus jugadores, donde aproveche para reforzar los puntos fuertes y felicitarles por su actitud de trabajo y superación. También se pueden aprovechar estos momentos para ayudar al jugador a establecerse objetivos personales de mejora de los puntos débiles de su técnica. Estos objetivos deben ser desafiantes, realistas, planteandolos en la ejecución individual, en la mejora, pero no serán objetivos basados en resultados. Los objetivos orientarán al alumno en su aprendizaje y le servirán de estímulo para alcanzarlos.